La crisis y los niños.


 soledad

Saturados de las tiras televisivas de pudientes adolescentes exitosos y de dibujos animados que entretienen sin pensar, los niños argentinos ven la crisis a través de su propia vida familiar. Es allí donde la soledad, las privaciones, el ajuste de gastos, la pérdida de bienes o del mismo trabajo y la inseguridad impactan en los pequeños sin que ninguna política pública considere esa consecuencia inevitable de la recesión y el descuido del estado de bienestar. Es ahí donde nuevamente los grandes se olvidan de los niños. Depresión, tristeza, violencia, adicciones, apatía, desvitalización… efectos sobre niños y adolescentes atacados por la crisis social, política y económica del país.

Hace dos años la situación no era peor que ahora. Nuestro país vive una crisis permanente, en contraposición a los positivos discursos de nuestros gobernantes que niegan lo evidente. Sin querer o queriendo, semejante hipocresía afecta a los hijos de los argentinos que viven la crisis en carne propia, desde un lugar jamás abordado. Total los niños no votan.

Hace dos años la revista nº11 de Aperturas Psicoanalíticas publica un artículo de Beatríz Janin que  mantiene vigencia. Algunos tramos me impactan:

“Yo me quería ir de vacaciones, pero no nos fuimos porque mis papás tenían miedo”. ¿Miedo a qué?, pregunto. “A lo que va a pasar… al futuro…”, dice una nena de ocho años en su primera sesión después de las vacaciones.

soledad 2 Miedo al futuro. Esta es una de las cuestiones fundamentales que insiste en estos días. Si el mundo venía siendo inseguro, si predominaba el “sálvese quien pueda”, de pronto, una serie de acontecimientos vertiginosos nos lanzaron a una especie de abismo en el que nadie sabe qué va a pasar mañana y en el que nada de lo que fue dicho o escrito vale en el momento siguiente. Toda previsión de futuro queda desestimada inmediatamente.

Estamos viviendo una situación histórica, ineludible, que tiene efectos traumáticos. El bombardeo de estímulos sorpresivos y desorganizantes se hace insoportable por intensidad y duración. Son golpes muy fuertes que parecen no terminar nunca. Es decir, lo vivenciado se torna imposible de ser tramitado porque los acontecimientos se dan de un modo vertiginoso y toman todas las áreas, desde lo público hasta lo íntimo. Esto acarrea diferentes tipos de respuestas.

“A mí mucho no me afecta, porque yo voy a conseguir lugares donde comprar todo más barato y me las voy a arreglar …” afirma un paciente en el diván. “No duermo, siento que todo se desmorona, de esto no voy a poder salir…” dice otro. Desde la desmentida y el refugio en fantasías omnipotentes hasta la depresión, la desesperación, el estado de angustia permanente….todas las variables se despliegan.

La economía lo invadió todo y, supuestamente, es la razón última. Una razón deshumanizante que deja reducidos a números y a ganancias posibles a los seres humanos. Aún hoy, cuando muchas empresas sólo buscan seguir extrayendo lo que se pueda en un país quebrado y no son capaces de ceder en nada, a pesar de la desesperación colectiva, queda claro que en ciertos sectores lo que sigue imperando es la idea del arrasamiento del otro.

El miedo al futuro, la dificultad para hacer proyectos, ¿cómo incide en los niños?

“Este país no existe”, “se cae todo”, “el derrumbe es total”, “lo que se viene es peor”, “la Argentina se hunde”, son aseveraciones cotidianas de los adultos. Frases que se asocian en los niños a imágenes de películas, de cuentos, a las propias pesadillas, a lo vivenciado y a lo transmitido, ligadas a la angustia con la que son dichas… ¿cómo tramitarlas? ¿cómo ayudarlos a sostener deseos y proyectos en medio de estas profecías?. Vaticinios del horror, de la soledad…”no va a quedar nadie”, declaraciones de impotencia por parte de los adultos “no sé qué hacer”… Y una imagen siniestra de transgresión a ultranza: “todo está permitido”.

Más de un paciente adolescente me dijo en estos días : “muchos se llenaron de plata”… con un tono entre cuestionador y admirativo… Si esos son los “vencedores” de hoy, ¿cómo procesar el que sus padres sean “perdedores”?

Un niño de siete años, en una sesión en el Hospital de Niños desoledad 3 Buenos Aires, jugando con muñecos que luchaban todos contra todos, se mataban y volvían a empezar (en una pelea confusa y violenta), frente al intento de la analista de ordenar la pelea en buenos y malos, afirma: “la ley no existe y si existe, no sirve para nada”. En la misma sesión, cuando la analista le dice (en el juego): “los policías apresaron a los ladrones”, el nene se ríe y le contesta: “te engañaron, cuando los detengas se sacan las caretas y vas a ver que los ladrones son policías disfrazados”. (Esto cobra un sentido particular al ser afirmado por un niño de una familia de escasos recursos, en un país en el que la policía suele estar involucrada en hechos delictivos). Es un niño encoprético en el que se reitera la transgresión a toda norma. Pero lo novedoso fue que planteaba la transgresión como legítima.

¿Cómo constituir la propia subjetividad en un mundo sin reglas? ¿Cómo organizar el pensamiento si lo que predomina es la confusión más absoluta, si la transgresión es la norma? ¿Cómo ayudar a este niño a organizar el caos interno que lo desborda si el mundo le ofrece otro caos en el que él no tiene un lugar? Lo único que impera es la violencia, en tanto la justicia, que podría ponerle freno, “no existe”.

