El Zorzal y la política.


“No me interesa la política. Entiendo que debe ser norma de los artistas el no interesarse por la política. El artista debe ser apolítico. El artista se debe únicamente al público, y no debe tener nunca, creo yo, ningún matiz político”. Lo dijo Carlos Gardel. Sin embargo cantó un tema alusivo a Bartolomé Mitre, adhirió al golpe de 1930 y sedujo a los anarquistas con su música.  También sufrió prohibiciones que no impidieron que pudiera trascender. El perfil político del cantor de tangos inmortal. ¿Hubiese sido peronista?.

La figura del cantante más trascendente de la Argentina, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, es algo polémica. No solo se discute el lugar de su nacimiento, sino algunos pasos de su vida que quedaron transformados en anécdotas y que contribuyeron a la fabricación de un mito.

Carlos Gardel fue un buen intérprete y mejor compositor, pero, sobre todo, un excelente productor de su propio éxito. Supo vender sus canciones y su imagen, cuidar su presencia y fama, lograr excelentes contratos y aprovechar el poder de la radio y el cine para proyectar su carrera.  

Pero su prestigio en vida no se lo debió a la política, aunque supo incursionar en melodías que tenían contenido político y relacionarse con el poder y los punteros.

Si bien la canción de protesta no existía como tal, ciertos temas musicales referían a cuestiones sociales pero predominaban las melodías que enaltecían a figuras o ideologías del poder. Recordemos que en esa época se gesta el fascismo en Europa, y Argentina no estaba ajena a esos movimientos nacionalistas. Aquí también la música  era utilizada como un elemento de propaganda.

Oscar del Priore escribió uno de los mejores trabajos sobre la vida de Gardel y allí relata algunos aspectos de la canción política de la voz más famosa de Buenos Aires.

En la época en la que le tocó actuar a Gardel, era muy difícil que alguien interpretara canciones con algún tono de compromiso social. Gardel, en 1913, al realizar sus primeras grabaciones, dejó impresa la canción “A Mitre”, una retórica oda al ex presidente, cuya muerte, ocurrida siete años atrás, permitía ubicarlo entre los próceres de la patria. Puede decirse entonces que Gardel no cantaba a su clase al alabar a Mitre, representante del conservadurismo en un momento de crisis.

Si bien por entonces se acostumbraba cantar a figuras como Mitre, todavía no había en Gardel claridad política. La evolución se daría muy poco después, a partir de 1917, cuando estrenó “Mi noche triste”, de Pascual Contursi. Como auténtico representante de su pueblo le dio al mismo una canción que por tantos años lo representaría: el tango. Durante una década desfilará a través de la voz de Gardel toda una avanzada de las formas cantables porteñas, junto con los dramas del suburbio y una persistente crítica al decadente mundo del cabaret.

Gardel no fue un político. Fue un cantante. Pero como tal, un revolucionario, al descubrir con un agudo sentido popular a Celedonio Flores, a Contursi, a Enrique Cadícamo, a Discépolo, estrenando todas sus obras. En 1927 la postura de Gardel ya se hacía combativa en sus canciones, con un tinte anarquista: “Mudo de pena me quedo / cuando llega la pobreza / hasta la mísera pieza / de un po bre trabajador./Y quisiera que mi vida / en oro se convir tiera! para que nadie bebiera las hieles del sin sabor”, (“Vida amarga”, letra de Eugenio Cárdenas).

En 1928 cantó “Qué vachaché”, primer tango con el estilo de Discépolo: “Hoy la honradez la venden al contado / y a la moral la dan por moneditas…”. En 1930, momento de crisis aguda, Gardel interpretó “Pordioseros”, de Barbieri:

“Me revelo ante el destino cruel / que miserias y dolores da / y apenado me pregunto /¿dónde está la caridad? / ¿Dónde se halla el gesto altruista / que de grandezas se pueblan / si a los que andan entre nieblas / no se les tiene piedad?”.

Cuando en el mes de septiembre de 1930 estalla la crisis en forma de movimiento militar, y Uriburu derroca a Yrigoyen, Francisco García Jiménez compone inmediatamente el tango “ ¡Viva la Patria!”, que dedica “A la mujer, al ejército, al periodismo ilustre, a los prohombres, a la juventud universitaria, al pueblo todo. A las que anticiparon el dulce premio de sus mejores sonrisas; a los que dieron sus nobles vidas; a todos los que aportaron un arma, un grito o un gesto siquiera, a la conquista de la idea suprema, el 6 de septiembre de 1930”.

