La Argentina de Onassis.


QuinnOnassis
La historia del multimillonario Aristóteles Onassis empezó en Argentina. Este país le brindó la posibilidad de reunir su primer millón de dólares. Durante los 9 años que estuvo aquí hizo muchos negocios, incluso en Rosario donde entabló amistad con un desguasador de barcos y vendedor de metales que llegó a poseer una de las mansiones más lujosas de la ciudad. Onassis, Rosario, Perón, Evita, los nazis y la fortuna de un mito.

casa-biancone Sentado en una mesa del bar Milano junto a unos amigos, miré la enorme propiedad de al lado,  Avenida Pellegrini 1957.

Es una señorial mansión, llena de ornamentaciones, ocupada hoy por la Universidad Abierta Interamericana.  Los entendidos la ubican en los primeros 30 años del siglo XX, considerándolo uno de los edificios más destacados de la ciudad. Denominado Casa Biancone, por su primer propietario, pertenece al período arquitectónico eclecticismo-academicismo. Cuando murió su último propietario se desocupó hasta la década del 80 cuando funcionó una confiteria bailable (La tuba del Marqués) y luego la vicegobernación de la provincia de Santa Fe en tiempos de Antonio Vanrell (son recordadas las fiestas que se organizaban en tan fastuoso edificio, demasiado para un vicegobernador).

blog_06Cuando recorrí con mi mirada los magníficos detalles del frente, recordé cuando con seis o siete años, junto a mi hermano, ingresábamos por esa puerta acompañados de nuestro abuelo Salvador.  Alli vivía Manuel Moriones,  un vendedor de metales y desarmador de barcos dados de baja.  Fue socio en un tiempo de Juan Navarro, otro proveedor de hierros y aceros.

Su actividad lo vinculó al millonario naviero Aristóteles Onassis, quién vivió en nuestro país gestando su primer millón de dólares. Ari, como fue bautizado después, mantuvo una estrecha relación con Moriones e hizo negocios con él,  pero la vida los llevó por distintos caminos.

blog_07 Como un pequeño Onassis rosarino, Moriones exhibía una de las más opulentas mansiones de la ciudad. Media docena de baños, grifería bañada en oro, un envidiable piano de cola blanco, decenas de cuadros de firmas famosas, objetos de arte regalados por sultanes, príncipes y mandatarios del mundo… Mis recuerdos se pierden en esa inmensa casa donde vivían dos personas,el amigo de mi abuelo y su segunda esposa, mucho menor que él.  Junto a Onassis incursionaron en el negocio naviero, pero uno de se quedó y el otro se adueñó del mundo.

blog_09No hay datos comprobables de que el millonario griego vivió en Rosario, pero  sí es cierto que Buenos Aires fue su domicilio y desde allí manejó sus primeros negocios. Sus visitas a la ciudad respondían a sus transacciones y a sus amistades.

Recuerdo dos barcos anclados en el puerto de Rosario, casi gemelos, el “Argentina” y el “Uruguay”, esperando ser desguasados por Moriones, que seguía con sus negocios en esta parte del mundo a fines de los 60, mientras su socio y amigo era protagonista de las revistas del Jet Set y dueño de la flota petrolera más importante del planeta.

Argentina, tierra generosa.

Onassis, a los 17 años,cayó en el puerto de Buenos Aires cuando su intención era instalarse en Estados Unidos. Venía de Esmirnia, Turquía, de una familia griega acomodada pero despojada de sus bienes por las cuestiones políticas de la región.

onassis joven Ari tenía un puñado de dólares en el bolsillo cuando en setiembre de 1923 llega al Hotel de los Inmigrantes. Empezó trabajando en una compañía de teléfonos en horario nocturno, y se dice que allí interceptó una comunicación entre poderosos empresarios norteamericanos que estaban armando la compra de un importante frigorífico nacional.

Al día siguiente Onassis se contacta con un operador de bolsa y adquiere con sus ahorros acciones del frigorífico, las que multiplican varias veces su valor en pocos días.

