El retorno de la Traffic blanca.


La fantasía aparece cuando la realidad no ofrece respuestas. Los interrogantes cuando desaparece un chico de su casa despiertan la imaginación y las sospechas infundadas. A veces la verdad está tan cerca, pero es difícil hallarla.  Cada año en el mundo 70 mil familias sufren la desaparición de un niño y en Argentina uno de cada cuatro que desaparecen no vuelve a su hogar. El conflicto social, el deterioro de la vida, la pérdida de valores y la enorme influencia de internet y los medios, desarman a las familias. No es precisamente culpa de una Traffic blanca.

La desaparición de la menor de 11 años Candela Rodriguez en Hurlingham, Buenos Aires, despertó la preocupación de la población. Tras nueve días de incertidumbre la aparición del cadáver de la niña confirmó que fue un secuestro enmarcado en un “ajuste de cuentas” por las actividades ilícitas de su padre, un “pirata del asfalto” encarcelado hace 14 meses.

La madre y la tía de Candela Sol Rodriguez y el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli en una marcha pidiendo la aparición de la niña. El uso político de un tema de conmoción social cuando el estado descuida la protección de los menores.

Un hecho íntimo de la familia provocó la venganza sobre uno de sus miembros, algo que pocos imaginaron cuando la nena desapareció a metros de la puerta de su casa. La población de su localidad se movilizó para pedir que aparezca, pero nadie imaginó la tragedia.

Centenares de pequeños menores de edad han desaparecido de sus casas, pero no se debe generalmente a la intervención de un tercero, sino a una decisión propia. Esto no quita gravedad a estos casos, porque en la inmadurez se suelen cometer torpezas. Otros casos tienen que ver con las redes de prostitución y su accionar protegido por las fuerzas de seguridad. Una niña o niño se expone al peligro cuando se aleja del cuidado de su familia, pero estos acontecimientos no son habituales aunque los mitos generen una conmoción exagerada.

La Traffic blanca.

Estos alertas se están difundiendo por Facebook, correos electrónicos y mensajes de texto a celulares pero no tienen fundamento. Sin embargo generan temor.

Desde hace 15 años escucho esas crónicas de boca en boca y en muchas ocasiones fueron necesarias las consultas con autoridades policiales y judiciales, y lo cierto es que no existen denuncias sobre estos casos. Ni siquiera la identidad cierta de alguna víctima. Los testigos son siempre algún conocido de algún conocido, pero el temor avanza sobre los padres y madres que agregan una preocupación innecesaria.

Estas historias se condimentan con los misteriosos fotógrafos que aparecen en las puertas de las escuelas para retratar a sus futuras victimas. Nada de esto es cierto.

El peligro a veces no está en el mito sino en la vida misma. En las relaciones entre padres e hijos, en sus amistades, en sus hábitos, en las necesidades insatisfechas, en la enorme influencia sobre esas mentes del mercado de consumo y de la moda. El desencadenante puede ser una suma de factores vinculados a la realidad social, al deterioro de esa célula familiar, o una circunstancia ajena, fruto del descuido de estado en la seguridad de los niños.

La sociedad inventa estos mitos del robo de órganos para tapar la realidad.

Los niños son parte del negocio del entretenimiento y del consumismo, y, además, las primeras víctimas de la decadencia social de sus padres. A veces un subsidio no soluciona la desintegración familiar, la frustración y la pérdida de valores básicos. Huir puede ser una salida, pero a veces son víctimas de organizaciones amparadas por las fuerzas de seguridad.

Uno de cada cuatro chicos que desaparece en Argentina no es encontrado. En Buenos Aires hay dos denuncias diarias, y en el año se han acumulado una veintena de niños que no retornaron a sus hogares. La sociedad ha cambiado y estos casos nos muestran lo peor de la vida moderna.

La agencia Reuters difundió este reportaje recientemente:

“Hace seis meses recibíamos una denuncia cada día y hace un año era una cada siete días”, explicó Juan Carr, titular de Red Solidaria, una asociación de ayuda comunitaria.

De 176 denuncias por desaparición que Missing Children recibió en lo que va de este año, 27 casos no pudieron ser resueltos.

“De cada cuatro chicos que desaparecen, hay uno que nunca es encontrado”, dijo Carr.

La creciente pobreza, que alcanza a uno de cada tres hogares argentinos, y el alto desempleo que mantiene a más de dos millones de personas fuera del mercado laboral han herido las bases de la estructura familiar, explican los especialistas.

La pérdida de valores y el escenario de conflicto social se convierten en el caldo de cultivo para la desaparición de niños, añaden.

“La crisis social y las crisis familiares son algunas de las causas: los chicos se apartan de la situación de crisis de su casa y terminan siendo raptados”, dijo Carr.

Pero también existe otra causa mucho más terrible. “Hay una tendencia mundial al aumento de la pedofilia y Argentina no escapa a eso”, dijo Prilick.

Nadie sabe muy bien a dónde van a parar los niños que desaparecen. “Hay muchas leyendas, pero no podemos comprobar que haya grandes mafias que se dediquen a secuestrar chicos”, explicó Carr.

Internet, atracción de los chicos.

Quizás esta medida no evite que muchos chicos se vayan de sus casas, pero complicaría cualquier mala intención sobre ellos desde la red.

Cuando un chico desaparece de su hogar es inevitable observar el mundo familiar y sus allegados, quienes deberán ser investigados. También se deberá apuntar a los delincuentes, algunos conocidos de la policía, que pueden estar vinculados a la prostitución y la pedofilia. Quizás, como en muchos casos, nada de esto aporte una solución y, con la angustia y el dolor, aceptar lo fortuito, lo inesperado, el hecho casual que termina con la felicidad de una familia y que quizás el tiempo revele la verdad de lo sucedido. No hay Traffic blancas en el medio de estos casos. La complejidad de esos microcosmos familiares no ofrecen siempre una respuesta clara de la abrupta ausencia de un hijo.

La indignación que la divulgación de estos hechos genera es justificada. A veces observamos la liviandad de las autoridades en temas que involucran a menores, en la falta de controles y de respeto a las normas que los protegen. La ausencia de una verdadera responsabilidad del estado por el cuidado de los chicos ocasiona fisuras en el tejido social donde se escurren estos sucesos lamentables.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
 
Algunas fuentes consultadas:
http://www.panamundo.com/informacion-chicos-desaparecidos.html
http://www.argentina.gov.ar/argentina/portal/paginas.dhtml?pagina=590
http://www.missingchildren.org.ar/
 
 
 
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