Somos la rabia (Parte 2): Los vasos comunicantes.


montoneros pintadas

Seguimos con la historia que comenzamos en un post anterior. A partir de la década del 60 la violencia alimentada desde el poder, tenía su correlato en la sociedad civil. Los gobiernos seudocráticos no podían exhibir legitimidad y autoridad ante una población dividida, temerosa. Los muertos hacían crecer los ánimos de los insurgentes. La violencia sale a las calles.  Finalmente Perón vuelve, pero no la paz. 

Continuamos con el tema iniciado en: Somos la rabia (Parte 1): La violencia política.

La violencia de arriba y de abajo.

tortura Las detenciones arbitrarias y las torturas retornaban a la sociedad de una forma feroz. No eran desconocidas, ya que se habían registro experiencias similares durante varios gobiernos anteriores. El golpe de Uriburu de 1930 puso en marcha un sistema de represión que atentó contra intelectuales, políticos, periodistas y ciudadanos comunes. Allí nació la Sección Especial de la policía que prosperó incluso durante el gobierno peronista.

Precisamente el General Perón durante sus primeros dos períodos democráticos inauguró la picana en la célebre Sección Especial donde se sucedían dolorosas sesiones de interrogatorios a opositores al régimen. Miles de denuncias de tormentos jamás fueron atendidas por la justicia. Sin embargo los golpistas continuaron utilizando esas dependencias para las vejaciones y torturas, modificando el perfil de sus víctimas.

Siempre existió un estado dentro del estado. Una guerra sucia oculta o pública, pero con el fin de domar a la sociedad, de doblegarla con dolor. El estado “benefactor” sembraba la violencia, y ese fruto alimentó a la sociedad. Si, la sangre salpicó a demasiados.

El eje del bien.

tacuara Después del golpe contra Perón, en 1955, se concentró la dualidad comunismo-anticomunismo, en el marco de una Guerra Fría entre las dos potencias mundiales. La política internacional de occidente era alinear a las naciones en el anticomunismo  y encontraron a la jerarquía de la Iglesia como aval del hoy denominado “eje del bien”. Así anticomunismo, catolicismo y tradición florecían del pecho patriótico de algunos iluminados.  El adoctrinamiento realizado por Estados Unidos a miles de militares del tercer mundo en su famosa “Escuela de las Américas” estableció muchas de las políticas de control ideológico que se aplicaron.

Los excesos, las proscripciones y la censura fueron parte del método elegido por los gobernantes autocráticos para imponer su filosofía. Cuenta Oscar Terán:

Sobre aquel trasfondo de alta conflictividad, organizaciones político-militares provenientes de la izquierda marxista y peronista comenzaron a operar de manera creciente tras el objetivo de una revolución que proclamaba la liberación nacional y social. Este objetivo implicó (como se lee en un documento del ERP de julio de 1970 y con un sentido que todas las organizaciones armadas compartían) “desorganizar las fuerzas armadas del régimen para hacer posible la insurrección del proletariado y del pueblo”.

peronismo revolucionario Ese modo operativo incluyó el magnicidio que se cobró como víctima al general Pedro E. Aramburu, y de hecho las Fuerzas Armadas estiman en casi setecientos los integrantes de las mismas abatidos por la guerrilla. Por su parte, y luego del relevo del general Onganía, los gobiernos militares se estrellaron con el ascenso del conflicto social y “el repiquetear incesante de la guerrilla” manifestado en multitud de acciones armadas y violentas. El asesinato de dieciséis guerrilleros en la cárcel de Trelew luego de un intento de fuga reforzó, desde el otro polo, el carácter de un enfrentamiento sin retorno. En este marco, la ilegitimidad del régimen seguía teniendo su punto crucial en la proscripción del peronismo y de su líder.

La muy difundida revista Crisis describe con precisión entre 1973 y 1976 ese momento en el campo del sector de los intelectuales radicalizados cercanos al peronismo revolucionario. Allí el contenido de los artículos presenta una visión construida con los poderosos fragmentos que habían alimentado el imaginario radicalizado hasta el momento, en un cruce de nombres y doctrinas que no mucho antes se hubiese considerado insostenible: Lenin y Perón, José Hernández y Marx, Rosas y Mao; populismo, nacionalismo y revisionismo con revolución cubana y cristianismo revolucionario…

La sociedad insurgente.