García Jiménez llevó este tango —con música de su habitual colaborador Anselmo Aieta— a Carlos Gardel. La edición fue realizada por la Editorial Alfredo Perrotti y Gardel grabó el disco el 25 de septiembre de 1930. ¿Por qué cantó Gardel esta obra? Creo que no fue por una militancia fascista. Bueno es recordar que desde 1929 se vivía una profunda crisis por la que comenzó a responsabilizarse a Yrigoyen, y en diversos sectores fue bien recibida su caída, aunque poco después, muchos se mostrarían arrepentidos. Gardel habrá pensado, como tantos, que el golpe militar era una solución.

Lo indudable es que, en ese momento, Gardel, con el antecedente de haber cantado en su juventud en comités conservadores y con su grabación de “ Viva la Patria!”, podía quedarse tranquilo, e incluso, “acomodarse”. Sin embargo el 16 de octubre de 1930, poco más de un mes después del golpe, grabó un disco que llegaría a prohibirse: “Yira, yira”, de Discépolo: “Cuando te dejen tirao, des pués de cinchar, lo mismo que a mí…”. De ahí en más, comenzó la etapa combativa de Gardel, con un repertorio de tendencia anarquista que era el reflejo de todos los personajes de su tiempo.

 Gardel fue un revolucionario en su arte. Como hombre no fue en absoluto un conformista, y su evolución política se fue dando en el proceso de su evolución artística. Cuando joven cantó en comités conservadores. Pero recordemos que en aquellos años no había radio y conseguir un trabajo no era fácil. Además, todos los payadores lo hacían y su actuación en comités de cualquier partido no significaba embanderarse con el mismo. Era una labor profesional.

 ¿Gardel hubiese adherido al peronismo?

Murió varios años antes del nacimiento del movimiento político argentino más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Indudablemente compartió las vivencias y visiones con los que participaron de la consagración de Juan Domingo Perón. Gardel no era de la aristocracia terrateniente ni de la oligarquía, aunque se codeó con ellos. Sus canciones identifican al pueblo obrero, al trabajador, al que sintió el peronismo como propio.

De haberse acercado al Coronel Perón (como muchas otras estrellas del espectáculo) hubiese sido un ícono del peronismo. Su  muerte lo alejó de ser usado como símbolo partidario, quedando preservado como un ídolo popular sin banderías, con su música como único testimonio político, con una historia pulida para el mito.

 Gardel, una figura política.

Otra visión sobre su compromiso político lo encontramos en una nota publicada por el diario Río Negro el 3 de julio de 2005 firmada por Sofanor Novillo Corbalán. El cronista indica que la obra ¡Viva la patria! es una canción que solicitó Gardel para apoyar el golpe de Uriburu, pero que algunos disimularon su verdadero motivo.

La vida de Gardel, estudiada hasta el detalle, esconde, no obstante, algunos aspectos importantes. Dentro del fárrago de artículos escritos hay algunos capítulos en blanco, hay silencios sobre cuestiones que muchas veces son cruciales en la vida de un hombre. Y quizás, de esos silencios, el más estridente sea el vinculado a la política. O para decirlo en otros términos: lo que se tiene oculto es la filiación política del cantante. O para expresarlo con otras palabras, ¿estaba Gardel afiliado a algún partido? La respuesta al interrogante anterior es incuestionablemente afirmativa. El “Zorzal criollo” estuvo siempre vinculado a la política, era afiliado al Partido Conservador de la provincia de Buenos Aires. Además, estaba estrechamente relacionado con gravitantes políticos de la época como Alberto Barceló, Pedro Cernadas y otros. De Barceló, aunque se conoce poco de su obra, se habla mucho y mal. Y los que realmente la conocen, la silencian, porque es considerado políticamente incorrecto hablar bien de la gestión eficiente y progresista que puede haber realizado un gobernante conservador. Se habla de él sólo para recordar su relación con el juego, la trata de blancas y sus vínculos con Juan Ruggiero. Es muy probable que Gardel estuviera vinculado a lo mejor y lo peor de los gobiernos de la época, especialmente a los gobernantes de la legendaria Barracas al Sur, es decir la ciudad de Avellaneda. El fue testigo del rápido progreso y de la acelerada urbanización e industrialización de esa zona.

