El sexo y el género.


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La sociedad actual está cambiando drásticamente sus estructuras tradicionales. Una de las más sólidas y que tiembla peligrosamente es aquella que dividió al mundo entre hombres y mujeres, con roles sociales y sexuales definidos. La irrupción de la mujer como fuerza laboral que reclama su igualdad frente al hombre y a minorías sexuales organizadas que no soportan la discriminación de una cultura machista y violenta, han provocado algunos cambios legislativos en países de gran tradición. Si bien la tolerancia todavía no es plena, la sociedad sin géneros es un ideal de organización humana para un futuro próximo. Porque el sexo es algo de cada uno, pero el género es el lugar social que ocupamos.

El ser hombre o mujer es una condición natural pero también cultural. Fue la cultura la que marcó más las diferencias físicas y designó los roles de cada uno.

La violencia es el instrumento que permite doblegar al sexo opuesto. Ejercida no solo desde lo físico, sino a través de normas, disposiciones o impunidades. La misoginia, la heterosexualidad obligatoria, la homofobia y el racismo son algunos de los terrrenos donde se entierran los derechos de los demás. La sociedad acepta esos extremos.

La Wikipedia ofrece una síntesis de la teoría de los estudios de género como para comprender este nuevo escenario que está siendo estudiado profundamente.

El “género” o rol sexual en sentido amplio es lo que significa ser hombre o mujer, y cómo define este hecho las oportunidades, los papeles, las responsabilidades y las relaciones de una persona.

Mientras que el sexo es biológico, el “Género” o rol sexual está definido socialmente. Nuestra comprensión de lo que significa ser una mujer o un hombre evoluciona durante el curso de la vida; no hemos nacido sabiendo lo que se espera de nuestro sexo: lo hemos aprendido en nuestra familia y en nuestra comunidad a través de generaciones. Por tanto, esos significados variarán de acuerdo con la cultura, la comunidad, la familia, las relaciones interpersonales y las relaciones grupales y normativas, y con cada generación y en el curso del tiempo.

A partir de estos “géneros” aparecen unos estereotipos de género, que son el conjunto de creencias existentes sobre las características que se consideran apropiadas para hombres y para mujeres. Estos serían la feminidad para las mujeres y la masculinidad para los hombres.

Y éstos estereotipos a su vez crean los roles sexuales, es decir, es la forma en la que se comportan y realizan su vida cotidiana hombres y mujeres según lo que se considera apropiado para cada uno.

El género, lo define de forma sucinta la antropóloga mexicana Marta Lamas, es la construcción cultural de la diferencia sexual. Ella retoma las raíces de este estudio, originadas en el siglo XX con Margaret Mead en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, de 1935. La antropóloga estadounidense inició la idea revolucionaria entonces de que los conceptos sobre el género eran culturales y no biológicos. En las investigaciones realizadas por Margaret Mead en los años 30 en tres sociedades de Nueva Guinea constató que no todas las sociedades estaban organizadas de forma patriarcal, y en ese sentido la distribución de los roles entre mujeres y hombres era diferente a las de las sociedades occidentales, con lo cual hace un primer cuestionamiento al carácter “natural” de las diferencias entre ellos, incluyendo las físicas. Este planteamiento sin dudas significa una primera aproximación a un análisis de esta realidad asignándole responsabilidad a elementos de la cultura específica de cada sociedad en el desarrollo de las diferencias entre mujeres y hombres, y sobre todo acerca de la asignación de funciones diferentes a cada uno. El Derecho es un campo particularmente sensible a las demostraciones a favor o en contra de los ideales abanderados por uno u otro género. Debido a sus pretensiones de ser universal y correcto, es un campo que es tomado como herramienta para intentar promover visiones de género que sean convenientes para el grupo en cuestión. El feminismo en especial ha sido muy activo en el campo de buscar una igualdad en el campo del Derecho que refleje sus pretensiones de igualdad de género. Este intenta también tomar como referencia al mundo real y social y cómo se dan las relaciones interpersonales y grupales en este, y al hacerlo, no sería ilógico ver que los grupos socialmente desaventajados, como las mujeres, deberían serlo también en el Derecho. Sin embargo, esta visión tan formalista y radical del Derecho está fuertemente cuestionada por aquellos que ven en el Derecho una herramienta que puede y debe ser usada para el cambio, precisamente hace conceptos más equitativos, como en la protección y la igualdad real de la mujer.

La iglesia católica, en contra.

Para la iglesia el sexo viene con cada uno, y son dos en la naturaleza del creador. Las variantes pueden significar el alejamiento del principio divino de ser hombre o mujer, y no entran en el terreno de la ley natural. Sin embargo la iglesia se enfrenta a esos “desvíos” frecuentemente, en los casos de curas homosexuales y, en el extremo, los pedófilos de sotana.

Se conoció recientemente el proyecto del Vaticano de realizar test de identidad sexual a los postulantes a cargos eclesiásticos para determinar su inclinación homosexual y así evitar que sean aceptados en la estructura religiosa. Se trata de un problema sostener un discurso en contra del género y enfrentar esa diversidad en sus filas.