La década del 70 exhibió pleno desarrollo de los distintos grupos clandestinos que tomaron las armas para enfrentarse al poder.

El lenguaje político era el uso de la violencia para enfrentar a la violencia del estado. El odio creció hasta límites insospechados y las víctimas iban sumando éxitos y fracasos. Nadie pensaba que se estaba asesinando a una generación  y que la muerte no justifica ningún proyecto futuro.

Las agrupaciones insurgentes o terroristas tenían un perfil ideológico propio, pero compartieron senderos y hasta fusiones, en relación a la realidad que querían enfrentar.

Muchas nacieron de la ultraderecha, del catolicismo extremista y no tuvieron empacho en compartir espacios con quienes venían de la izquierda. A la mayoría el peronismo les brindó un acercamiento a las masas, era un vehículo para llegar a esa patria socialista que añoraban.

Juan Gasparini describe los siete grupos existentes en esa época:

monte-chingolo Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR, peronistas-marxistas).

Las FAR aparecen el 30 de julio de 1970 con ‘Gabriela”, operativo en que cuarenta y tantos de sus miembros toman en 45 minutos la localidad de Garín, adyacente a Buenos Aires, conducidos por Carlos Enrique Olmedo, su jefe fundador. Al principio alistaban principalmente a lo que quedaba de los grupos que se organizaron en torno al Che Guevara y a disidentes del pc, del trotsklsmo y de algún sector de la izquierda. Más adelante se incorporarían desprendimientos de otras organizaciones armadas, como en el caso de los militantes que provenían de las FAL. Los pasos iniciales se dieron en las postrimerías del gobierno de Arturo lilia. Una de las porciones que luego tendrá mayor importancia se crea, precisamente, como apéndice argentino del ELN concebido por el ‘Che”, codeándose con incipientes grupos de lo que después serian el ERP, las FAL. y las FAP. Muerto Guevara, la discusión posterior descarta la reiteración del modelo rural en Tucumán. Después de barajar. varios nombres se decide asumir la identidad peronista como foco urbano. En hileras sucesivas, se van con agregando en torno a Carlos Olmedo, ‘Jose” o “Germán”, joven carismático proveniente de una familia humilde, doble nacionalidad argentino-paraguaya que realizó estudios de epistemología y que ocupó cargos de Importancia en la Fundación Gillette. Aún sin firmar, el ‘ensayo” es el incendio de trece supermercados Minimax el 26 de junio de 1969 ante la visita al país de su propietario, Nelson Rockefeller. Después de Garín, sus principales operaciones fueron: ataque a la Guardia de Infantería en Córdoba, octubre de 1970; asalto al camión militar cargado de armas cortas, cuando el ‘Fede” Adjiman abatiría al teniente Azúa, el 24 de abril de 1971 en Pilar; copamientos de las comisarías de Virreyes y La Plata ese mismo año; ejecución del contraalmirante Emilio Berisso, el 28 de diciembre de 1972 en Buenos Aires; atracos a bancos en Don Torcuato, La Plata, San Justo, Berisso y Córdoba, secuestro de Darío Castel, de Coca Cola, para financiar la campaña electoral de 1973. Sus figuras principales se procuraron instrucción militar en Cuba aunque el “Manual de combate” inicial fue Rebelión en tierra santa del líder sionista Menahen Beguin, quien relatara el “terrorismo” judío contra el colonizador Ingles, previo a la fundación del Estado de Israel en 1949.

fap Fuerzas Armadas Peronistas (FAP, Peronismo de izquierda).

Recobradas del reves de Taco Ralo y haciendo suya la apostilla popular de que “Perón tendría que haber amasijado a todos los gorilas”, las FAP se consolidan como grupo armado peronista, acaso el más Importante hasta 1972. Agruparon militantes provenientes tanto de la derecha nacionalista (Movimiento Nacionalista revolucionario Tacuara) como de la izquierda, todos irnpactados por las revoluciones de Argelia y Cuba. Bruno Cambaren, Según sus documentos fundacionales, entendían que “a nivel de masas se experimentó que por el lado de los militares no hay salida, que por el lado de las elecciones tampoco, que por el lado de las grandes huelgas y las grandes movilizaciones, tampoco va. Es decir que todo eso puede servir pero dentro de una estrategia de conjunto”. Y que era necesario pelear con mayores perspectivas e “Ir conformando organizaciones que posibilitaran, en una guerra larga, el triunfo final, es decir la conquista del poder”. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias los irán fracturando en múltiples disidencias. Sus fracciones se van uniendo a las restantes opciones de la cruzada guerrillera, al PB (Peronismo de Base), o a la “FAP nacional”, que se opuso a la campaña electoral del ‘73, descreída de la “vía electoral” Jose Luis Neil, Carlos Alberto Cande y Miguel Zabala Rodríguez fueron probablemente los cuadros más representativos del afluente de las FAP que irrigó Montoneros. Con coraje dieron cuenta de glorias y dramas.

