Somos la rabia (Parte 3, final): El fin y la resurrección de los Montoneros.


Setentistas

Pese a que se presentaban al mundo como un grupo revolucionario popular, los Montoneros llegaron al final de sus días lleno de derrotas pero con los bolsillos repletos de dólares. Los secuestros de 1976 y 1977 les permitió huir del país a buena parte de su cúpula e instalar representaciones en Madrid, México, Roma, París y Caracas. Un millar de seguidores también en el exilio eran el único bastión de su existencia. Algunos de sus referentes reaparecen en el siglo XXI detrás de un gobierno democrático y abren la polémica. ¿Merecen una oportunidad de estar en el poder?.

Continúo con esta serie que llamé “Somos La Rabia”. Lea los artículos anteriores sobre este tema:
La violencia política
(https://laterminalrosario.wordpress.com/2008/06/28/somos-la-rabia-parte-1-la-violencia-poltica/)
Los Vasos Comunicantes
(https://laterminalrosario.wordpress.com/2008/07/01/somos-la-rabia-parte-2-los-vasos-comunicantes/)

 

Perón se va a la tumba sin haber podido dominar a esa juventud rebelde. La relación no era cordial. Tenían objetivos distintos. La izquierda peronista no veía al líder como uno de ellos. La lucha por imponerse era a los tiros.

Inmadurez y prepotencia de la juventud imberbe.

Cuenta el prof. Carlos Salvador Fontana:

La hegemonía de Montoneros comienza cuando la Juventud Peronista pasa a identificarse como tendencia revolucionaria del movimiento peronista. “La tendencia.” En esta etapa, los Montoneros se dan una política de masas y sus cuadros de superficie hacen la campaña electoral de 1973, que culmina con el triunfo del 11 de marzo (Gana Héctor Cámpora). Luego vienen sus enfrentamientos con Perón y, como fruto maduro de esos enfrentamientos, surge un acto decisivo en la historia de la organización y en la historia de su aislamiento del “pueblo peronista” que tanto invocaba: el asesinato de Rucci. Se trata de uno de los errores más desdichados de la historia política argentina. Perón acababa de ganar en elecciones democráticas por un margen superior al 60 %.

Muchos de los antiguos terroristas hoy ocupan cargos gubernamentalesEl país, empeñosamente, buscaba un camino de pacificación. Pero la teoría del “apriete” pudo más. Había que tirar un cadáver sobre la mesa de negociaciones. Y los Montoneros apostaron duro: tiraron el de Rucci. Ese mismo día la derecha peronista mató a Enrique Grynberg, un militante de la Juventud Peronista. Empezaba la masacre. A partir de aquí, la gente se asusta. Se comienza a perder el trabajo territorial, de base. El “pueblo peronista se va a su casa”. Siempre que hubo violencia el pueblo peronista se fue a su casa. Se lo había enseñado Perón: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”, les indicó en los momentos más fragosos de 1955. Los Montoneros los espantaron. Se acabó esa consiga “a la lata, al latero, las casas peronistas son fortines montoneros”.

Era una típica consigna de trabajo de superficie, barrial, villero. La izquierda peronista conocía mal al manso “pueblo peronista”, hijo dilecto del Estado de Bienestar. Pero los Montoneros lo conocían peor. Matar a Rucci fue el paradigma de ese desconocimiento. Estaba mucho más cerca del verdadero “pueblo peronista” Rucci negociando con Gelbard y Perón la Ley de Contratos de Trabajo que los iracundos Montoneros asesinándolo. A “nadie” le cayó bien el acribillamiento de Rucci. Los militantes de superficie se sintieron desconcertados. ¿De dónde provenían esas decisiones tan radicales? De la conducción. ¿En manos de qué conducción se estaba? ¿Cómo resolvía la conducción lo que había que hacer? En principio: “no consultando, en absoluto, con los cuadros de superficie”. Para la conducción, los cuadros de superficie eran los “perejiles”.