Camino a los desafíos y los grandes negocios toma contacto con su padre que le manda partidas de tabaco griego que coloca en Argentina. Monta una fábrica de cigarrillos y amasa una pequeña fortuna con su marca “Grecos”, creada para la alta sociedad porteña.onassis joven 2

En contacto con las más prominentes familias argentinas, conoce a Nicolás Mihanovich, empresario naviero, quién le enseña aspectos de un negocio que después dominó con soltura. Su inteligencia le permite escuchar y retener cada detalle.

Sus primeros barcos se lo compra a Mihanovich. Entre malos y buenos negocios comienza a crecer económicamente hasta que en 1932, con 26 años, decide trasladar su actividad a Londres.  Tenía su primer millón en Suiza, algunos barcos y muchos proyectos acumulados. Nueve años después de llegar con un puñado de dólares se despide de Buenos Aires desde el Cabo San Roque, pero volverá pronto.

Onassis, los nazis y Perón.

onassis.jpg (11601 bytes)Durante su primer gobierno y en el ocaso de la II Gran Guerra, Juan Domingo Perón proyectó tener una importante flota de mar y desarrollar la industria naval. Según se cuenta, convocó a un grupo de hombres de negocios para discutir la posibilidad de contar con una flota ballenera. Estos hombres no iban con otras intenciones que hacer buenos negocios y Perón lo sabía.

 

db_Onassis_Christina_Yacht_0021 Perón se propuso concretar el proyecto aprovechando el vacío que la Guerra Mundial había creado en la industria naval, cuando los astilleros trabajaron exclusivamente para la batalla de los mares. En ese escenario propicio, Perón convocó a un grupo de hombres de negocios dispuestos a discutir secretamente la conformación de la flota ballenera, a fijar su propio interés en el proyecto y a tomar un compromiso económico. Fue así como surgió el grupo de consulta que desde el primer momento despertó la curiosidad del espionaje británico y norteamericano.

Este grupo de consulta despertó la curiosidad del espionaje británico y norteamericano. No era para menos: el empresario marítimo Alberto Dodero, de una familia de genoveses de Montevideo, había interesado en el proyecto de Perón al armador de buques petroleros Aristóteles Onassis, un griego nacido en Turquía. El propio Perón había convocado al fabricante de municiones austríaco Fritz Mandl al cónclave de Buenos Aires, aun sabiendo que su condición de judío protegido por los nazis despertaría sospechas.

El equipo quedó completo con el mecánico naval Alfredo Ryan, empresario de talleres de reparaciones del Río de la Plata, nacido en Gibraltar de una familia irlandesa. Dodero, Onassis, Mandl y Ryan tenían varias cosas en común: estaban haciendo dinero ya sin mirar atrás; conservaban intacta una dosis de audacia poco común, habían adoptado la nacionalidad argentina antes de la guerra y los cuatro mantuvieron buenas relaciones con Alemania. Este último detalle tenía importancia por entonces, porque las sospechas sobre los capitales nazis dispersos por el mundo circulaban con rapidez. Los antecedentes de estos hombres de negocios, especialmente los de Onassis y Mandl, eran inquietantes. El griego estaba en el centro del mayor escándalo argentino de espionaje durante la guerra, cuando un agente nazi detenido en viaje a Berlín admitió que el primer punto de su misión allá era obtener un salvoconducto que permitiera salir de un puerto sueco a un petrolero de Onassis con bandera argentina. La biografía de Mandl era explícita: amigo de Mussolini y de Franco, a quien había suministrado la producción de su fábrica de Viena durante la Guerra Civil, la inteligencia británica lo había detectado en Buenos Aires en una fiesta de Dodero donde conoció a Onassis. Dodero era un genio del negocio naval, había comprado docenas de barcos de guerra súbitamente inservibles al día siguiente de la paz y estaba junto a Perón y a su esposa, a quien acompañó en su famosa gira europea. En cuanto a Ryan, el más modesto del cuarteto, recordó muchos años más tarde que las compañías alemanas Siemens, Thyssen y Mannesman “me ayudaron con sus talleres”. “Me tomaron gran simpatía, pero los ignorantes norteamericanos me pusieron en la lista negra por 48 horas, por trabajar con firmas alemanas”, escribió Ryan en un relato sobre sus relaciones con Perón. Ryan compartía con Onassis la facilidad para ganar dinero. Los dos habían vendido cigarrillos al por menor en sus comienzos y, según la narración de Ryan, “llegamos al país con pocos días de diferencia, cuatro días, pobres como ratas, él vendiendo tabaco que le mandaba su padre de Esmirna”. Según Ryan, cuando Onassis organizó su propia compañía ballenera, “fue para imitarme y fracasó”. Sin embargo, reconoció que en su momento de mayor gloria como empresario del mar, Onassis le dio el mejor consejo de su vida, que por cierto no siguió. Ryan estaba vigilando la construcción del superballenero “Juan Perón” en astilleros ingleses y, de paso por París, encontró a Onassis, quien le aconsejó: “No lo lleves a la Argentina: no te lo agradecerán; te arrepentirás toda tu vida”.

