La invasión de las motos chinas.


El 90% de las motocicletas que se venden en Argentina son de origen chino. Lo mismo ocurre en muchos países subdesarrollados o emergentes. Europa no es ajena a este fenómeno de motos baratas de marcas extrañas, aunque acá las bautizan con nombres locales. Al igual que lo sucedido en la década del 70 cuando los japoneses desembarcaron con sus motos, el debate sobre la calidad necesita el tiempo como prueba.

       

La milenaria cultura lidera la industria mundial.

Nadie duda del poderío industrial chino, de su enorme desarrollo y futuro.       

El centro del mundo parece ser China, abastecedor mundial de manufacturas de todo tipo, imposible de contener. Así que no queda otra cosa que aceptar el desafío de productos cuya posibilidad de desarrollo local es imposible por el momento.       

Las motocicletas no son la excepción. La enorme producción y su precio de fabricación no resisten competencia, aunque algo se puede hacer. En el año 2006 el gobierno de Nestor Kirchner dispuso que las motos debían tener un porcentaje de integración local, pero los plazos no se cumplieron. Hoy la mayoría de las  empresas que arman en el país motos chinas están tratando de evitar que la norma se aplique ya que deberían transformar su negocio de ensamblado y perder rentabilidad.       

La Lifan LF250, original china pero llegará a nuestro país con marcas locales.

 Es que la industria nacional de motocicletas es insignificante, aunque muchos se adjudiquen el rótulo de fabricantes. Importan cajas con motos desarmadas que luego ensamblan poniéndole su propio logo, aunque el modelo se repita en otras marcas. Es así como aparecen motos parecidas con distintos colores y gráficas, pero con el mismo diseño y características técnicas.       

La importación de ventas en Argentina en los dos primeros meses de 2010.

El servicio que brindan las fábricas chinas incluye la propia supervisión  de los importadores “in situ” de los modelos que comprarán y alguna personalización sobre las piezas que borren su origen oriental. Llegan al comprador como “Industria Argentina”, pero solo se acoplaron algunas piezas que venían en la caja desde China.      

Los modelos más chicos pueden costar 150 o 250 dólares en fábrica, y venderse  a más de 1200 dólares en Argentina. Un negocio redondo.       

Cuando las motos eran argentinas.      

Moto Puma.Durante décadas la relación era inversa: el 90% de las motos que circulaban en nuestro país se fabricaban acá. Pero las crisis económicas fueron desmantelando la industria nacional y las políticas oficiales desalentaron el desarrollo. No faltaban exponentes que hubiesen podido llegar a hoy con algo propio de prestigio, pero no hubo alternativas y debieron convertirse en importadores, o cerrar sus plantas.

  Aquí estaba la moto Puma, fabricada por el estado y equipadas con motores Sachs de 98 y 125cc. Muchos deseaban poseer una Gilera, que no era lo que es hoy ya que ofrecía productos que contaban con el soporte técnico y económico de su casa matríz de Italia.        

Algunos podían comprar la Vespa de Piaggio, pero a nivel local el grupo Siam, fabricantes del automóvil Siam Di Tella, fabricaba en el país la Siambretta  asociada al grupo Lambretta de Italia, que aportaba tecnología y financiamiento.       

Siambretta Tv175, del año 1963.Además estaba Zanella, con sus modelos que no superaban los 200 cc pero que despertaban pasiones. Fueron celébres sus ciclomotores de 50 cc, inseguros, ruidosos pero económicos aunque es lo único que se sigue fabricando, sin la demanda de antaño. Esa industria nacional pura no encontró en el estado el mejor socio para el desarrollo. Todo quedó a mitad de camino, encerrados en decisiones que impedían ver el mundo y bastó que el grifo se abriera para comprobar nuestro atraso y decadencia. La célebre Zanella 125 de la década del 60.

 Hoy creemos tener una industria de motocicletas importante que produce más de medio millón de unidades, pero es una falacia. Casi todas vienen armadas de china y se adaptan al bolsillo del argentino medio, aunque podrían ser más baratas todavía.      Que puedan integrar pìezas locales sería un logro porque permitiría mejorar el producto con repuestos de mejor calidad y hasta exportarlos. Pero es un desafío que necesita algo más que la decisión empresarial.      Walter Steiner es el presidente de Zanella y es una de las pocas empresas que entienden que el tema de la fabricación local es posible para abastecer al mercado y exportar unidades y motopartes. Otros empresarios se oponen, lo que creo una división en el sector.      El sitio Tiempo Motor entrevistó al empresario sobre el tema.           