Maria Estela Martinez de Perón, junto a López Rega en 1975Muerto Perón asume su mujer, María Estela Martínez de Perón, acompañada de José López Rega y un séquito de miembros de la ultraderecha que enfrentan a la izquierda con otro grupo armado clandestino: la triple A.

El gobierno democrático se transformó en un estado terrorista, y sus víctimas eran no solo los Montoneros sino aquellos que pensaban distinto. Hicieron la escuela que luego siguieron los dictadores para aniquilar a la subversíón. Los montoneros continuaron con su tarea y colaboraron para la caída del gobierno isabelino.

Cuando los militares interrumpieron en el poder creyeron tocar el cielo con las manos, ya que tenían enfrente a un enemigo que creían poder doblegar. Sin embargo sus principales cuadros huyeron al exterior, para poder diagramar la estrategia que los llevaría definitivamente al control del país.

En esos últimos años de la década del 70, el país vivía la más sangrienta dictadura de su historia. El  grupo insurgente que debería enfrentarla vivía una recorrida casi turística por el mundo, simulando lo que no eran.

Precisamente, su imagen de un grupo que luchaba por las clases trabajadoras distaba mucho del buen pasar de sus dirigentes en las capitales del primer mundo.

En agosto de 1976 se produce un extraño accidente que involucra al ex ministro de Economía de Perón, David Graiver. Su avión cae en la ladera de una montaña cuando se dirigía a Acapulco desde Nueva York, en un hecho que se sospecha fue tarea de agentes encubiertos de la dictadura argentina. Cuenta Richard Gillespie:

Iban presumiblemente con él los diecisiete millones de dólares cuyos beneficios e intereses, procedentes de inversiones en bancos, industrias y fincas, habían rendido 130.000 dólares mensuales, destinados al mantenimiento de los Montoneros y su infraestructura. Pero la precaución había aconsejado a los secuestradores de los hermanos Born desviar, en 1975, cincuenta millones de dólares hacia Cuba, donde, aun cuando no rentaban nada, estaban absolutamente seguros. A principios de 1979, les quedaban todavía unos treinta millones de dólares.

En 1977, cosa nada sorprendente, los líderes que controlaban los fondos y el armamento de la organización establecieron su base estratégica en La Habana. Firmenich y los otros «comandantes» empezaron a viajar en busca de aliados internacionales, aun cuando su principal pied-ít-terre siguió siendo Cuba, donde, a pesar de operar sin mucha publicidad, el «comandante» Firmenich aparecía en las celebraciones oficiales más importantes como invitado del gobierno y del Partido Comunista Cubano.

Sin problemas de dinero, se inició una gran ofensiva propagandística contra el régimen argentino. Las publicaciones montoneras se multiplicaron: a Evita Montonera, técnicamente el órgano del partido, se le unieron varios boletines de noticias sindicales, un órgano del Ejército Montonero, una síntesis general de noticias, una revista internacional del MPM y una gran cantidad de circulares impresas ocasionales. Se instaló legalmente una emisora de radio de onda corta en Costa Rica, que se dedicó a difundir denuncias del régimen en Argentina por toda América Latina.

Los Montoneros también crearon Radio Liberación. Consistía en unas pequeñas cajas portátiles que podían ser introducidas en Argentina y que, al ser enchufadas en una toma de corriente eléctrica, emitían cortos mensajes grabados en cinta magnetofónica a través de los televisores en un radio de ocho o diez manzanas de casas. La voz de los Montoneros sería también oída en los principales foros internacionales, pero la que prevalecía en ellos era la de los líderes. Eran éstos los que alternaban con la alta sociedad revolucionaria, quienes disfrutaban de libertad económica para viajar, mientras que los exiliados corrientes, muchos de ellos graduados sin trabajo, sufrían grandes dificultades económicas. Lejos de la Argentina, éstos se hicieron más dependientes de sus líderes, tanto para la recepción de noticias como para las asignaciones de tipo económico, pero también se volvieron más críticos respecto a ellos. Al fin y al cabo, si Mario Firmenich, Roberto Perdía, Horacio Mendizábal y Fernando Vaca Narvaja estuvieron de acuerdo en la necesidad de invertir millones de dólares en viajes, en publicaciones a menudo demasiado lujosas y en una nueva infraestractura, ¿por qué razón no podía dedicarse ahora, en la seguridad del exilio, una pequeña parte del dinero a la financiación del tan largamente prometido congreso del Partido Montonero?