Descamisados (Izquierda peronista).

PERON evita Los Descamisados venían de otra cuna, la juventud demócrata cristiana, aunque también contaron entre sus fundadores con jóvenes del nacionalismo católico. Existieron en Buenos Aires, donde se insertan en el peronismo trabajando en villas y gremios, previo paso por la CGT de los Argentinos. Llegan a la lucha armada al frustrarse su incorporación a las FAP a raíz de las controversias internas que ya afligían a ese grupo. Aparecen públicamente en septiembre de 1970 con una proclama que difunden en un cine de La Tablada mientras se proyectaba la película “La hora de los hornos” donde Perón elogiaba la guerrilla. Volaron el Círculo Naval de Tigre, el yate “Biguá” del comandante en jefe de la Armada anclado en el río Luján, secuestraron contra pago de un millón de dólares de rescate al gerente general de General Electric, en San Isidro vaciaron la sucursal Florida del Banco de Galicia y contribuyeron para que las Organizaciones Armadas Peronistas (OAP) asaltaran un transportador de caudales de esa entidad financiera en San Justo. En el “foco” sólo perderán a Alicia Beatriz Camps, al estallarle una bomba que estaba arman do el 25 de septiembre de 1972. Algunos de sus jefes fueron Noberto Habbeger, Horacio Mendlzábal, Dardo Cabo, Osvaldo Sicardi, Oscar Degregorio y Fernando Saavedra Lamas. Los seis perecieron siendo montoneros, con quienes se habían fusionado a principios de 1973.

ORG ARM PERON Organizaciones Armadas Peronistas (OAP, peronista de izquierda). 

“Para mí, la acción está siempre por sobre la concepción”, enseñaba Perón desde su Conducción política, hecha pública hacia 1971, texto que primaría en el acercamiento de los diferentes grupos peronistas. La primera operación conjunta reunió a FAR y Montoneros el 26 de julio de 1971 en Tucumán, cuando Martín Gras, Fernando Vaca Narvaja, José Carlos Coronel, Susana Lesgart y Luis Fernández Martínez Novillo dominaron al personal de la comisaría de Villa Mariano Moreno y se llevaron armamento.

El dia 29 de ese mismo julio de 1971 las FAP aportarían lo suyo a FAR y Montoneros con el “ajusticiamiento” del mayor Julio Ricardo Sanmartino, ex jefe de policía de Córdoba, organizador de grupos paramilitares y director de cárceles. En esa misma ciudad fracasarían el 3 de noviembre de ese año al intentar el secuestro de Luchino Revelli-Beaumont, directivo de FIAT.

No obstante la diversa ascendencia y ciertas diferencias tácticas, metodológicas y políticas que no vale la pena comentar, la práctica común fundirá las cuatro letras en tres, conformando en el correr de aquel año las Organizaciones Armadas Peronistas (CAP), instancia de acercamiento en la que se procesará la creación de la ‘organización político-militar Montoneros” ocurrida dos años más tarde.

ERP Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, trotskista, guevarista).

La asunción del peronismo será el único punto de discordia que impedirá a las cobijar al bloque armado hegemonizado por el PRT-ERP; éste absorberá o extenderá su sombra sobre aquel espectro guerrillero que consideraba la experiencia justicialista como una rémora para el avance de los trabajadores y el pueblo tras sus intereses históricos.

