Todo por una moneda.


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El estado y las entidades de defensa al consumidor apuntan al comerciante para que pague el faltante de monedas. Si el hilo se corta en algún lado es en el bolsillo de quienes viven del comercio.

El artículo del Diario La Capital indicaba: “Que no hay monedas en Rosario ya no es novedad. Taxistas, diarieros, quiosqueros y usuarios padecen su carencia y por eso, la Red Argentina de Consumidores salió a recordar que en caso de no haber vuelto, la diferencia debe favorecer al consumidor. Es que si bien la Ley de Redondeo está vigente, los comerciantes casi no la aplican o canjean el dinero por caramelos. Cristian Galindo, titular de la red, recordó que el consumidor no tiene por qué pagar demás. “Lo que debería suceder es que se redondee para abajo, esa es la actitud que deberían tener los comerciantes”.  Según la norma, los vueltos menores a cinco centavos que no se puedan pagar deben ser contabilizados a favor del consumidor.  “Si hay faltante de monedas, es responsabilidad obviamente del Banco Central y del Gobierno Nacional, pero el consumidor es la parte más débil de la relación de consumo”, remarcó Galindo. 

El consumidor tiene leyes que lo amparan, pero la realidad es muy distinta al espíritu que existió cuando se sancionó la Ley de Redondeo. Hoy el faltante de monedas es crítico y las circunstancias establecieron una complicidad entre el consumidor y el comerciante, a los efectos de que ambos puedan salir favorecidos: el cliente con el producto y el vendedor con la venta realizada. ¿Vueltos en caramelos? Bueno, eso significa que el cliente lo aceptó, porque si no lo acepta la compra puede anularse.

Los letreros en los comercios hablan de esta realidad “Faltan monedas”, entonces la advertencia está hecha, y la compra deberá sujetarse a la realidad del mercado o a la del comercio, porque si no tiene cambio no puede vender. No tiene la culpa. La mayoría de los pequeños comerciantes también son consumidores. Adquieren sus productos a distribuidoras que, en muchas ocasiones, tampoco cuentan con el cambio para el vuelto. Compran las tarjetas del transporte urbano al Banco Municipal, que no le provee cambio. En los bancos tampoco les dan monedas, y a veces, picardía mediante, los clientes intentan exigirle un vuelto que les permita viajar en colectivo o pagar el parquímetro del estacionamiento.

Hay injusticias. Por ejemplo aquellos que explotan cabinas de comunicaciones se enfrentan a diario con el reclamo de los clientes que quieren pagar $ 0,20 la comunicación básica cuando el tarifador indica $ 0,23, y el comerciante le solicita $ 0,25. Esos dos centavos de redondeo hacia arriba no aporta demasiado a la ganancia del locutorio: al mes esa diferencia puede alcanzar los 25 pesos. Pero se destina a otros redondeos como cuando el tarifador indica $ 0,46 o $ 0,92, cobrándose el importe menor de $ 0,45 o $ 0,92. Lo que no sabe el cliente es que las tarifas de teléfonos se encuentran congeladas desde fines de los 90, y los gastos de explotación aumentaron significativamente en los últimos seis años. Brindar el servicio al cliente es un esfuerzo del comerciante, y no merece un trato tan descortés cuando redondea 2 centavos hacia arriba. ¿Usted sabe cuando gana el comerciante con una llamada de $ 0,23 centavos?, aproximadamente $ 0,05. Si le redondea hacia abajo ganaría $ 0,03. Con esos tres centavos debería cubrir la limpieza del lugar, el personal, la energía consumida, los impuestos y las reposición de equipos dañados.  

¡Y el que vende tarjetas para el transporte urbano gana 0,05 centavos por un cartón de $ 8,10! Imagínese si redondea hacia abajo y cobra $ 8,-, en realidad le estaría regalando al cliente 5 centavos de su caja. Así no hay negocio que pueda sobrevivir. Esos mismos clientes que se quejan por ¡2 centavos! y exhiben las leyes que los amparan, se transforman en ovejas cuando cargan su celular y el crédito se le agota en un suspiro. Parecen que ven el enemigo en donde no está, y las entidades de defensa del consumidor deberían observar más detalladamente quienes son los que con centavos se enriquecen, los que perjudican el bolsillo de la población, los que cobran por lo que no brindan y los que a la hora del reclamo no aparecen.

Claudio Scabuzzo
La Terminal 

  

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. FEde dice:

    Los supermercados hacen la diferencia por esos centavos. Cuando uno compra al por mayor te ahorras plata sumando de a centavos. No hay mas nada que decir a esto, o solo redondeale a tu favor a los que mas trabajo esclavo generan.

    Me gusta

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