Walter Steiner, Presidente de Zanella.

 

 

 

 

 

 

En qué situación se encuentra hoy el sector? (En 2006 se presentaron proyectos de incentivos y Zanella fue uno de los que más promovió y apoyó el anuncio).       

 El plan contemplaba que en 5 años sería obligatorio tener 40% de integración nacional pero el tiempo fue pasando y no se hizo nada. De comenzar ahora … los tiempos son más cortos. En tres años tenés que lograr lo que antes en cinco. Esto te lleva a buscar alternativas. Nosotros tenemos muchos proyectos, pensamos en productos para el transporte económico, social, en las nuevas tecnologías como los eléctricos. Pero quedan como proyectos porque no se aprueba la reglamentación. No hay ley.      ¿Con qué porcentaje de integración se están manejando?
Antes, el 95% de las partes eran nacionales. Pero subió el costo de la producción nacional y los productos que ingresan de China bajaron mucho los precios, además la competencia comenzó a ingresar sin licencias. Eso llevó a que baje la producción y aumente la integración china en el ensamble. El tema es que para la ley salió pero falta la aprobación para implementarla. Falta organización.   ¿Hay gestiones para que se destrabe el tema y se ponga en marcha la medida?
Si, confío en que se destraben estas definiciones. Hoy estamos subvencionando a los obreros. Por eso esperamos que salga la ley para seguir demostrando que somos líderes en la producción nacional y para seguir –además- generando una industria motopartista.       

La calidad de las motos chinas.      

No hay estudios técnicos oficiales e independientes sobre la calidad de las motocicletas chinas, solo opiniones sin fundamento, parciales y hasta a veces, oscurecidas por la discriminación y el fanatismo. Indudablemente el debate sobre el origen de las motos ya no debería existir cuando las marcas más prestigiosas traen de china algunos de sus modelos.       

Lo importante es el repaldo técnico y la garantía.

  Lo único que trasciende de todo esto es la cuestión del control de calidad, el respaldo de la marca y la asistencia técnica con repuestos originales. Son estos factores los que distinguen a un producto como bueno o malo, no su origen oriental.       

Ante la falta de un mayor control sobre el negocio, abundan importadores que arman las motos de mala gana y que no ofrecen garantía sobre lo que venden. El modelo puede ser el mismo, pero el resultado y confiabilidad cambia profundamente cuando detrás de la compra existe un respaldo.       

El sitio de la organización no gubernamental Luchemos por la Vida publica algunas opiniones de usuarios de motos de orígen chino y destacan su inestabilidad, la poca calidad de sus rodados y la falta de frenos adecuados. Indudablemente se encontraron con unidades que no fueron verificadas, pero otros usuarios están conformes con su compra. pese a que pagaron mucho menos que un modelo de primera marca mundial.       

Con la enorme cantidad de motos vendidas es extraño ver el escaso control estatal a productos que deberían cumplir medidas básicas de seguridad. Ni siquiera son sometidos a revisiones técnicas que aprueben su circulación una vez armadas.       

Siempre el pasado fue mejor.       

Para algunos las motos de antes eran mejores. Hay quienes prefieren reciclar alguna motocicleta japonesa de los 80 para no comprar las chinas, pensando que es mejor opción, pero pagan muy caro un vehículo viejo con decenas de miles de kilómetros y un desgaste imposible de verificar. Además se enfrentan al dilema de los repuestos. No creo que sea la mejor opción.       

Pocos pueden pagar mas de 5 mil dólares y hasta 25 mil por una moto de origen japonés o alemana 0 km.  Para la gran mayoría las chinas son lo mejor que tienen a su alcance y no se sentirán defraudados porque su tecnología tiene el visto bueno de grandes marcas que hacen excelentes negocios en Asia. Si china copia es porque le permiten, y si no visite el sitio de Lifan, uno de los mayores fabricantes de China que no duda en poner en internet modelos ya conocidos, con otras insignias.       

Superado el debate sobre la calidad, lo ideal sería que los repuestos se fabriquen en el país, para garantizar una mejor vida útil y mantenimiento de unidades que contribuyen al transporte, esparcimiento y trabajo de millones de argentinos.       

Claudio Scabuzzo
La Terminal

        

Algunas fuentes consultadas:
http://www.infoauto.com.ar/infoauto/articulos/industria/peligro-amarillo
http://www.luchemos.org.ar/espa/scripts/autos/buscar.asp?dd=15&campoOrden=marcaAuto&marcaAuto=Otra&modeloAuto=&textoDenuncia=
http://www.lifan.com/en/index.asp
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