Lejos de la acción militar, los Montoneros se transformaron en difusores de la realidad argentina, en contra de la dictadura. Alguna vez quisieron llevarse los laureles del asesinato de Somoza en Paraguay, pero el dictador nicaragüense había sido interceptado por el ERP.

Sus movimientos internacionales no tenían demasiado efecto. La iglesia jamás les respondió sus cartas, las Madres de Plaza de Mayo no los tenían como referentes aunque tenían ciertos lazos de sangre y los países socialistas no los recibieron ya que mantenían importantes relaciones comerciales con Videla.

Tampoco pudieron ingresar a la Internacional Socialista, ya que el comunismo argentinos comulgaba con la dictadura.

Aparentemente el mundo se dio cuenta de que estos insurgentes que estaban en el exilio, hablaban de una ilusión que poco tenía que ver con la realidad.

Argentina ’78, y la reaparición de los Montoneros.

El Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, permitió a reaparición de Montoneros en la realidad Argentina, aunque sin el brillo esperado. El enorme poder de la dictadura no permitió que se lucieran los atentados, y, pese a todo, pocos se percataron de la situación argentina. El fútbol y el nacionalismo van de la mano, y en el título de campeón mundial al seleccionado argentino dejó en un segundo plano a la Videla. Ya no tiene la alegria de otros tiempos, como cuando entregó la Copa del Mundo en 1978 a su selección.antipupular dictadura.

Montoneros declaró que ese mundial sería un «festival popular» que transformarían en una «conferencia de prensa gigante para informar al mundo de la tragedia que nuestro pueblo está sufriendo».

Así cuenta Gillespie:

 

Persiguiendo tal objetivo, publicaron un folleto tan llamativo como el prospecto de una compañía multinacional; dieron conferencias de prensa en Buenos Aires a cargo de Juan Gelman, Norberto Habegger y Armando Croatco; y difundieron la consigna de que los asistentes a la competición gritaran durante los partidos: « ¡Argentina campeón! ;Videla al paredón! » Al mismo tiempo, el Ejército Montonero, completamente apartado de las multitudes futbolísticas, entraba en acción para demostrar que aún poseía suficiente capacidad militar para producir impactos en los centros de represión.

Utilizando lanzacohetes portátiles RPG-7 por primera vez, se llevaron a cabo dieciocho ataques contra casas de oficiales del Ejército, la Escuela Superior de Guerra, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la sede del Servido de Información del Ejército, la Casa de Gobierno, el Alto Comando del Ejército y varias comisarías de policía; además, fue asesinado un jefe de gendarmería. Por desgracia para los Montoneros, aquella actividad tuvo demasiado éxito: los guerrilleros alcanzaron sus blancos, consiguieron evitar la muerte de civiles y se retiraron sin bajas. Por ello la prensa pasó por alto los hechos, anulando así su valor político y dando pie a la repetición de las grandes explosiones prácticamente contraproducentes y a los asesinatos espectaculares, acciones que nadie podía silenciar.

A efectos de propaganda, y a pesar de las afirmaciones montoneras de que «nosotros ganamos el mundial de fútbol», el campeonato estimuló la clase de nacionalismo de que se beneficiaría el régimen. El único consuelo para sus adversarios fue el espectáculo de las contracciones nerviosas del general Videla mientras, durante la ceremonia de presentación final, los retrasos provocaban fuertes silbidos de todos los espectadores. El público internacional llegó a conocer muy poco de los centros secretos de detención solamente una selección argentina bien organizada que recibió los honores al vencer a Holanda por 3 a 1 en la final, con dos goles de Kempes y un tercero de Bertoni.

En este y otros casos, la jefatura montonera, llena de un triunfalismo nada convincente, se mostró totalmente incapaz de reconocer sus fallos, sus reveses y su derrota.