El compromiso del cantante con el intendente de Avellaneda, Alberto Barceló, era muy fuerte. Amenizaba los actos partidarios con gran éxito. Eran tiempos en que la política partidaria penetraba en la vida cotidiana de los ciudadanos. Tiempos en que en Buenos Aires se era conservador o radical. Boina colorada los primeros, blanca los segundos. Era como en Córdoba, en que no había otra opción más que ser demócrata o radical. Aunque en Buenos Aires se practicara el fraude y en Córdoba, jamás. Dada su popularidad, Gardel pudo mantenerse neutral, pero nunca lo hizo. La adhesión de Gardel al Partido Conservador no fue producto del oportunismo. Si eso hubiera ocurrido habría usado boina blanca. Hubiera cantado en los comités radicales. Se hubiera relacionado con el “Gallego Julio”, símbolo radical de la mafia bonaerense, enfrentado mortalmente con “Ruggerito”. Hubiera hecho, en fin, lo que hoy muchos hacen para quedar bien con el poder de turno.

Dos tercios de su carrera musical como cantor y compositor, Gardel la hizo bajo la égida del régimen radical. En 1917, un año después de comenzar el primer mandato de Yrigoyen, grababa con el sello Odeón, “Mi noche triste” de Pascual Contursi, y el primer tango, pero ya con música de su autoría, “Margot”, es de 1919. Durante la gestión radical de Marcelo de Alvear en 1923 grabó, también con música compuesta por él, el inolvidable “Mano a mano”. Estos son algunos ejemplos tomados al azar, pues entre el 12 de octubre de 1916 y el 6 de septiembre de 1930 , es decir, durante toda la etapa de gobiernos radicales, el cantor grabó la mayor parte de los tangos y canciones que, si hasta hoy se los escucha, es porque él fue el primero en cantarlos. Durante esos lustros adquirió la fama suficiente para probar suerte en el extranjero. Y fue entonces precisamente, primero en París y después en Nueva York, cuando Gardel no sólo consolida su fama sino que la proyecta a nivel internacional. Este período de su vida coincide curiosamente con el acceso al poder del partido con el que se siempre estuvo vinculado.

Había comenzado la década de los ’30, la que la historia oficial ha denominado “infame”, pero que no fue ni una cosa ni la otra: ni década ni infame. Entre 1930 y su muerte, Gardel vivió virtualmente en el exterior. Es más, aunque Buenos Aires lo tiene como ícono indiscutible, en 1931, en París, Carlos Gardel aconsejaba a Julio de Caro en los siguientes términos: “Quédate aquí y volvé a Buenos Aires de cuando en cuando, como hago yo, como quién va a visitar los restos de una novia querida que lleva en el corazón”.

Las razones por la que está eclipsada su condición política de conservador hay que buscarla en las mismas causas por las que, tantos episodios y etapas de la vida argentina fueron borrados, falseados u olvidados de un modo adrede. De otra manera cómo explicar, por ejemplo, que si no hubiera sido por Osvaldo Bayer que “descubrió” la masacre de trabajadores rurales en la Patagonia perpetrada por el régimen yrigoyenista, estos episodios hubieran quedado literalmente sepultados en la historia. A lo que se sumó la Semana Trágica, ocurrida en Buenos Aires, ambos episodios ocurridos durante la primera presidencia de Yrigoyen hubieran justificado más plenamente que a este período se le impusiera el rótulo de “infame”. Bien se puede afirmar que nunca en un gobierno constitucional murió tanta gente como consecuencia de la represión gubernativa. El radicalismo como agravante, desaprovechó dramáticamente el instrumento central para la construcción de una sólida democracia en la Argentina, como fue la Ley Saenz Peña.

Durante los gobiernos de Yrigoyen y Alvear, habiendo sólo catorce provincias, en la Argentina se produjeron treinta y tres intervenciones federales. Se distorsionó de un modo sistemático la voluntad popular de las provincias. Después de triunfar en 1916, el radicalismo asumió que no tenía adversarios sino enemigos sin derechos cívicos. Jamás aceptó las minorías ni a la oposición.

Ellos entendían que la Unión Cívica Radical representaba a la Argentina y no que era solo una parte de la Nación.
Carlos Gardel, como tantos argentinos más, era un enconado adversario del partido radical. Por eso celebró la revolución de setiembre de 1930 con un tango que grabó para la ocasión. Es que se debe advertir, que las cuestiones sociales y políticas no estuvieron nunca muy alejadas del tango. Los propios partidos, sus símbolos, y algunos conspicuos dirigentes fueron títulos y temas de tango, así por ejemplo: “Unión Cívica” con letra de Juan D’Estefano; “Hipólito Yrigoyen” con letra de D. Santa Cruz; “El Socialista Argentino” dedicado a Alfredo Palacios, con letra de L. Laiello. Después vino “La descamisada” de Enrique Maroni. Una estudiosa del tema, Nora Sessa de Kramer , agrega que : “Homero Manzi, siempre dio su testimonio político y fue así que con la música de la milonga “Betinotti” de su autoría, escribió también dos milongas , una dedicada a Eva Perón y otra para Juan Perón, que fueron cantadas por Hugo del Carril”.