Afirmaban la imposibilidad de “que el proletariado conquiste el poder político sin construir previamente y mediante la lucha armada el partido revolucionario formado por su vanguardia que lo dirigirá en su lucha contra el Estado burgués y su ejército. Tan sólo un partido marxista leninista podrá acaudillar y dirigir a la clase obrera en una auténtica lucha por la liberación nacional y social”. Los ataques a las comisarías 20 y 24 de Rosario, el secuestro en esa ciudad de Stanley Silvester, cónsul británico y gerente de la compañía Swift; la liberación de prisioneros de la penitenciaría de Villa Urquiza en Tucumán; el asalto al Banco Nacional de Desarrollo en Buenos Aires; el rapto y ejecución de Oberdán Sallustro, director general de Fiat Concord, y el desvalijamiento de blindados tran portadores de caudales en Yocsina y Escobar figuran entre sus operaciones más resonantes hasta el 11 de marzo de 1973.

Hacia 1979 el PRT/ERP se deshizo en pedazos. Quienes estudien su existencia —y en particular los que sustentan versiones conspirativas de la historia, esos catedráticos que endilgan “fascismo” a los Montoneros por la previa militancia de Fernando Abal Medina en Tacuara— es bueno que conozcan algunos hechos. Como que el principal animador del FRIP, núcleo originario del PRT/ERP, fue uno de los hermanos mayores del ‘Roby”, Francisco René, que había hecho sus primeras armas en política bajo la batuta de Juan Queraltó en la Alianza Libertadora Nacionalista, grupo de choque de la extrema derecha peronista. O también que ‘Joe” Baxer, asaltante del Policlínico Bancario en 1963 como “facho” del MNR Tacuara, no vaciló en ingresar al PRT/ERP y tampoco en dejarlo hacia 1972 con los ultratrotskistas de la “fracción roja”.

Finalmente el grupo más importante, el que fuera calificado como la segunda organización terrorista mundial en su tiempo: los Montoneros.

MONTONEROS Montoneros (Izquierda peronista).

Los primigenios Montoneros irrumpieron con el “aramburazo”, idea del estudiante cordobés de medicina Emilio Angel Maza (y no iniciativa del general Francisco Imaz, ministro del Interior de la “morsa” Onganía, como decían ciertas fuentes). Las otras dos operaciones con que debían aparecer públicamente (copamiento de La Calera el 7 de julio de 1970 y de la cárcel militar de San Vicente, ambas en Córdoba) trastabillaron en la adversidad. A consecuencia de la primera fue abatido Maza, quien la dirigiera. Esas caídas anularon la “recuperación” de armamento que pensaban efectuar en la prisión castrense de San Vicente, cuyo nombre se inscribiría en la historia con otras letras, cuando un lustro después el general Menéndez abriera allí el campo de concentración de La Ribera.

Previo al advenimiento, los “proto” Montoneros habían desechado el establecimiento de un núcleo armado en la cuña boscosa chaco-santafesina; mantenían discusiones políticas medianamente organizadas desde 1968, fecha de un primer encuentro en las sierras de Córdoba de militantes oriundos de diferentes provincias. Varios de sus integrantes provenían de Buenos Aires; de la JOC (Juventud Obrera Católica), como Mario Firmenich y Gustavo Ramus; o independientes de izquierda, como Carlos Maguid, el “pata loca” Beláustegui o Carlos Raúl Capuano Martínez, estudiante de arquitectura de la Universidad de Córdoba, “exportado” a la Capital después de La Calera.

Varios de los miembros iniciales obtuvieron Instrucción militar en Cuba. Entre ellos, Norma Arrostito, Gustavo Lafleur y Fernando Abal Medina.

Todos hacían propio el pasado de violencia emprendido por el peronismo ante la agresión “gorila”. Se proponían “ir constituyendo el Movimiento Armado Peronista, que junto a otros grupos armados desarrollará la guerra popular para la toma del poder y la puesta en marcha del socialismo nacional, en el que se hagan realidad nuestras tres banderas: independencia económica, justicia social y soberanía política”.

A fin de “reconquistar el poder, para hacer posible el retorno de Perón y el pueblo al poder, tenemos que derrotar definitivamente al ejército de la oligarquía y el imperialismo. Para ello no bastan las movilizaciones, las huelgas. la lucha electoral, porque si bien todas las formas de lucha son legítimas. lo son encuadradas dentro de una estrategia de guerra popular ya que a un ejército sólo se 10 derrota con otro ejército”. Esa “guerra popular” debía “ser total, nacional y prolongada”, pues suponía “la destrucción del Estado capitalista y de su ejército”, “la emancipación del dominio extranjero, a la par que la reivindicación del pueblo argentino” y la formación de un “ejército popular, lo que implica tiempo para desarrollarlo y además debido a las características del ejército enemigo, al cual no es posible derrotar en un combate y sí, en cambio, desgastaría en la lucha a través del tiempo”.