Algunos se preguntan qué pasó con el sector que alimentó Montoneros y que representaba a la izquierda marxista: Las FAR Había sido eliminada en su totalidad. Además algunos deslizaron vínculos con el comandante de la armada argentina e integrante de la junta militar, Massera.

¿Firmenich, doble agente?

Mario Eduardo FirmenichCita Fernando Paolella al periodista y escritor estadounidense Martin Andersen, autor de Dossier Secreto. Allí Andersen califica al máximo líder de Montoneros, Mario Firmenich, como “un flautista de Hamelin contemporáneo que condujo a la muerte a una generación”.

En el citado libro, Andersen le da con un palo a la reputación revolucionaria de Firmenich: “La sospecha de que Firmenich podría hacer sido un agente de inteligencia data desde el secuestro-asesinato de Aramburu. La confirmación definitiva de su actividad como agente doble, sin embargo, proviene de un diplomático retirado de los EE.UU. que vivió en la Argentina durante toda la década del 70.

La fuente a la que la embajador Robert Hill había encomendado la tarea de vigilar la amenaza de la guerrilla, tenía acceso directo a los oficiales superiores del Ejército argentino. El norteamericano dijo que Alberto Valín, un coronel que trabajaba para el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército en Buenos Aires le contó que era el que trataba con Firmenich.

Valín, considerado por la embajada “definitivamente creíble”, había dado a los norteamericanos abundantes datos de inteligencia invalorables.

El diplomático dijo que Firmenich empezó a cooperar con la unidad 601 a principios de la década del 70, cuando los Montoneros pasaron abiertamente a la izquierda. Su ayuda fue “ideológica al principio, y luego por la excitación que le provocaba” según el norteamericano. El Ejército lo trató con “mucha inteligencia”.

El diplomático, que dijo haber mandado extensos despachos a Washington sobre el tema, afirmó que una de las primeras tareas encomendadas a Firmenich fue la de ayudar a desacreditar a los Montoneros. Como los peronistas de izquierda habían en gran medida abandonado la política armada a mediados de 1973, era necesario apartarlos del reformismo de izquierda y llevarlos a actividades o presuntas acciones que los convirtieran en parias políticos.

Así pues, a través del propio Firmenich o por medio de “tabicados” (emisarios que cumplían sus órdenes manteniéndose ellos mismos y sus acciones desconectados de él), hizo que los Montoneros recibieran el crédito de una serie de espectaculares, pero políticamente costosos, asesinatos que no habían cometido. Uno fue el asesinato de Rucci; otro el de Mor Roig.

Más adelante, Andersen lo despedaza con la precisión de un cirujano: “La cooperación de Firmenich con el Ejército, bien conocida por la comunidad de inteligencia de los EE.UU. ayudó a los militares a justificar el terrorismo de Estado y la toma ilegal del poder.”

De fracaso en fracaso.

Las ofensivas militares no lograron objetivos a largo plazo. Tampoco las de carácter político.

En 1979 la contraofensiva popular que habían anunciado no tenía impacto en la sociedad, que jamás entendió la propuesta revolucionaria de los Montoneros.

Gillespie apunta sobre el tema:

Animados por el aumento de las huelgas en 1978 y por la manifestación de cinco mil personas el día del cuarto aniversario de la muerte de Perón, los Montoneros intentaron su prometido «desembarco de Normandía» Según su análisis de la situación, había en aquel momento una posibilidad real de que los trabajadores se apoderaran de la calle, de que se recuperasen los derechos sindicales, de que se derribara a Martínez de Hoz y de que se dividieran las Fuerzas Armadas obligando a éstas a una desbandada. Sin embargo, quizá más importante que la consideración del estado de ánimo de las masas argentinas era un antiguo temor de todos los exiliados políticos: el de que, a menos que regresaran pronto, su organización sería completamente olvidada; tal como ellos mismos lo expresaron, «desaparecerá políticamente ante las masas».

Existía en el grupo una exageración en estimar el nivel de unidad de la clase obrera, su identificación con los Montoneros y su preparación revolucionaria, y una subvaloración del enemigo. Los Montoneros volvieron a demostrar que sus iniciativas orientadas hacia la masa laboral seguían siendo incorregiblemente militaristas.

