Un país trucho.


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La historia reciente de este país imprimió un neologismo para definir lo inexistente, la mentira o la estafa. Algo que era, pero no era. La palabra política de los últimos años es “trucho”. Truchos eran los autos gemelos producto de la reventa de lo robado, los lujosos autos diplomáticos o los propietarios de los vehículos para discapacitados ingresados ilegalmente y que eran vendidos a cualquiera. Trucha era la leche de Vicco o el individuo que se hizo pasar por diputado para aprobar una ley de privatizaciones. Trucho es el software, los videos, los Cd de música, la ropa de marca y hasta los billetes. Ahora puede ser trucha una escritura de propiedad, un documento de identidad y hasta la licencia de conducir.

Esta historia tiene varios capítulos, y el lector puede agregar con su memoria muchos otros, porque hablamos de una cuestión que parece parte de nuestra cultura. La trampa, que de picardía pasa a engaño. La mentira que de piadosa pasa a delito. La necesidad de aparentar, aunque eso signifique exhibir algo ilegítimo. Es una compleja cuestión alimentada por un estado que necesitaba de un “amigo” para “acelerar el trámite”. O “tirarle unos billetes” al funcionario para que todo esté mejor. Así de un papel legal pasamos a uno “trucho”, total da lo mismo. La existencia de algo trucho, sea un documento o un objeto palpable, esconde un acto de corrupción por parte de algún funcionario del estado y la complicidad de los ciudadanos inescrupulosos.

 

Con el tiempo las maniobras delictivas se sofisticaron y se lograron montar escenarios donde nada era legal. Aquí algunos de ellos.

 

Dinero trucho

“Truchos” era algunos billetes que circularon por el país. En el verano del 90 se conoció la desaparición de papel para imprimir billetes del tesoro del Banco Central.

Simultaneamente cientos de billetes de 500.000 australes aparecían en circulación con algunos faltantes. Por ejemplo, no tenían firmas, ni numeración, ni las medidas legales. Lo peor de todo esto es que una pericia había comprobado que dichos billetes eran legales por el papel, pero que podrían haberse impreso fuera de la Casa de la Moneda.

La gente en febrero de ese año comenzó a tener temor de los billetes que tenían en el bolsillo. Porque no solo se hablaba de los truchos sinó de los diferentes. El caso del billete de 100.000 australes fué llamativo: Existian dos modelos legales, ambos con José Evaristo Uriburu, pero uno tenía la barba cortada distinta, peinado de otra manera y hasta miraba para otro lado.

Además había trascendido que el 4 de julio de 1991 el Banco Central había iniciado una investigación por la aparición de dos billetes con la misma numeración. Pero la historia de los billetes truchos se traslado también a la nueva moneda que sucedió al austral. Era la época de Menem.

En esos años Banco Central había detectado billetes de 50 pesos numerados a mano y cortados con tijera. El papel de dichos billetes era legítimo. Algunos funcionarios culparon a la empresa privada que hace la impresión calcográfica. Pero dicha empresa negó que haya tenido faltante de papel. En realidad el papel había faltado nuevamente de los depósitos de la casa de la Moneda, cuado Armando Gostanian dirigía esa imprenta oficial. Gostanian era un fabricante de camisas que ayudó a Carlos Menem en la campaña para presidente.

Gostanian fué el autor de los “Menemtruchos”, los billetes publicitarios de Menem Presidente que fueron decomisados en muchos lugares porque eran usados como legítimos. Además pesaba sobre ese funcionario una denuncia de acoso sexual y de amenaza a una periodista. Tampoco nunca quedó clara la compra de papel moneda que hizo Gostanian a un precio del 185% superior al del mercado.

Mientras tanto las denuncias que pesan sobre él por la emisión de Menemtruchos quedaron sin resolución. Ni el propio Presidente Menem lo condenó por su conducta.

Hasta hoy la moneda falsa circula, sin la cara de Menem. Se sabe de metalicos de dudosa procedencia, pero con tantas máquinas que detectan su ilegalidad, lentamente fueron descartadas por los consumidores.

