La voracidad del estado argentino.


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Una carta de lectores en un diario porteño reflexionó sobre la presión fiscal que sufren los argentinos.

Y señalaba: “Karl Marx criticó al capitalismo argumentando que los empresarios se quedaban con una plusvalía sobre el trabajo de los empleados. La realidad argentina parece demostrar que se equivocó de blanco en su defensa de los trabajadores. ¡El Estado argentino se queda con una plusvalía del 45% de los salarios!

Más allá de la opinión de un lector, hay números que revelan cierta voracidad estatal a la hora de recaudar sus impuestos. De cada 100 pesos que una empresa destina para el salario de un empleado 45 van a parar a las arcas del Estado. Pero en el momento en que el asalariado comienza a gastar su dinero se pone en marcha una cadena interminable de pagos de diferentes impuestos: por cada compra abonará el 21% de IVA más las cargas de otros tributos indirectos como los provinciales -Ingresos Brutos, por ejemplo- o municipales, pero también lo hará cuando cargue combustible, pague el seguro del automóvil o abone las expensas.

Se  necesita trabajar, como mínimo, tres meses y ocho días para pagar los impuestos públicos.  según estudios del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y el Grupo Sophía.

La presión fiscal llega al 26,51% del producto bruto interno (PBI) según las proyecciones oficiales de hace poco más de un año, pero esa carga no se distribuirá equitativamente entre todos, sino que caerá pesadamente sobre la espalda de los cumplidores.

Si se compara la presión impositiva en la Argentina con la de países europeos, como los escandinavos, donde llega a casi el 50% del PBI, puede decirse, con razón, que es baja.

Pero en esos países, como ocurre también en los Estados Unidos, el Estado devuelve el esfuerzo de sus ciudadanos con buenas prestaciones en educación, salud, seguridad, justicia o carreteras, por mencionar sólo algunos servicios. En la Argentina, por el contrario, los contribuyentes que pagan sus impuestos deben recurrir a servicios privados porque el Estado es incapaz de cumplir con sus obligaciones mínimas en áreas tan sensibles como la educación, la seguridad o la salud.

La evasión es uno de los grandes males que sufre el país, pero su impacto negativo en las arcas públicas no puede ser combatido cargando la mochila de quienes cumplen con sus obligaciones, sino castigando con penas ejemplares a quienes no lo hacen. Es imperioso, además, que se avance hacia una amplia reforma impositiva, uno de los grandes cambios estructurales pendientes.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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