Dentro de este contexto no es difícil entender por qué Carlos Gardel le encargó nada menos que a Francisco García Giménez y a Anselmo Aieta, la composición del tango “Viva la Patria”, que Gardel grabó y cantó para celebrar el derrocamiento de Yrigoyen. Se debe aclarar que el autor de la letra, García Giménez, no era precisamente un desconocido en el mundo de la música popular. Fue autor de numerosos y memorables tangos, entre ellos “Que siga el corso” de 1926, aquel cuya letra dice:”… te quiero conocer, saber adónde vas, alegre mascarita que me gritas al pasar…” y la música, es de Anselmo Aieta, talentoso compositor de numerosos tangos, entre otros,”Corrales viejos”, lugar éste al que algunos conocedores lo señalan como la cuna del tango. El mismo García Giménez escribió un libro de consulta obligada hasta hoy: “Así nacieron los tangos” (Buenos Aires, Lozada, 1975). Estamos entonces ante un tango, “Viva la Patria”, escrito y cantado por hombres que tenían una clara idea de lo que celebraban. Era sin lugar a dudas, un trasunto de sus ideas y emociones. La letra de este tango nunca antes fue publicada en un diario de Córdoba. Mientras que hoy, cualquiera puede, Internet mediante, encontrar la letra siempre oculta de este tango-canción. Y si se usa este medio para encontrarla , se advertirá con asombro que si bien la letra de la misma es clara y su intención directa, está precedida de una curiosa aclaración que increíblemente dice: “Grabada por Carlos Gardel en setiembre de 1930. Tango escrito como protesta frente al golpe militar del 6 de setiembre de 1930 en la Argentina, conocido como “el cuartelazo”, tomado de Horacio Salas, “El Tango” (Ed. Planeta, 1996, Buenos Aires)”. Ante tamaña mala interpretación muchos se preguntarán cómo esto es posible. La respuesta creemos haberla dado. Como quiera que haya sido el tango “Viva la Patria” canta así :

 “La niebla gris rasgó veloz el vuelo de un avión
y fue el triunfal amanecer de la revolución.
Y como ayer el inmortal 1810,
salió a la calle el pueblo radiante de altivez.
No era un extraño el opresor cual el de un siglo atrás, pero era el mismo pabellón que quiso arrebatar.
Y al resguardar la libertad del trágico malón, la voz eterna y pura por las calles resonó:

!Viva la Patria!, y la gloria de ser libres.
!Viva la Patria! que quisieron mancillar.
!Orgullosos de ser argentinos al trazar nuestros nuevos destinos!

!Viva la Patria!
de rodillas en su altar.
Y la legión que construyó la nacionalidad nos alentó, nos dirigió desde la eternidad.

Entrelazados vio avanzar la capital del Sur soldados y tribunos, linaje y multitud.
Amanecer primaveral de la revolución, de tu vergel cada mujer fue una fragante flor, y hasta tiñó tu pabellón la sangre juvenil haciendo más glorioso nuestro grito varonil”.

A esta altura, es innecesario aclarar que Gardel no fue un adversario más de Hipólito Yrigoyen, porque éste al igual que aquel, fueron dos grandes en el sentimiento popular. Gardel versus Yrigoyen. Aunque en planos distintos, ambos fueron genuinos ídolos del pueblo; por eso, quizás resulte curioso y altamente simbólico lo que nos recuerda Ramiro de Casasbellas, en el diario “La Opinión” del martes 24 de junio de 1975: “que la multitud que acompañó el cadáver de Gardel el 6 de julio de 1936 en el cementerio de La Chacarita, fue muy superior a la que en 1933 despidió a Yrigoyen.”

 

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 

  

Fuentes y fotos:
Yo Gardel, Oscar del Priore, Editorial Aguilar,1999
http://gloriamundi.blogsome.com/2005/07/26/startinicio/
Foto principal: http://ivanpawluk.blogspot.com/2008/04/rosario-gardel.html
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Interesante post, don Claudio: Interesante porque estudia y aclara datos sobre Gardel, que como todo ícono, es requerido popularmente para una parcialidad: Lo importantes es decir que fue un cantaor de aquellos, y que sí se opuso a Yrigoyen, era que en Argentina, no había lugar para dos grandes;

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