Ropa, música y video trucho

También es trucha la ropa que se vende en muchísimos lugares del país, en ferias improvisadas o locales habilitados. Sus marcas invitan a comprarla, pero no son reales. Según datos oficiales se evaden más de 10 mil millones de pesos por año por la venta de ropa ilegal. Algunas se confeccionan en el exterior, Paraguay o China, otras se hacen acá.

El diario La Nación en su edición del 5 de noviembre de 2006 señaló que “es uno de los delitos que más crecieron en los últimos tiempos. En nuestro país, según la Cámara Argentina de Comercio (CAC), se evaden a través de él 9549 millones de pesos por año, y en el mundo la evasión al fisco alcanza a los 250.000 millones de dólares. El fraude marcario es el delito por excelencia del siglo XXI. Aunque el daño sufrido por una marca suele ser incalculable, en los casos más graves puede provocar perjuicios laborales y sociales. “

 

“Estos delitos, hace 15 años, no tenían significancia económica; por eso no había una intervención importante de la Justicia. Pero hoy ocasionan importantes pérdidas al Estado y ya hay una organización muy avanzada”, dijo el juez federal Guillermo Montenegro”.

 

“Acá no hay un daño sólo al titular de la marca, sino al consumidor, que muchas veces es engañado. Por eso tiene que ser tratado como un delito de fraude y no sólo como violación a la ley de marcas”, expresó Sergio Vargas, abogado especialista en derecho penal marcario. “

Hace un año ese mismo diario publicaba que La Salada, la feria ilegal más grande de América latina, fue identificada recientemente por la Unión Europea (UE) como un emblema mundial del comercio y la producción de mercadería falsificada y que genera 9 millones de dólares semanales falsificando marcas.

“A la vera del Riachuelo, en un predio del tamaño de Once, pero ubicado en Lomas de Zamora, La Salada moviliza 9 millones de dólares por semana y emplea a 6000 personas para atender a las más de 20.000 que concurren desde todo el país cada vez que la feria se pone en funcionamiento.”

“Es un paraíso de la ilegalidad, y aunque la UE llamó en su estudio a “enfocar actividades y recursos en la lucha contra la falsificación”, esa misión aparece como una cruzada prácticamente imposible para los dirigentes empresariales, sindicales, políticos y policiales consultados por La Nacion.”

“El director ejecutivo de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, Héctor Kolodny, uno de los representantes del sector más perjudicado por la megaferia La Salada, calcula que, del total de ropa que se comercializa en el país, el 50% se vende en negro. “La Salada es el mayor centro de distribución: de ahí se abastecen unas 300 ferias minoristas en todo el país”, alerta. Y se pregunta: “¿Si se puede legalizar la feria? Parece una meta imposible. Me conformaría con que hubiera un punto de inflexión y con que se empezara a ver alguna señal de control”.

“La Salada comenzó en 1991 con un puñado de bolivianos que se instalaron a vender ropas importadas y comida en terrenos abandonados en la localidad lomense de Ingeniero Budge, que en tiempos de Perón estaban acondicionados como balnearios. Como vieron que el negocio era redituable reunieron a sus familias, y cuando llegaron a las 430 personas armaron Urkupiña SA, que, al sumar nuevos socios, se dividió en Cooperativa Ocean y Punta Mogotes SA.”

“En los ingresos a los galpones donde funcionan las tres ferias cuelgan carteles que prohíben “la venta de mercadería en infracción de la ley de marcas”. Allí se distribuyen unos 15.000 puestos, que se alquilan por hasta $ 350 diarios, y que en la mayoría de los casos desoyen el mandato legal.”

“Los vecinos del sector, uno de los más pobres del conurbano, también quisieron participar y se adueñaron de los terrenos de enfrente de sus casas para instalar puestos sobre la ribera y explotarlos comercialmente (los alquilan por $ 30). Hoy, unos 5000 puestos armados con maderas, cañas o chapas ocupan unas 15 cuadras a la vera del riachuelo. “

“Así, en quince años, la veintena de puesteros que se ganaba unos pesos cada lunes vendiendo unos pocos productos a la intemperie creció hasta conformar la Ciudad del Este del conurbano: hay unos 15 mil puestos de venta ilegal de ropa, calzado, discos, películas, equipos de electrónica distribuidos en 20 hectáreas, una superficie comparable a la del barrio de Once. “

“Las ferias abren dos veces por semana (domingos y miércoles) entre el mediodía y la madrugada. Durante el día, en general se despacha mercadería a compradores minoristas. Desde la tardecita y hasta muy entrada la noche arriban al lugar contingentes de compradores del interior del país e, incluso, de países vecinos -se estima que, cada jornada, llegan al lugar unos 500 ómnibus de compras- y en diciembre en particular todos están de fiesta: llegan hasta 4000 tours de compras.”