El plan de la campaña hacía hincapié en la movilización sindical como clave del éxito. Tenían instrucciones de aniquilar al equipo económico de la junta pero habían recibido también la orden de sincronizar sus golpes mortales con la esperada explosión de la combatividad de la clase obrera, lo que vendría a culminar varios meses de agitación, transmisiones de Radio Liberación y negociaciones políticas. Según los que habían planeado la operación, el momento cumbre de la misma sería la salida masiva de los obreros de sus fábricas, especialmente en el norte de Buenos Aires, para llevar a cabo una marcha hacia la Plaza de Mayo. Y allí podría suceder cualquier cosa. Recordando la histórica movilización obrera del 17 de oc tubre de 1945, el «Cordobazo» de 1969 y el «Rodrigazo».

Los ataques al equipo económico habían empezado con el asesinato, en abril de 1978, de Miguel Padilla, asesor del Ministerio de Economía sobre política salarial, y con la voladura de la casa de Juan Alemann, secretario de Hacienda, durante la carnpaña de la Copa Mundial. El nímero de víctimas montoneras en 1978 llegó a seis a mediados de agosto.

La clase obrera se mostró reacia a la manipulación de los Montoneros. Los trabajadores permanecieron en sus fábricas, algunos luchadores, pero todos como observadores del espectáculo montonero. Las unidades montoneras demolieron la casa de Guillermo Walter Klein, secretario de Planificación y Coordinación Económica, hiriendo a toda su familia y matando a dos policías en la acción; dos semanas después, hirieron a dos guardaespaldas en un ataque con metralletas y bazucas, sin éxito, en Belgrano, a Juan Ale mann, secretario de Hacienda, y a mediados de noviembre asesinaron al empresario Francisco Soldati y a un guardaespalda en el bullicioso centro de Buenos Aires.

Estos ataques recibieron un impacto negativo en la opinión pública. Los medios, controlados por el gobierno, exhibieron la magnitud de los hechos sobre figuras que no eran militares, aunque respondían a ellos. Hasta algunos sindicatos repudiaron los atentados, así que el plan de Montoneros de pretender usarlos para su llegada al poder fracasó, sin medias tintas.

 

 

Final anunciado.

Dividido en dos tendencias y diezmado por el enemigo, los montoneros en el exilio ya no tenían expectativas de vida.

En 1979 Rodolfo Galimberti se retira de la cúpula, junto con el poeta Juan Gelman. Escriben su despedida y critican «el resurgimiento de un militarismo de origen foquista que impregna todas las manifestaciones de la vida Política en las estructuras a las que renunciamos»; el «concepto elitista de un partido de cuadros» de los Montoneros; el «recurso a prácticas conspiradoras» de la jefatura y su «insensato sectarismo», así como «la definitiva burocratización de todas las esferas de dirección del Partido, cuya última expresión es la falta absoluta de democracia interna, lo cual sofoca cualquier intento de reflexión crítica, a la que desechan como deserción o tra ción, escondiendo la ausencia de respuesta política tras un irresponsable triunfalismo que no convence a nadie».

Los disidentes se llevan un puñado de dólares y se lamentan de no haber podido conseguir más, sabiendo que había 30 millones en poder de Firmenich. Solicitan que esos fondos sean repartidos entre todos los miembros, armados o no. Como no podía ser de otra manera, la respuesta de Firmenich fue una amenaza de muerte a los desertores.

Gracias a esa tendencia de los Montoneros llega a nuestros días los escritos de Rodolfo Walsh, dirigidos a los dirigentes que nunca contestaron. En ellos Walsh recomendaba que no se llevara a cabo «ninguna acción militar que no esté ligada en forma directa inconfundible con un interés inmediato de las masas»”

Sin una estrategia que les haya permitido llegar al corazón del pueblo y derrocar a la dictadura, los montoneros se diluyeron en discursos, propaganda y exhibicionismo militar. Las masas estaban muy lejos de entenderlos.