 Onassis “tenía razón”, se lamentó Ryan. Pero Onassis probablemente ignoraba una parte de la historia: el ballenero le pertenecía a Ryan en los papeles pero se pagó con fondos de los bancos estatales argentinos.(http://www.flotaypf.com.ar/buques/buque_crzsur.htm)

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Onassis, el  mito

imagesCA5VJG0TJosé-Luis de Vilallonga transcribe en su libro  Gold Gotha (Editorial Emecé) el diálogo de una mujer de la alta sociedad que se identifica como Alicia Cambell  con Aristóteles Onassis en New York, donde cuenta su versión sobre su paso por Argentina:

–Sabes, los hombres “salidos de la nada” siempre han salido de algo. Pero no les gusta reconocerlo. Prefieren la leyenda. Todos vendieron diarios en Nueva York, o han lustrado zapatos en Nápoles, o han encontrado una aguja herrumbrada que lustraron y vendieron muy caro… 

–¿Entonces la historia del pequeño telegrafista es un engaño?

–No, no –dice riendo–. Cuando llegué a Buenos Aires en 1923, 100 dólares no eran gran cosa. Esperando que las relaciones de mi padre produjeran los resultados que descontaba, necesitaba trabajar. No poseyendo ningún diploma, entré como obrero en la River Plate Telephone Company. Para obtener mi permiso de trabajo tuve que envejecer seis años. Y como encontraba que Esmirna no parecía serio en mis documentos de identidad, opté por un lugar de nacimiento que me pareció más honorable: Atenas. Una vez empleado, pedí trabajar de noche, lo que me dejaba los días libres para buscar otras salidas a mi imaginación galopante. Un año más tarde, con ayuda de un préstamo, abrí mi primera manufactura de cigarrillos. No dejé mi empleo en la compañía telefónica hasta que estuve seguro de que mi negocio andaría. Fui, pues, durante un tiempo, patrón y obrero a la vez. Porque mi estrategia personal ha sido siempre cuidarme las espaldas, por si acaso llega un golpe duro.

A los 23 años, Aristóteles Onassis hacía negocios que superaban los dos millones de dólares anuales.

–En 1923 –explica Ari seguidamente–, me convertí en cónsul de Grecia en Buenos Aires. Si el dinero llama al dinero, también llama a los títulos. Las cosas sucedieron así: el gobierno griego había decidido decuplicar los derechos de aduanas con un grupos de países con los cuales no había firmado acuerdos comerciales. La Argentina formaba parte de esos países. Fui a Grecia y luché por la causa de la Argentina, demostrando al ministro griego de Asuntos Extranjeros el interés vital, para nuestro país, de mantener buenas relaciones con la Argentina. Mi argumento masivo: Grecia no podía privar a su flota, ya muy importante, de su línea comercial más activa. Convencí al ministro, quien hizo que el gobierno volviera sobre su decisión y, cuando volví a la Argentina, fui recibido con los brazos abiertos. Como cónsul, tuve que ocuparme mucho de los barcos griegos. Esa frecuentación despertó en mí una de las más grandes pasiones, por no decir la única pasión de mi vida.

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Coleccionista de mujeres.

ARISTOTELES-ONASSIS Onassis pasa al jet set cuando seduce a la viuda más codiciada de la década del 70, Jackeline Kennedy. 

Pero no solo ese amor sirvió para los “paparazzis” de entonces, sino el romance con Maria Callas, la gran cantante griega.

En su lista de mujeres seducidas aparece Greta Garbo, e incluso, Eva Duarte, Evita.