“Las industrias discográficas y videográficas son dos sectores afectados por la feria. El director ejecutivo de la Asociación para la Protección de los Derechos Intelectuales sobre Fonogramas (Apdif), Javier Delupí, considera que “La Salada es un centro de inteligencia que irradia el mercado pirata a todo el país”.

Precisamente conocí una feria de mucho menor tamaño a La Salada en la localidad entrerriana de Concordia. Estaba en el centro, a una pequeña distancia de la delegación local de la AFIP, pero era como si nada. En ese lugar la ropa era falsificada, no había comprobantes de las ventas y la mercadería de contrabando era evidente: se vendían alimentos envasados “Made in Brazil”, anteojos, juguetes y electrónica barata sin ninguna estampilla aduanera. El lugar no tenía las mínimas condiciones de seguridad, se amontonaban puestos entre techos precarios de chapas con columnas de madera, sin extinguidores de incendio y sin salidas de emergencias. Su existencia afecta a numerosos comerciantes que pagan sus impuestos y compran mercadería por los canales legales, y que cumplen con las disposiciones habilitantes del municipio local.

Lo trucho esconde siempre un acto ilegal o delictivo, pero amparados por la “vista gorda” del estado.

Software trucho

Según Clarín del 23 de mayo de 2006 “La tasa de piratería de software aumentó en Argentina del 71 al 77 por ciento mientras que en Latinoamérica se elevó en el 2005 a un 68%, casi el doble del promedio mundial de un 35%, según un informe divulgado por la firma Business Software Alliance (BSA).

“Este aumento dice que no hay interés de adecuarse a los esquemas para respetar los productos”, dijo el el representante legal de BSA en Costa Rica, Rogelio Fernández, en rueda de prensa.

Lo cierto es que, en el caso del software, existe una tendencia mundial a obtener el producto sin comprarlo, debido, fundamentalmente, a su precio excesivo en el mercado y a la falta de un soporte técnico adecuado.

El tema es para una discusión aparte, pero hay grupos que defienden al “software libre” que declaran que estos programas comerciales muchas veces se introduce en forma “clandestina” en las organizaciones y que luego debe “legalizarse”.

Un modelo de comercialización facilitado por legislación local e internacional que penaliza el compartir, y que pone a la Policía y la Justicia Nacional al servicio de intereses particulares. Este modelo cerrado no permite conocer la verdadera obra intelectual; vincula automáticamente acuerdos de distribución con acuerdos de soporte, y ha permitido crear un entorno informático altamente inseguro, con sistemas operativos y aplicaciones plagadas de virus, gusanos, software espía, y otros problemas que sólo se solucionan – parcialmente- con más software propietario. (http://www.solar.org.ar/spip.php?article444)

Autos truchos

En los últimos meses se investiga en Argentina el ingreso de automóviles importados a pedido de diplomáticos extranjeros con un régimen de franquicias impositivas que hacían bajar a la mitad el valor del vehículo.

Esos autos, de marcas Premium e innecesarios para la función diplomática, eran “nacionalizados” antes de tiempo y luego transferidos a particulares, algunos de ellos “ricos y famosos”.

Esta operación contaba con la gestión de funcionarios nacionales y la participación de miembros del cuerpo consular de diversos países, entre ellos Bolivia, Uruguay, Venezuela y Cuba, entre otros.

Escrituras truchas en Santa Fe

Pero en este recorrido por la ilegalidad no sorprende que hasta una escritura de una propiedad inmueble sea trucha.

