Verano, burocracia y revisión vehicular.


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Santa Fe estrena ley de tránsito, y los vehículos tienen que ser revisados. Se me ocurrió anticiparme, pensando que iba a tener suerte. Pero no. El pico de calor golpeó sobre mi cabeza.

 

La zona sur de Rosario está algo lejos del esplendor de las avenidas de la costa, de los shopings y del desarrollo inmobiliario que levantó miles de edificios. Más precisamente la zona de Avenida Francia (que ya no es avenida) y Avenida de Circunvalación donde se levanta uno de los pocos talleres que en la provincia realiza la Inspección Técnica Vehicular.Allí fuí, cumpliendo la ley que obliga a que los vehículos estén inspeccionados para circular. Mientras la norma establece obligaciones hacia el propietario de las unidades matriculadas en Santa Fe, parece no hacer demasiado hincapié en los procedimientos.Cuando llego me encuentro con una cola importante que recorría una de las colectoras de la Avenida de Circunvalación.

Allí no hay árboles, ni cordones, ni veredas, ni refugios. Si escombros, basura, yuyos altos, contenedores abandonados y muchas moscas. El boom inmobiliario no está aquí. Tampoco las campañas de reparación de veredas, los cordones cunetas, la guardia urbana, la policía de tránsito, ni siquiera un móvil del comando para proteger a tantos automovilistas al aire libre con la guardia baja. En esta primera semana de enero los 35 grados de temperatura no son un aliciente a la clásica “amansadora” que aplica la burocracia desconsiderada. La pequeña oficina de atención al público era una exhibición de cuerpos transpirados, rostros cansados e infinita paciencia. El dispenser de agua no tenía vasitos, y las moscas revoloteaban sobre los vasos usados tirados por allí. A nadie se les ocurría tocarlos. Aquí  falta un kioskito con bebidas, negocior redondo.  El único empleado atendía en el mostrador todos los trámites, y era reemplazado por otro, frecuentemente, pero nunca había más que uno. delante de él una veintena o más de personas esperando.

Primero la cola para la revisión (más de dos horas y media), después los certificados (otra  hora y media o más). Uno de los empleados administrativos regaba un horrible cantero lateral, calcinado por el calor. Detrás de computadoras otros empleados ingresaban a la red de redes para la realización de los trámites on line. ¡Que tecnología! Y nosotros esperando que el mundo virtual se haga real. Los técnicos iban y venían. En el taller se trabajaba a full, sin aire acondicionado, y con el calor de los motores.

Las casi cinco horas que pasé en el lugar permitieron que mi meditación fuese más allá de lo evidente. Me preguntaba ¿Quién va a controlar en las calles estos vehículos o todos aquellos que nunca concurran aquí porque les falta documentación o estado mecánico?.

También pensé en la policía municipal de tránsito o la Guardia Urbana, tratando de cazar elefantes con un matamoscas. Pensé en la policía provincial, algunos de cuyos miembros jamás puedan exhibir documentación alguna de los vehículos que poseen, y ni siquiera condiciones técnicas (¿Quién les dice algo por circular sin patente, sin seguro, sin luces, sin nada, en sus autos particulares?. miren la foto, es un vehículo que siempre está en San Luis y Corrientes a pleno día). Pensé en la corrupción, los 20 pesitos que me decían algunos como forma de superar cualquier procedimiento en la ruta, o en las calles.Demasiado tiempo perdido para alentar una adhesión a esta ley.  Indudablemente la norma obliga a tener el auto en condiciones, y es lo correcto. Pero ¿Todos los autos estarán en condiciones o perdurarán los vehículos destartalados, sin identificación, los carros, los caballos, las motos en carrera y los ciclistas imprudentes? ¿Y los vehículos oficiales están  aptos? porque algunos ni patente tienen.

La revisión vehicular tiene un costo de 70 pesos con cinco horas de demora incluídas. Pese a que debemos pagar por el servicio, el personal y la infraestructura están lejos de atender la enorme demanda que existe en una ciudad donde se dice que puede haber medio millón de vehículos. Será el negocio de unos pocos, una nueva opción para la coima o la base de una actitud que permita distinguir a los cumplidores de los incumplidores, sancionando a quienes están fuera de la norma, sin distinciones ni contemplaciones.  Lo que sea está en manos del poder controlante, de su moral y de su fidelidad a las leyes.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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