En 2004 el diario “El País” de Madrid revela una historia casi desconocida. La agencia EFE distribuye la información de esta manera:

Evita Perón fue amante del multimillonario naviero Aristóteles Onassis con quien mantuvo una efímera relación que sólo duró una noche, según publica en un reportaje en su suplemento dominical el diario español “El País”.

En este artículo sobre la vida sentimental de Onassis titulado “El coleccionistas de mujeres”, el periodista Enric González traza el perfil de seductor que envolvía al multimillonario, nacido en la ciudad turca de Esmirna a principios del siglo pasado.

En el reportaje se asegura que Onassis fue “uno de los grandes seductores de la historia. Muy rico, muy culto, muy interesante” y que “entre su nómina de conquistas se encontraban desde Greta Garbo a Eva Perón”.

“Sin embargo, sólo tres mujeres marcaron su vida y le ayudaron a pasar a la historia: Tina Livanos, madre de sus dos hijos; Maria Callas, la gran diva de la ópera, y Jackie Kennedy, viuda de JFK”, asegura el periodista.

En 1947, en Italia, “Onassis pasó una noche con su primera mujer-mito, Eva Perón. Pagó diez mil dólares, en concepto de donativo a descamisados y demás menesterosos, por un revolcón y una tortilla cocinada por las mismísimas manos de Evita”, señala el autor.

“Eva Perón era entonces una diosa en Argentina. Y Aristóteles Onassis viajaba con pasaporte argentino”, un país al que había emigrado años antes y donde se dedicó a importar tabaco turco y griego y comprar viejos barcos, indica el reportaje de “El País”.

Según González, Onassis era en 1945 un seductor multimillonario de 41 años, soltero y en busca de prestigio social.

  La muerte de su hija.

onassis tapa Fue en la casa de la familia de un amigo de Ari Onassis donde Cristina, su hija, murió en circunstancias poco claras, aunque oficialmente fue un suicidio por ingestión de medicamentos. Sucedió en 1988 precisamente en Argentina.  Su hermano había muerto en un accidente a fines de los 60, por lo que Ari quedó sin sucesores directos.

Si bien retorna la teoría del asesinato, la muerte de Cristina Onassis se suma al mito de su padre, y hace de65173_2 ese apellido un generador de historias interminables.

Esta crónica pertenece a Jorge Boimvaser y fue publicada en Minuto Uno, el sitio de Chiche Gelblung en el 2007:

 

“Tengo todo lo que el dinero puede comprar, pero carezco del amor de una familia …”. La frase, que parece extraída de uno de los tantos culebrones lacrimógenos de la televisión, perteneció a una de las herederas de dinero y leyenda más grande de los últimos tiempos: Cristina Onassis.

 La mujer nunca fue adicta a los histrionismos de heredera-desafinada estilo Paris Hilton, pero falleció a los 38 años tras cuatro fracasos matrimoniales intensos, una ciclotimia feroz seguida de trastornos psicológicos somatizados por su avidez hipocondríaca, el arrastre de una leyenda fuertemente agobiante como resultó de ser la hija de Aristóteles Onassis y otros sinsabores propios de la vida de los humanos, sean multimillonarios o pobres.

Aunque tal como expresó alguna vez un filósofo, frustrado habitante del bar La Paz: “No es lo mismo llorar las penas de la vida en el interior de un Mercedes Benz o una limousine que parado en un colectivo con destino a González Catán”.

La mujer que yacía esa mañana de noviembre de 1988 –sin vida- en la bañera del Tortuguitas Country Club le dejaba a su pequeña niña de 3 años, Athina, una fortuna de tres mil millones de dólares…, mucho mas de lo que recibirán las dos hijas del magnate hotelero Hilton cuando a éste le cuadre morir como a cualquier mortal. Menos de veinte años después del fallecimiento, esa suma se convirtió –indexación mediante- en unos 6000 millones de euros.

Ahora que Athina acaba de casarse con un golfista y playboy brasilero, se abre una interesante polémica en la Atenas natal que casi no visita, desde que prefirió vivir entre Brasil y Francia, donde reside su padre Thierry Russell.

Los griegos consideran que esa fortuna es algo así como un patrimonio nacional que hasta hace un par de años administraba la Fundación Onassis, y no están dispuestos a que el dinero parta de los bancos de ese país hacia otros rumbos.