Demasiado idealismo condimentado con la sangre de miles de seguidores. Esa realidad era mostrada como el sacrificio de la tropa para alcanzar el objetivo de la revolución, pero nunca se llegó a ese destino.

Luego la democracia le devolverá identidad a los expulsados y lo perdonará de los errores cometidos.

¿Quién votó a los montoneros?

El presente nos ofrece un efecto “retro” de discursos posturas y mensajes. Los Montoneros han vuelto en su versión siglo XXI, sin que la mayoría entienda su historia y su propuesta.

¿Quién votó a los montoneros? Es el título de un artículo del Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla que publica el sitio Sin Mordaza.

El 25 de mayo de 1973, la banda Montoneros llegaba a la Casa Rosada de la mano de Héctor J. Cámpora, a quien habían rodeado y condicionado. Los votos no eran de ellos ni del “Tío” Cámpora, sino de un general exiliado en España bajo la protección de Franco: Juan Domingo Perón.

La jugada de la banda era astuta, ya que especulaban con la precaria salud del caudillo, y además, porque pensaban matarlo en Ezeiza, cuando Perón regresara al país. Desde Madrid, el jefe justicialista ordena un dispositivo de seguridad a cargo del Teniente Coronel Jorge Osinde, un viejo camarada de armas. Y allí, en su terreno, las bandas armadas de Montoneros y otras organizaciones terroristas perdieron en el mano a mano.

Mientras ocurría la batalla campal, el Vicepresidente Vicente Solano Lima, un conservador amigo de Perón, advertía por radio al caudillo para que su avión aterrizara en la base militar Morón de la Fuerza Aérea, porque los montoneros querían asesinarlo en Ezeiza. Así salvó su vida.

Luego de esto, Perón exige la inmediata renuncia de Cámpora, y se llama nuevamente a elecciones, que el viejo general gana con el 62 % de los votos. A los pocos días del triunfo, Montoneros asesina al líder de la CGT, José Ignacio Rucci, mano derecha de Perón.

Desde la Presidencia de la Nación, el líder justicialista envía al Congreso la reforma al Código Penal, aumentando penas y castigando delitos subversivos y terroristas. Los pocos diputados montoneros se niegan a votar, y son expulsados de sus bancas. Entre ellos estaba Carlos Kunkel, actual Subsecretario General de la Presidencia. Desde el diario “Noticias”, en ese tiempo órgano oficioso de Montoneros, se apoyaba a los diputados expulsados. El diario era dirigido por Miguel Bonasso, cabecilla de la conducción de Montoneros, y el principal redactor era Horacio Verbitsky, 2º Jefe de Inteligencia de la organización terrorista.

El 1º de Mayo de 1974, Juan Perón expulsa públicamente a los montoneros de la Plaza de Mayo. Terminaba el primer intento de llegar al poder con trampas.

Segundo intento

Treinta años después de aquel 25 de Mayo de Cámpora, llegaban a la Casa Rosada otra vez los montoneros, también con votos prestados del justicialismo. El gobierno del país se centraliza en un grupo reducido, hermético, que funciona al viejo estilo de la “orga”: los Kirchner, Carlos Kunkel, Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky.

Kirchner reemplaza a Cámpora. Los demás son los mismos.

Al no contar con votos, los montoneros volvieron a emplear su vieja y conocida técnica de la “infiltración” en el peronismo. Por eso, en el agitado Congreso del PJ, Cristina Fernández de Kirchner fue abucheada al grito de “¡Infiltrada, andate!”.

Los montoneros no formaron un partido político, con sus ideas y planes, para presentarse en las pasadas elecciones del 2003. No hubo un “Partido Montonero” que impulsara la candidatura de Néstor Kirchner, y reivindicara el terrorismo de los años ’70. Y no lo hubo porque nadie lo iba a votar. Era más fácil “infiltrarse” otra vez en el PJ, volver a usar la máscara peronista, y lograr los votos que Duhalde le prestó.

Una documental de los Montoneros.

