Lectores virtuales peligrosos.


La participación de los cibernautas en páginas de internet presentaba un panorama alentador a favor de la libertad de expresión. Sin embargo son abundantes los casos en donde los excesos, insultos y mentiras ocasionan perjuicio a quienes son propietarios de esos espacios en la red. Un diario rosarino debió suspender la opinión de los lectores ante la catarata de groserías.

En diciembre de 2007 el diario rosarino “La Capital” había incluído la posibilidad de que los lectores opinen. Pero eso ya terminó. Los excesos escritos, que apuntaban al desprestigio de políticos, funcionarios y hasta miembros del propio diario, obligaron a levantar esa sección.

Edificio Diario La Capital, Rosario, Argentina.

Duró 9 meses la oportunidad de los rosarinos de participar en las “columnas del pueblo” de “La Capital”, centenario diario fundado por Ovidio Lagos y que explota un holding liderado por el grupo Vila-Manzano.

En la última semana de agosto de 2008 la lápida fue escrita en el mismo portal del diario para conocimiento público:

 http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/08/28/noticia_0039.html

El relanzamiento de LaCapital.com.ar implicó allá por diciembre pasado muchos cambios en el sitio para beneficio de los lectores. Más y variada información, nuevas secciones, columnas de opinión, servicios, galerías de fotos y videos, entre otros. Además, se habilitó sin ningún tipo de restricción la posibilidad de que los usuarios puedan comentar cada una de las notas que se publican. El objetivo era que todos pudieran expresarse con la más absoluta libertad, pero también con la condición de ser respetuosos con sus opiniones.

La inmensa mayoría de los lectores comulgó con esta idea, pero en las últimas semanas algunos usuarios, amparados en el anonimato, han utilizado esta valiosa herramienta de participación para la ofensa gratuita, el insulto y la falta de respeto.

LaCapital.com.ar respeta todas las ideas, sin ningún tipo de censura, tanto sean críticas a funcionarios de cualquier nivel del Estado como a este propio medio u opiniones acerca de cualquier tema, y los usuarios tienen la amplia libertad para decirlo de mil maneras diferentes. Pero no va a permitir en absoluto que unos pocos desubicados utilicen este sitio como vehículo para agraviar e insultar. Por lo tanto, LaCapital.com.ar se ha visto en la necesidad de interrumpir temporalmente la posibilidad de realizar comentarios de las notas hasta tanto se encuentre el método más eficiente para filtrar este tipo de opiniones.

Quienes ingresamos a sus páginas quedamos petrificados ante el tono que utilizaban los lectores para opinar de la realidad y de sus protagonistas. Insultos con todas las letras, connotaciones sexuales explícitas, humor grosero y hasta peleas conventilleras entre los propios participantes. El diario poco hacía para eliminar esos mensajes que permanecían en pantalla para la delicia de sus autores. Habían fallado los mecanismos de moderación del diario “La Capital” y el filtrado de sus lectores que se registraban sin verificación seria.

Indudablemente el diario había relativizado la importancia de supervisar los mensajes de sus consumidores. En marzo de 2008 un artículo que publicaba en este blog titulado  “Ahora todos somos periodistas”, anticipaba esta situación:

Varios diarios imitan a los blogs al permitir que su lectores publiquen comentarios adjuntos a la noticia. Al igual de lo que sucede con las tradicionales “cartas de los lectores” y con las llamadas directas a los programas de radio, suelen  reiterarse opiniones de las mismas personas, que abusan de la posibilidad que se les brinda. Pero ¿Cómo contener ciertas opiniones sin caer en la censura? ¿Cómo evitar el lenguaje vulgar, la crítica despiadada y sin fundamento?. Aunque existe el filtro del “moderador”, no parece ser un tema que hoy preocupe a los medios, pero cuando esta participación aumente con el tiempo (y así será) deberán abordarse los límites.

En este mismo sitio, “La Terminal”, me he encontrado con situaciones inquietantes cuando los lectores abusaban de la oportunidad de opinar. En mis artículos sobre las estafas de la enseñanza engañosa, la medicina alternativa y la adivinación, ciertos lectores aportaron información sobre supuestos institutos o personas que incurrían en prácticas ilegales o engañosas. La multitud de mensajes permitió observar una interna entre quienes ofrecían terapias sin títulos habilitantes. Sin embargo las amenazas de acciones legales contra mi persona me exhibió el peligro de brindar abiertamente la posibilidad de participación a los lectores. Hay abogados dispuestos a defender lo indefendible, aprovechando el sistema judicial obsoleto que no tiene observado el desarrollo de internet y sus nuevas implicancias sociales.

Lo cierto es que algunos lectores opinaban con distintas cuentas de correo pero desde la misma máquina, en la clara intención de promover la confusión y la mentira. Otros se escudaban en sus direcciones virtuales y no ofrecían datos ciertos que los pueda identificar. En estos casos el sistema de moderación y administración me permitió editar algunos mensajes, no admitirlos o eliminarlos.

En portales informativos importantes de Argentina se suceden opiniones que desvalorizan la información y a sus protagonistas, y se huelen verdaderos “operativos” de individuos que participan de campañas con intención política. En otras partes del mundo los juicios han silenciado sitios, incluso bloqueado servidores.

En verdad, el terreno de la libertad de expresión de los lectores en internet se encuentra dificultado por un sistema legal litigioso que abonan algunos abogados miembros de la industria del juicio y la falta de leyes claras que separen a los productores de contenidos de los lectores que se introducen con sus opiniones. Simplemente, el responsable de la página será quién pague las consecuencias de los excesos de sus ocasionales visitantes, escondidos detrás de una dirección de correo virtual.

Así, una herramienta para la democracia, la expresión y la libertad, deberá ser regulada por la inmadurez de parte de la sociedad. Y eso significa censura.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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