Con ese objetivo robaron los bancos de San Jerónimo Norte y La Calera (dos veces), “desarmaron” policías, junto con las FAL liberaron presas políticas de la Cárcel Correccional de Mujeres en Buenos Aires, ocuparon la Casa de la Independencia en San Miguel de Tucumán y pusieron caños en distintos puntos del país.

El asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu, un auténtico conspirador, fue la carta de presentación de esta facción. Escribió Juan Gasparini:

aramburu El general Aramburu se había ganado el derecho a opinar. Desengañado luego de haber ido “por las malas” buscó “por las buenas” el manso sometimiento electoral del peronismo, que debía inclinarse ante su candidatura para “salir” del “onganíato” con la frente alta. Sus ideas fueron consecuencia de una vida abocada a la conspiración. Se alzó contra Perón en septiembre de 1955. Conculcando la Constitución Nacional, integrando el grupo que se apoderó por la fuerza del poder público, negó la soberanía popular y sometió a los poderes legislativo y judicial. Expulsó a Lonardi el 13 de noviembre de 1955 por negarse a avasallar la totalidad de las conquistas sociales justicialistas. A los tres días intervino la CGT, encarceló a sus dirigentes, disolvió la CGE y la Fundación Eva Perón y prohibió el Partido Justicialista. Ordenó borrar “imágenes, símbolos, nombres y fechas peronistas”, y el secuestro del cadáver de Evita. En 1956 firmó los decretos 10.363 y 10.364, encubriendo los asesinatos de Lanús y José León Suárez que siguieron a la insurrección de Valle. En 1957 organizó ilegalmente una convocatoria electoral (que requería un Congreso legítimamente constituido para ser llamada) a fin de eliminar las reformas constitucionales del ‘49, principalmente lo relacionado con los derechos de los trabajadores y la propiedad del subsuelo. El “vasco” hacia gala de sus convicciones latifundistas y de su odio al movimiento obrero.

Primero pretendió aparecer como alternativa a Illia en 1963: fracasó estrepitosamente. Volvió conjurando contra Onganía.  Aramburu terminó dando pie al surgimiento de la guerrilla urbana peronista. El 29 de mayo de 1970, primer aniversario del “cordobazo” y fecha en que el “onganiato” festejaría por última vez el Día del Ejército, el comando “Juan José Valle” de los Montoneros segó su trayectoria. En “La Celma”, un casco de estancia ubicado en Timote propiedad de la familia Ramus, sucumbió bajo cuatro tiros de pistola descerrajados por Fernando Luis Abal Medina el 1 de junio de 1970 luego de que sus captores lo encontraran culpable de los mayores escarnios sufridos por el peronismo.

El regreso de Perón.

rucci-regreso_de_peron La dictadura de Lanusse abre otra vez el juego electoral y permite al peronismo participar. Héctor Cámpora ganó las elecciones de marzo de 1973, con la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.  En su discurso inaugural expresó su sumisión total a la figura del líder exiliado.

El odontólogo Cámpora estuvo vinculado de forma estrecha con la facción más revolucionaria del peronismo, era una figura respetada por la izquierda peronista.

Finalmente Perón regresa con intenciones de asumir el poder. Fue el 20 de Junio de 1973 y en la zona del aeropuerto de Ezeiza se organiza un recepción que fue dominada en la zona del palco por sectores de derecha, mientras los grupos revolucionarios estaban encolumnados al frente.  El enfrentamiento fue intenso: 13 muertos y 365 heridos.

La tesis de Horacio Verbitsky en su libro Ezeiza, propone que la masacre fue premeditada para desplazar a Héctor Cámpora del poder.

Sostiene que, las diferencias ya eran insalvables entre la ultraderecha y la izquierda, cuando el 2 de junio de 1973, algunos días antes de la masacre, José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, declaró que estaban en contra de los imperialismos de izquierda. La derecha sindical comenzó a intentar mejorar posiciones en cargos públicos frente al otro sector, colocando a gente cercana a Rucci.

La polarización del peronismo era profunda. El hombre viejo y enfermo que descendió en la base militar de Morón no podía salvar ese abismo, conciliar las tendencias antagónicas que se mataban en su nombre.