El canal Discovery ofreció en su serie “Siete días de terrorismo” un trabajo de cine documental sobre la historia del grupo insurgente, pero recibió críticas sobre su parcialidad.

José Bechner del “Diario de América” señaló:

En un nuevo documental dirigido por John Blair, en la serie: “Siete días de terrorismo”, muestra a los militares argentinos practicando terrorismo de estado, pero no a la contraparte de los Montoneros que incitaron a la reacción militar con sus miles de atentados, asesinatos y secuestros de inocentes, que les redituó cientos de millones pagados en rescates.

Ellos fueron los precursores del secuestro express. Pero según el narrador, sólo buscaban justicia social.
Ninguna de las luchas ideológicas en el cono sur se transformó en tanta agresividad y crueldad como en la Argentina. La Guerra Sucia fue la peor de Sudamérica. Sediciosos y gobernantes son culpables de los excesos. Uno llevó al otro a una escalada de violencia pocas veces vista. Ninguno es inocente. Ambos bandos son responsables por los miles de desaparecidos.

Hoy los Montoneros ocupan cargos importantes en el gobierno de Kirchner. Lo único rescatable de algunos de los ex dirigentes terroristas, es que tal vez por viejos, reconocen su culpabilidad en los acontecimientos y están jugando a la democracia, aplicando su filosofía política que veremos si da buenos resultados.

El documental de Discovery muestra parcialidad a favor de los Montoneros. Finaliza con un comentario antojadizo, sin ningún fundamento, y que no tiene relación alguna con el contexto del reportaje, diciendo que el terrorismo fue inventado por los judíos. Concluye con otra mentira, la más grande y peligrosa del momento. Que “el terrorismo es producto de la pobreza”, como si poniendo bombas los indigentes mejorarían su condición. Los pobres siempre fueron mayoría pero no asesinos de civiles inocentes. No menciona el fanatismo, la intolerancia, la ignorancia, el afán de saqueo, el desequilibrio mental de los perturbados extremistas, ni el obtuso adoctrinamiento que inculcan sus jefes. A Ted Turner se le puede excusar su ignorancia. Al Discovery Channel no.

Una conclusión.

Crudo ¿No?. ¿Merecen los montoneros una oportunidad en el poder?. Su lucha errática sus víctimas, sus fusilamientos de miembros, su corrupción y sus extraños vínculos ¿Los hacen valiosos para ser rescatados como plataforma de transformación de un país?. Los sobrevivientes dejaron de lado los uniformes, pero también olvidaron contarle a la gente la verdad sobre ese pasado y si esa experiencia contribuye para recrear una nación justa, tolerante y democrática.

Claudio Scabuzzo

La Terminal

 

Fuentes consultadas:
“Soldados de Perón”. Richard Gillespie
“Montoneros, Final de Cuentas” Juan Gasparini, Punto Sur, 1988
http://www.corrientesaldia.com.ar/noticia.aspx?id=109750
http://www.sinmordaza.com/modules.php?name=News&file=article&sid=13803
http://www.portalplanetasedna.com.ar/terrorismo_estado.htm
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=1122
Foto principal: http://setentistasdelaplataalarosada.blogspot.com/2008/02/setentistas-de-la-plata-la-casa-rosada.html
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9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fernando dice:

    Quien te escribio todo el libreto Videla,o Duhalde, Rucci era un flor de facho, pero Montoneros no lo mata, a Rucci lo mata la triple AAA junto a toda la ultraderecha fascista del Peronismo, nunca lo entenderan el Peronismo sera Revolucionario o no sera nada Evita…

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  2. mariano dice:

    siempre la realidad termina saliendo a la luz , ahora que se estan tocando , por primera vez intereses nefastos , salen todos los titeres a hablar de lo que nunca hablaron , torturas , desapariciones , terrorismo, y logicamente ahora se habla de montoneros…
    lo cierto es que soplan vientos de cambio en latinoamerica , cuidado señores, como dijo mirtita legrand , se vino el zurdaje,
    gracias

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  3. Juan dice:

    Me parece que hay muchos prejuicios y muy poco analisis historico. El que habla de la Iglesia ignora el Concilio Vaticano II, Puebla y Medellin, Camilo Torres, etc.
    Respecto al Gobierno actual ovida que fue electo muy recientemente en elecciones libres y con la matoria de la prensa en contra.
    Ademas hay una serie de datos que son falsos como la pertenencia de Nilda Garre a Montoneros(no estuvo ni cerca).
    Seria bueno que abandonaran prejuicios y analizaran hecho, siempre mejra la punteria.

