Los cubiertos se cobran pero no se llevan.


Rosario se ha transformado en un atractivo turístico, y sus doscientos restaurantes son colmados con visitantes o rosarinos. Cocina italiana, española, árabe, mediterranea, china, norteamericana o argentina. Variedad, presentación y buen gusto. Los precios exhiben el despliegue arquitectónico de estos negocios y su cocina elaborada. No solo hay que pagar lo que dice la carta, también el servicio de mesa. 

 

La existencia de numerosas instituciones dedicadas a la formación de cocineros ha permitido que sus egresados, insertos en restaurantes y resto-bares, hayan cambiado la “minuta” (menú básico) por un  plato elaborado y decorado. Los mozos tradicionales (de guardapolvo blanco y pantalón negro) dejaron su lugar a jóvenes que estrenan su primer empleo. El negocio gastronómico evolucionó y hoy podemos ver locales presentados a nivel internacional.

 

La oportunidad de comer afuera o conocer nuevos sabores tiene su costo y sobrecosto. Es que, imitando otros puntos turísticos, al precio final se le suma un “servicio de mesa” por comensal. Es así como un menú ejecutivo del día, puede costar unos pesos más de lo indicado en el letrero o en la carta.

 

Ese sobreprecio recibe varios nombres: laudo, cubiertos o servicio de mesa. No es la propina del mozo, que se calcula aparte, y que responde a la voluntad del cliente. El plus es un costo por estar sentado y ser atendido, de pago obligatorio. ¿Pero ese servicio no está incluido en el precio que pagamos por la comida y bebida? Como práctica comercial no es, precisamente, correcta.

 

He intentado buscar los fundamentos de esa práctica pero no encuentro las justificaciones. Algo que resulta poco claro es utilizado sin ningún motivo. Los precios de los platos y las bebidas ya incorporan los costos y rentabilidad del comercio (y son indiscutibles, aunque una gaseosa o un agua envasada triplique su valor de compra al proveedor), ¿Porqué cobrar aparte algo que es inherente al negocio?.

Hace  más de 20 años el letrero “No cobramos laudo” era el atractivo para nuevos clientes dispuestos a pagar lo que decía la carta. Encontrábamos en lugares turísticos esa costumbre. En Rosario no se cobró durante varios años pero reaparece con el boom del consumo.

 

El cobro del laudo no significa mejor servicio o cocina, mejores baños o lugar para estacionar. Tanto los resto-bar, como las  parrillas o restaurantes de alta cocina, cobran esa tasa, sin distinción de categorías. Sin nada a cambio.

 

Pero hay unos pocos lugares donde comer bien no significa pagar más.  Uno de ellos es un pequeño comedor en 27 de febrero casi San Martín. Un lugar sencillo, con la comida como estrella principal. Platos caseros, abundantes, con precio justo y atención esmerada. Excelentes pastas, carnes con salsa de hongos y un tiramisú único.

 

Me recordaba a un restaurante en Uruguay, al que visité muchas veces. Despojado de lujos pero con mucha cocina. Ser un lugar turístico no significa perder la identidad ni dejar de lado esa vieja consigna de sentirse  como en casa.

 

El nombre del comedor al que hacía referencia lo dejé para el final. Se llama “Al Gran Ajo”, y no cobra cubiertos.

 

Claudio Scabuzzo
La Terminal  
Fotos:  web
Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. G dice:

    Restaurant argentino, otro buen lugar que no cobran cubiertos

    Me gusta

  2. ana dice:

    Cree un grupo donde pueden denunciar este hecho. Ingresa en facebook y enterate!

    Me gusta

Deja un comentario y participa del debate....

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s