La conferencia episcopal peruana se hizo eco del debate interno en la iglesia que desacredita estas tendencias.  Mons. Oscar Alzamora Revoredo, obispo auxiliar de Lima, escribió en 1998:

Se ha estado oyendo durante estos últimos años la expresión “género” y muchos se imaginan que es solo otra manera de referirse a la división de la humanidad en dos sexos, pero detrás del uso de esta palabra se esconde toda una ideología que busca precisamente hacer salir el pensamiento de los seres humanos de esta estructura bipolar.

Los proponentes de esta ideología quieren afirmar que las diferencias entre el varón y la mujer, fuera de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija que haga a unos seres humanos varones y a otros mujeres. Piensan más bien que las diferencias de manera de pensar, obrar y valorarse a sí mismos son el producto de la cultura de un país y de una época determinados, que les asigna a cada grupo de personas una serie de características que se explican por las conveniencias de las estructuras sociales de dicha sociedad.

Quieren rebelarse contra esto y dejar a la libertad de cada cual el tipo de “género” al que quieren pertenecer, todos igualmente válidos. Esto hace que hombres y mujeres heterosexuales, los homosexuales y las lesbianas, y los bisexuales sean simplemente modos de comportamiento sexual producto de la elección de cada persona, libertad que todos los demás deben respetar.

No se necesita mucha reflexión para darse cuenta de lo revolucionaria que es esta posición, y de las consecuencias que tiene la negación de que haya una naturaleza dada a cada uno de los seres humanos por su capital genético. Se diluye la diferencia entre los sexos como algo convencionalmente atribuido por la sociedad, y cada uno puede “inventarse” a sí mismo.

Toda la moral queda librada a la decisión del individuo y desaparece la diferencia entre lo permitido y lo prohibido en esta materia. Las consecuencias religiosas son también obvias. Es conveniente que el público en general se dé clara cuenta de lo que todo esto significa, pues los proponentes de esta ideología usan sistemáticamente un lenguaje equívoco para poder infiltrarse más fácilmente en el ambiente, mientras habitúan a las personas a pensar como ellos. 

Puta y madre.

Mientras para la iglesia se trata de una ideología, para algunos es un estudio que plantea un nuevo escenario social. Hay que definir nuevamente conceptos para quitarle la carga violenta que conllevan. Violencia que permitió llegar al siglo XXI con una división de roles funcional a la sociedad en que vivimos, donde en especial las mujeres han sido el botín de los hombres,  subordinadas a ellos y a veces esclavas del sexo opuesto.

Es interesante el artículo publicado por la psicóloga Eva Giberti en Página/12 el 6/11/2008. Este es un párrafo:

El insulto máximo

¿Por qué el insulto máximo, hijo de puta, conlleva la presencia de una mujer prostituida cuyo hijo garantizaría la existencia de un cuerpo materno caracterizado como cloaca espermática construida merced a las prácticas masculinas? Un hijo desnacido por el reproductor que no aspiraba a engendrar con esa mujer, y al mismo tiempo asociado con la necesidad de lograr placer mediante el pago de la servidumbre sexual.

La prostituta se considera necesaria, pero su cría se utiliza como agravio para otro varón: hijo de puta. Criatura que proviene de un lugar que mediante su existencia transforma a la puta en madre-mujer apostando a una violencia en el lenguaje, rudimentaria y paradojal, que evidencia la imposibilidad de prescindir de la mujer que siempre se encuentra en el origen del sujeto: la madre; aunque se pretenda negarle la condición materna sustituyéndola por la función puta.

Para poder construir un insulto mayor la violencia se imprime en la semantización que sustituye la función madre por la función puta, negando lo innegable, el original lugar madre de la que el varón es tributario en su origen, así como es tributario de la creación de las putas. La madre es quien lo crea, y él es quien crea a las prostitutas, utilizando el agravio que desmadra al hijo de puta dejándolo sin madre, como cría proveniente de una mujer que no amerita el reconocimiento masculino de su hijo. Transparente ejercicio de violencia verbal contra las mujeres a las que pretenden clasificar como madres (hijo de) o como putas, ante el terror que inspira saber que inevitablemente ellos y sus hijos -los que llevan su apellido- dependen para nacer del cuerpo fecundo de las mujeres, sin distinciones entre nosotras. La violencia no puede sustraerse de esta semántica inscripta en los cromosomas del lenguaje de donde parte el insulto creado en el nombre del padre.

Prejuicios,  hipocresías e ignorancia rodean estos debates, donde la moral se confunde con la moralina y donde la felicidad de cada uno no es tenida en cuenta.

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 

Algunas fuentes:
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-114542-2008-11-06.html
http://www.aciprensa.com/controversias/genero.htm
http://es.catholic.net/sacerdotes/222/579/articulo.php?id=16395
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. La verdad, que este trabajo amerita una discusion mas profunda para ser comprendido, para que nuestra no sea una simple respuesta divina, de manera particular creo que nos falta mucho por hacer. En mi pais este tema de genero y sexo no ha llegado a la escuela solo se da en talleres de grupos mus reducido, y los enfoque dada no parten estrictamen desde el punto de vista cultura como esta expuesto en este trabajo, tenemo un grave problema que es la Iglesia, que usa la creencia para el ocurantismo en este tema, y el Estado que no tiene un rol muy claro en este tema.

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