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  4. KKK dice:

    Muy buen post, felicitaciones. Sería bueno resurgirlo y publicarlo más

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  5. german dice:

    ES ALGO MAS QUE SOSPECHOSO QUE UNA ORGANIZACION QUE SE TITULA REVOLUCIONARIA SE ALLA IDENTIFICADO CON EL CATOLICISMO Y UN LIDER COMO PERON, ABIERTAMENTE DETRACTOR DE LA GERRILLAS DE IZQUIERDA.
    PERON ERA UN FASCISTA AUTOCONFESO Y ESO NO LO DIGO CON RESENTIMIENTO. LA VISION DE SOCIEDAD QUE TENIA ERA CORPORATIVISTA Y NACIONALISTA. UNA BURGUESIA NACIONAL FUERTE UN OBRERAJE DOMESTICADO Y AL SERVICIO DE “SUS OBJETIVOS” Y NO REVOLTOSO Y REVOLUCIONARIO.
    SU LUCHA ANTIIMPERIALIATA ERA POSITIVA PERO NO DEBEMOS CONFUNDIRLA CON UNA LUCHA DE TIPO IZQUIERDISTA MARXISTA.
    LOS MONTONEROS, EN SU CUPULA DIRECTIVA, NO ERAN DE IZQUIERDA, ERAN DERECHOSOS CATOLICOS, CON UNA VISION DE SOCIEDAD ORDENADA.
    LOS MONTONEROS ESTABAN A LA IZQUIERDA DE LA AAA PERO ERAN “BIEN” DE DERECHA, COMO DON PERON.
    LA VIOLENCIA POLITICA DE LOS 70 LA REALIZARON LAS DERECHAS Y LA IZQUIERSDA SE DEJO ENSUCIAR GRATUITAMJENTE. EL ERP Y SANTUCHO PAGARON SON SU EXIXTENCIA EL PAENSAR QUE LA IZQUIERDA PERONISTA ERA DEL PUEBLO. ESTA SOLO ES FIEL A SUS INTERESES PARTIDOCRATICOS Y OTROS OSCURANTISTAS.

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  6. german dice:

    ES ALGO MAS QUE SOSPECHOSO QUE UNA ORGANIZACION QUE SE TITULA REVOLUCIONARIA SE ALLA IDENTIFICADO CON EL CATOLICISMO Y UN LIDER COMO PERON, ABIERTAMENTE DETRACTOR DE LA GERRILLA SDE IZQUIERDAS.
    PERON ERA UN FASCISTA AUTOCONFESO Y ESO NO LO DIGO CON RESENTIMIENTO. LA VISION DE SOCIEDAD QUE TENIA ERA CORPORATIVISTA Y NACIONALISTA. LABURGUESIA NACIONAL FUERTE UN OBRERAJE DOMESTICADO Y AL SERVICIO DE “SUS OBJETIVO” Y NO REVOLTOSA Y REVOLUCIONARIO.
    SU LUCHA ANTIIMPERIALIATA ERA POSITIVA PERO NO DEBEMOS CONFUNDIRLA CON UNA LUCHA DE TIPO IZQUIERDISTA MARXISTA.
    LOS MONTONEROS EN SU CUPULA DIRECTIVA NOERAN DE IZQUIERDA, ERAN DERECHOSOS CATOLICOS CON UNA VISION DE SOCIEDAD ORDENADA.
    LOS MONTONEROS ESTABAN A LA IZQUIERDA DE LA AAA PEROS ERAN “BIEN” DE DERECHA

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  7. eeee dice:

    EL PEPE O MUERTE SOCIALISMO NACIONAL !

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