Los medios de difusión de Grecia dicen que Athina quiere huir de una especie de legado maléfico que arrastran sus antecesores. Veamos:  Alexander Onassis(hermano de Cristina e hijo del magnate Aristóteles) falleció en un accidente de aviación en 1967 y su padre entró en un cuadro depresivo del qué nunca se repuso, hasta morir en 1975 triste y solitario.

Negocios son negocios.

Onassis es sinónimo de una gran fortuna y una gran vida. Enlazado a la historia Argentina y del mundo, fue un hábil  empresario que no dudó en usar el soborno, la política o la extorsión para incrementar su fortuna. Lamentablemente son procedimientos habituales para los grandes negocios, más cuando sus clientes son poderosos.

aristoteles_onassis_3El dijo que jamás le sacó a un pobre su dinero, sino que lo hizo con los ricos. Es verdad. Los que le sacaban a los pobres eran sus clientes. Onassis sentó a su mesa a los dirigentes más prominentes de la tierra para quedarse con sus billeteras llenas de corrupción.

Aristóteles Sócrates Onassis muere en Francia el 15 de marzo de 1975, depresivo y afectado por los puros, a los 69 años.

Una vida rica en historias, algunas exageradas por el sensacionalismo mediático, que nutren libros y películas. Una vida opulenta que comenzó, casualmente, en Argentina, una tierra de promesas.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
Fotos propias y WEB.
Fuentes consultadas: 
http://www.jornada.unam.mx/2006/10/10/index.php?section=espectaculos&article=a09n2esp
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/109539.evita-peron-amante-del-naviero-onassis.html
http://www.minutouno.com/1/hoy/article/34635-¿Quién-fue-Cristina-Onassis/
http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/subnotas/97085-30666-2008-01-06.html
http://www.latinoemprendedores.com/biografias/naviera.htm
 http://www.flotaypf.com.ar/buques/buque_crzsur.htm
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9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan manuel corsi dice:

    Hola. Leyendo esta nota junto con mi abuela, Elizabeth Palermo segunda mujer de Manuel Moriones y sus dos hijas, enseguida corrigieron unos detalles. El dueño original de la casa era Teran Weiss, luego Sánchez Granel que por ser varios herederos deciden licitarla y ahí la compra mi abuelo, Manuel Moriones. Vivian allí 6 personas. Manuel, Elizabeth, mi madre, mi tia y una pareja de caseros. La grifería no era bañada en oro y los cuadros y objetos de arte no eran regalos ni de príncipes ni sultanes. Mi abuelo, como grandes reformas, agrego a la casa un pileta de natación con su quincho y un patio andaluz que según me dicen era hermoso. No se cuanto de estas se habran perdido con el tiempo y los distintos dueños. Ellas recuerdan a tu abuelo y sus camiones. Me cuentan que esos son los dos únicos barcos que deshuaso mi abuelo y trabajando en ellos sufrio un accidente que pudo ser fatal. En cuanto a la coneccion o sociedad con Onasis mi abuela no tiene conocimiento de que la haya tenido. En ningún momento desde que lo conocio supo o se comento de dicho trato.
    Espero que te sirvan de algo estos datos.
    Saludos.

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  2. RICHARD dice:

    No hay nadie mejor que Ari

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  3. este tipo,para hacer tanta guita,era peor del enano berlusconi !!!

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  4. fares tribak dice:

    era hombre ki sabe llevar negocios pero mas ser inteligent para no perdir todo el empezo y el ultimo

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  5. El mejor.......................... fracasado dice:

    Lo que yo quise hacer y no pude … me refiero a tener mi empresa !
    Es un ejemplo para mÍ y pienso superarlo !
    Buena nota .

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  6. daniel constantopoulos dice:

    Muy abuelo fue amigo de Onassis en argentina!!
    yo me dedico a los negocios con mucha pasión y este hombre es mi guru,maestro a la hora de apalancarse!!

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  7. LOURDES SANCHEZ dice:

    solo quisiera saber si alguién sabe en donde puedo conseguir la pelicula anthony queen que habla sobre la vida de onassys

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  8. ger dice:

    Muy bueno!

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