“Los drogadictos, homosexuales y guerrilleros no pudieron triunfar, no tomaron el micrófono para difundir sus mentiras, no coparon el palco de Perón y Evita”, sostuvo al cumplirse un mes del tiroteo Jorge Manuel Osinde, amigo y  encargado de seguridad de Perón.

Durante y después de Ezeiza, se evidenciaron las estructuras básicas que habían creado para la implementación del genocidio, fue el germen del gobierno de Isabel Perón y José López Rega, de la Triple A y del genocidio abierto en el país después del golpe de 1976.

“No se trató de una guerra entre bandos, se trató de una agresión fríamente planificada, un crimen de lesa humanidad producido deliberadamente como parte de una conspiración para derrocar al gobierno”

Este video nos traslada a ese momento:

Rucci, cerca de Perón, lejos de los Montoneros.

jose-rucci-muerto De su ola de crímenes, lo Montoneros exhiben también la muerte de José Ignacio Rucci, titular de la CGT y una figura cercana a Perón. Sucedió el 25 de setiembre de 1973. De esta manera intentaron demostrar su poder con un mensaje a la derecha peronista, acusando y condenando a Rucci por su supuesta responsabilidad en la masacre de Ezeiza.

Para muchos Rucci, dirigente oriundo de la provincia de Santa Fe, era quien protegía a Perón de José López Rega, su siniestro secretario. Su asesinato, llorado por Perón, dejó el camino abierto de la ultraderecha para dominar el gobierno y el país.

La “juventud maravillosa” del General Perón devino en los imberbes despedidos de la plaza por el líder. 

Fue el 1ro. de mayo de 1974. Alberto Amato escribió en Clarín:

montoneros 2 Aquellos jóvenes encolumnados detrás de lo que llamaban, con desparpajo y encanto, “la gloriosa JP”, o miembros activos de la guerrilla “Montoneros” parecían no comprender lo que Perón tenía claro: había que gobernar la Argentina, y no decirle a Perón cómo gobernar.
Amigo de las parábolas, el General lo había puesto blanco sobre negro con una de aquellas célebres sentencias suyas hechas de cemento armado: “No es hora de gritar ‘La vida por Perón’ Es hora de defenderlo”, había dicho en un intento por disciplinar a los díscolos.
Los díscolos habían soñado un Perón revolucionario. Era un sueño apenas del que despertaron con la celeridad y el candor de los veinte años, para acomodar las ilusiones en el rellano desahogado que le adjudicaba al Presidente las cualidades estratégicas de Aníbal. Pero no soportaban el giro a la derecha de un peronismo al que también soñaban diferente, ni a José López Rega, el poderoso ministro de Bienestar Social al que le adjudicaban, con razón, intenciones y acciones criminales. Y tampoco a la vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, en quien intuían un quimérico deseo de parangonarse con la mítica Evita.
En aquel 1974 la Argentina era un vendaval. Quien lo vivió, lo sabe. El acto del 1º de mayo no fue sino la ratificación de una decisión tomada por Perón mucho antes, tal vez el día de su segundo retorno al país, entenebrecido por la masacre de Ezeiza; tal vez cuando Montoneros asesinó a uno de sus hombres más fieles, el secretario general de la CGT, José Rucci; tal vez cuando los embates de la guerrilla marxista del ERP, con la que Montoneros y la JP mantenían “diferencias” sin decidirse a la ruptura total.

Así fue ese acontecimiento histórico:

En la parte 3 de esta historia, la subversión y el terrorismo de estado en democracia, la debacle de los montoneros y su retorno al presente.

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 Lea la continuación de este artículo: El fin y la resurrección de los Montoneros.

https://laterminalrosario.wordpress.com/2008/09/04/somos-la-rabia-parte-3-final-el-fin-y-la-resurreccin-de-los-montoneros/

Fuentes consultadas:
“Historia de la tortura y el orden represivo en la Argentina”, Ricardo Rodriguez Molas, EUDEBA ,1985.
“Montoneros, final de cuentas”, Juan Gasparini, Punto Sur, 1988.
http://www.clarin.com/diario/2004/04/30/p-02201.htm
http://www.luchaarmada.com.ar/nota.asp?nota=2432
http://nuevoencuentro.com/decadadel70/?p=59
 
Anuncios

3 Comentarios Agrega el tuyo

Deja un comentario y participa del debate....

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s