Lo que no hay que hacer en Semana Santa.


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La crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo es lo que conmemora cada año la iglesia católica en la llamada Semana Santa. Fechas que el Vaticano intenta sostener en tiempos donde el impacto de esa historia ya no tiene el efecto deseado. Tras siglos de someter a la sociedad al recogimiento y la veneración, hoy la semana santa es la oportunidad turística y de esparcimiento que todos esperan.

Uruguay, que se declaró un estado desvinculado de la religión, la denomina “Semana del Turismo” y en Argentina, donde sí la iglesia es parte del estado, se establece un feriado que mueve cientos de miles de personas a centros de esparcimientos. Recuerdo cuando era joven, no hace mucho precisamente, la radioemisoras transmitían música sacra. La programación habitual se levantaba para dar lugar a un lúgubre sonido que acompañaba el luto por la tortura y muerte de Jesús. La televisión hacía la propio poniendo en el aire viejas películas religiosas de clase B, misas en directo y procesiones papales. Todo era muy aburrido. No había espectáculos, ni confiterías o bares que se atrevieran a romper el protocolo religioso. Las entidades de la Iglesia, con enorme poder en el pasado (La Liga por la Decencia, por ejemplo) no dudaban en denunciar públicamente cualquier violación a este código no escrito.

sagradocorazon-cscabuzzo-laterminalrosarioworpressEl viernes, supuesto ayuno de Jesús y sus seguidores, la gente aprovecha  para comer pescado, como única carne autorizada por la fe. No se comía poco en el pasado, ni ahora. Ya existían en Argentina los huevos de pascua que se reservaban para el domingo y una rosca que era igual a la de Reyes, pero con un espantoso huevo de adorno.  El precio de estos productos no respetan hoy la fe ni la festividad cristiana, pero igual se venden con marcas de reconocidos chocolates y confituras.

El día anterior, sábado, se organizaban procesiones que recorrían los barrios.  Recuerdo las que realizaba la parroquia de Fátima en mi barrio Ludueña, con sus canciones cansinas y las velas en candelabros de papel que llevaba la gente. La concurrencia no era más que unos metros de feligreses de la tercera edad que no se resignaban a abandonar sus viejas costumbres. Como últimos bastiones de la tradición, esas ancianas, viudas, solteronas y abandonadas por la suerte se esmeraban en divulgar la saga de prohibiciones para esas fechas solemnes, bajo el apercibimiento del Creador, que no dudaría en castigar duramente a los que ofendan sus principios. Esos mitos se repetían en casi todo el mundo, o se adaptaban a la realidad local. Al igual que los medios electrónicos que debían abandonar la música festiva, la gente también tenía que adoptar una postura de dolor.

Dios castiga.

Los chicos no debían subirse a un árbol, porque se corría el riesgo de convertirse en mono. Tampoco bañarse porque te transformabas en pez. Los bebés que nacían el Viernes Santo eran visto con recelo: podían traer el anticristo.

La más llamativa era la prohibición a las relaciones sexuales, con su pareja, obvio: Podían quedar unidas físicamente, sin posibilidades de separarse, cosa terrible que no tiene antecedentes verificables. Los niños no podían jugar, se hablaba en voz baja. La radio y la televisión en volumen inaudible.

La gente temía romper estas reglas ante el castigo divino. Se encendían velas delante de estampitas en peligrosos altares hogareños. Se rezaba el rosario. Algunos decían que no se debía limpiar la casa, ni barrer el suelo, porque era equivalente a “barrer la cara de Cristo”. Si se aprovechaba para hacer algún trabajo en casa, se debían evitar los clavos, porque Jesús había sido crucificado con ellos, según la creencia popular.

Los devotos importantes visitaban 7 iglesias, y dejaban ofrendas en cada una. Ruperta, la amiga de mi mamá, prometió repetir esa costumbre este año, lo que demuestra que todavía hay gente que no abandona la tradición.

cristo-cscabuzzo-laterminalrosarioworpressPero hay otras prohibiciones no declaradas  que valen la pena compartir. Si se corta el cabello ese día, crecerá bello el resto del año. No vestirse de rojo, porque es “el diablo”, hacerlo de negro, como un luto. Si algún hijo le levanta la mano a sus padres en un intento de agresión, se le puede caer el brazo o convertirse en mula. A las 3 de la tarde del Viernes Santo, supuesta hora de la muerte de Cristo, no salir, ni siquiera asomarse a la calle. No cortar nada con cuchillo porque se estaría dañando el cuerpo del mesías. Si un hijo le saca la lengua a sus padres, la lengua se le puede convertir en una serpiente. De terror.

La Semana Santa y una historia pagana.

Según cuentan algunos estas fechas cristianas son anteriores a las supuesta historia bíblica y nace en la leyenda pagana de la lucha entre el cordero y la serpiente. “El cordero débil pero joven, lleno de vida, de sangre caliente, en representación de la primavera, del florecimiento de la naturaleza, del verdor de los campos, quien, a su vez, vence a la serpiente, de sangre fría, ojos inexpresivos como los de un psicópata, que representa la sequedad y la esterilidad del frío invierno.”

La leyenda abría sido adoptada y adaptada para la versión final de la vida de Jesucristo. Historia que supo tener mejores épocas y que hoy llega a este mundo electrónico y virtual como un viejo relato que no merece tomarse en cuenta.

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 

Fuentes consultadas:

http://www.nydailynews.com/latino/espanol/2009/04/04/2009-04-04_creencias_y_mitos_que_rodean_a_semana_sa.html

http://www.luzmasluz.org/PROGR._RADIALES/2007/30-03-07/semana_santa.html

Fotos: Claudio Scabuzzo/Glenda Scabuzzo

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