El programa radial “Tiempo de Justicia” de Radio 10 Rosario adelantó lo que en estos días publica un diario local. Se está investigando una estafa que se realizó para concretar la venta de un importante predio de la zona sudoeste de Rosario, que tenía un propietario que estaba litigando contra su dueño anterior. Se había inscripto en el Registro de la Propiedad como bien litigioso, pero arrancaron hojas del expediente, se emitió un certificado de que no tenía embargo y se transfirió a un tercero. La operación contó con el aval de conocidos escribanos, que, como siempre, jamás trascienden sus nombres cuando se revelan estas cosas. El apellido pesa.

La propiedad en cuestión vale más de 4 millones de dólares, había mucho dinero en juego, y el riesgo representaba una suma jugosa para los participantes. Se emitió una escritura “trucha” o falsa, aunque todos los pasos cumplidos por los compradores son los que estipula la ley.

El diario La Capital del sábado 23 de febrero de 2008 relata que:

“Todo comenzó en 1999 cuando el denunciante adquirió el predio por boleto de compraventa y ante la negativa de la vendedora a escriturar inició el correspondiente juicio de cumplimiento contractual y daños y perjuicios. Para asegurar su derecho, inscribió el bien como litigioso”, dijeron los profesionales. Es decir que el terreno aparecía a nombre de la mujer vendedora pero la misma no podía disponer del mismo. “Y eso quedó asentado en el Registro de la Propiedad ya que, mediante una medida cautelar del juzgado Civil y Comercial 12, el bien se inscribió como un bien litigioso”.

Sin embargo, en febrero de este año, el llamado telefónico de una abogada a los representantes legales del dueño legal del terreno encendió la luz de alarma. “La profesional, en nombre de una empresa rosarina, hizo una oferta de compra del predio”. Y cuando los abogados le dijeron que el mismo no estaba a la venta y que permanecía como bien litigioso, la mujer corrió el velo: “La abogada nos dijo que eso era imposible, que la propiedad ya había sido transferida y que estaba libre de embargos”.

Así las cosas, el dueño del terreno denunció en Tribunales que el inmueble se había vendido cuando, legalmente, había impedimentos para hacerlo. Pero para que la operación defraudatoria se realice se necesitó de otras manos. Es que en el “antelado” utilizado para la registración de la venta figuran no sólo la ubicación del inmueble y el nombre del titular, sino también si el mismo tiene hipotecas, embargos o inhibiciones. Para conocer si esas imposibilidades existían, uno de los escribanos presuntamente involucrados en la maniobra presentó a fines de 2007 los pedidos de certificados correspondientes. “Pero esas solicitudes no entraron por derecha al Registro y no quedaron asentadas ni en los mecanismos informáticos ni en los manuales”, confiaron los abogados. Sin embargo, alguien de adentro del Registro emitió los certificados solicitados por el escribano dando a entender que el bien estaba disponible y posibilitando la venta del mismo a la empresa en cuestión.

El registro de la propiedad de Rosario vela por la seguridad jurídica de los bienes, pero tuvo en los últimos años numerosas denuncias por fraguar informes sobre personas inhibidas, inmuebles embargados y oficios falsos. Esos documentos que terminaron en la justicia también fueron bautizados como “truchos”.

El país está inundado de documentación trucha. Basta ver los DNI o documentos de identidad que circulan actualmente y se podrá notar que son absolutamente fáciles de duplicar o falsificar. Estan creados para no ser completamente legales, y nadie se esmeró en mejorar las condiciones de emisión y su transparencia, hasta tal punto que todavía se escriben a mano, cuando cualquier tarjeta de crédito los supera en medidas de seguridad.

Conclusión trucha

Ningún país del mundo está excento de estafas. Pero en Argentina a veces nacieron de maniobras operadas desde las mismas oficinas públicas que debían evitarlas. Eso se llama corrupción, y si bien al hacerse públicas se dio intervención a la justicia, los hechos no siempre terminan con condenas ejemplificadoras.

Año a año se hacen más sofisticados los engaños, mientras los controles quedan atascados varios pasos atrás. Es el daminificado quién llama la atención sobre esto, y el poder gobernante se sorprende, y a veces, hasta se indigna. Los funcionarios son procesados, sumariados y a veces condenados, pero los dineros recaudados no vuelven a sus dueños originales, y las indeminizaciones por las irregularidades las pagamos todos. Negocio redondo.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Claudio Scabuzzo dice:

    El sitio en francés de la agencia de noticias Alterinfo traduce un fragmento de este artículo en http://www.alterinfo.net/Une-experience-utile-de-secession-economique-Comment-echapper-a-la-vraie-fausse-monnaie-de-singe-les-clubs-de-troc-en_a25252.html

    * Le mot trucho est un argentinisme qui signifie faux. Menem trucho est par exemple le nom populaire qui avait été attribué à une série de billets d’une valeur nulle à l’effigie de Carlos Saúl Menem et décorés de phrases de propagande. Ils furent répandus par des distributeurs ambulants et des cellules locales au début des années 90 en Argentine. Avec le nom symbolique de « Une Valeur qui stabilisa le pays » et « 10 années de stabilité », ils avaient été crées comme propagande politique du Président de l’époque, Carlos Menem. Cela faisait partie de ce qui était applelé cotillón menemista avec une monnaie commémorative pour le 66ème anniversaire de Menem.

    Claudio Scabuzzo écrit dans son blog La Terminal de Rosario le 24/2/2008:

    Monnaie de Singe “trucho”

    Durant l’été 90, la disparition du papier servant à l’impression des billets du Trésor public de la Banque Centrale, entraîna dans le pays, la circulation de certains faux billets appelés « truchos ».

    Des centaines de billets de 500.000 australs se mirent à circuler, mais avec certaines anomalies. Par exemple, ils n’avaient aucune signature, pas de numérotation ni les mentions légales. Le pire de tout cela, c’est qu’une expertise ayant été faite, annonçait que ces billets étaient légaux grâce à la validité du papier de leur fabrication, bien qu’ils avaient pu être imprimés en dehors de la Casa de la Moneda [Maison de le Monnaie].

    En février de la même année, les gens commencèrent à douter de la validité de l’argent en leur possession, Car non seulement on parlait des « truchos » mais aussi qu’il en existait plusieurs. Le cas du billet de 100.000 australs était frappant : il existait deux modèles légaux, les deux à l’effigie de José Evaristo Uriburu, mais avec sa barbe coiffée différemment, et l’orientation du regard différente.

    De plus, on avait appris que le 4 juillet 1991, la Banque Centrale avait lancé une enquête sur l’apparition de ces deux billets avec une numérotation identique. Mais l’histoire des billets « truchos » toucha également la nouvelle monnaie qui remplaçait l’austral. C’était l’époque de Menem.

    Au cours de ces années, la Banque Centrale avait détecté des billets de 50 pesos, numérotés à la main et coupés aux ciseaux. Pourtant, le papier de ces billets était légal. Certains fonctionnaires accusèrent l’entreprise privée chargée de l’impression, celle-ci niant le fait, en prétextant la pénurie de papier. En réalité le papier avait déjà disparu des entrepôts de la Maison de la Monnaie, à l’heure où Armando Gostanian dirigeait cette entreprise officielle d’impression des billets. Gostanian était ce fabriquant de vêtements qui avait aidé Carlos Menem au cours de sa campagne présidentielle.

    Gostanian avait été l’auteur des “Menemtruchos”, ces billets publicitaires de Menem Président qui avaient été saisis dans plusieurs régions car ils étaient utilisés comme légitimes. Une plainte, d’abus sexuel et de menace, d’une journaliste pesait également sur ce fonctionnaire. Jamais l’affaire de l’achat du papier monnaie qu’avait effectué Gostanian – et 185% supérieur au prix du marché – ne fut élucidée.

    Malgré toutes les plaintes contre l’émission des « Menemtruchos », aucune n’aboutit. Le Président Menem, n’entreprit aucune une condamnation de ce fonctionnaire.

    La fausse monnaie sans le visage de Menem circule aujourd’hui encore. Il existe aussi des pièces métalliques de provenance douteuse, et vu toutes les machines qui les détectent comme illégales, les consommateurs eux-mêmes les ont progressivement écartées de la circulation.

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