Pero cuando en una sociedad predomina la transgresión de las normas éticas, los chicos quedan atrapados en un mundo de terrores en el que se les combinan las representaciones parentales con las propias escenas temidas. Así, las representaciones que en cada uno reverberan y que remiten a persecuciones, muertos, miseria… ¿cómo les son transmitidas si muchas veces no son hablables, ni pensables siquiera para nosotros mismos? ¿A qué historias fantásticas remitirán en ellos? ¿A qué vivencias de padres, abuelos, bisabuelos?
La idea de una debacle, de un no-futuro o de un futuro espantoso, produce una inundación de afectos y fantasmas ligados a lo temido por uno mismo y por las generaciones que lo precedieron.

Pienso que si lo traumático tiene siempre que ver con las posibilidades metabolizadoras de cada uno, hay situaciones en las que los recursos de la mayoría de la gente se ven desbordados.

En este sentido, cuando se deja de pensar en términos de futuro, de proyectos, el pasado vuelve, ya no como historia, como relato de sucesos pasados, sino como retorno de lo temido, inundando y aplastando al presente…

Durante estos meses, vengo observando que lo temido para cada uno de mis pacientes es diferente: la miseria, el caos social, el ser víctima de un acto delictivo, la segregación, la guerra, la persecución política, etc. Es decir, el pasado en su aspecto temido vuelve como único futuro posible, en una especie de cierre que no permite otro tipo de circulación.

Las culpas

“Basta, basta, ¿no ves que no se puede más?”, entra gritando a la primera sesión después de las vacaciones una nena de diez años, en un estado de desenfreno. (Durante su primer año de análisis, en las sesiones predominaban los ataques de furia y desesperación, pero en los dos años siguientes estas situaciones habían desaparecido por completo). Y comienza a tirar todos los juguetes, tizas, sillas, mientras dice… “No hay plata. Y mi papá chocó el auto… porque cruzó un perro… y entonces ¿quién tiene la culpa?… el perro… pero ahora tiene que arreglar el auto… y no tiene plata… ¿Y quién tiene la culpa?.”… Hay que encontrar un culpable… ¿es ella la culpable?… Es necesario que le hable despacito, la haga sentar y le explique que están pasando muchas cosas que ella no entiende, que los grandes tampoco entendemos todo y que ella no tiene la culpa de que el papá no tenga plata, y entonces llora, dice que todo les salió mal, se acuerda de la muerte reciente del abuelo y después comienza a dibujar una nena y otra nena… en un intento de “dibujarse” nuevamente, de reencontrarse…

soledad 4 En los adultos, frente a todo lo perdido (léase trabajo, dinero, tiempo, proyectos, confianza y autonomía) aparecen autorreproches : “¿cómo pude ser tan tonto/a?” en referencia a tener dinero en el banco o a haber sacado un crédito (es decir, por haber realizado acciones lícitas). Impera una representación que divide a los tontos y a los vivos, los que no saben y los que saben, pero que alude a un saber sobre la estafa, sobre los cambios de reglas, sobre el poder omnipotente de algunos sobre el conjunto. Un saber que supuestamente deberíamos tener de que en este país toda ley puede ser quebrada.

La otra frase de autorreproche es : “¿Cómo no hicimos? ¿Por qué no salimos antes? ¿Por qué dejamos que robaran?”. Modo de plantear una “culpa colectiva” que vuelve a borrar las responsabilidades efectivas. Así, quedamos con una imagen devaluada y culpabilizada de nosotros mismos.

Los niños repiten: “¿quién tiene la culpa?”, sintiéndose posibles culpables de algo indefinido, sin tener claro si los padres (aquellos que deberían estar idealizados) son tontos o malos. Padres que se autodescalifican permanentemente y estallan a cada instante…

Cae entonces sobre niños y adolescentes la exigencia de sostener a los adultos, de hacerse cargo de lo que sus padres no pueden resolver. Ya en los últimos años, las demandas parentales vienen siendo desmedidas y se viene transmitiendo a los hijos un vaticinio catastrófico: “nunca va a poder sólo”. “Se piensa que lo voy a mantener toda la vida”. “¿No se da cuenta de que no doy más?”. Vaticinio que no es más que la proyección en el hijo de la propia sensación de fracaso en relación a los propios proyectos. No hay proyectos para ellos y, cuando los hay, estos tienen tal distancia con las posibilidades reales del niño, que su cumplimiento se torna imposible. Mientras los adultos fluctúan entre la furia y la tristeza, los adolescentes se deprimen: “No me quieren, nunca están conformes conmigo.” “No sé qué es lo que esperan de mí”. “Si nada sirve, para qué seguir estudiando”. La muerte aparece como alternativa. Mientras tanto, los niños se desvitalizan o entran en funcionamientos maníacos, tratando de “alegrar” a los adultos, sintiendo que fracasan en el intento por causas que desconocen y que suelen atribuir a fallas propias.

Los proyectos

Sabemos que un niño puede aceptar ser dependiente y que sus deseos no sean satisfechos a partir de la promesa de que va a ser grande y autónomo y que, como plantea Freud, tendrá una vida mejor que sus padres, cumplirá los sueños que los padres no han realizado… Pero ahora, la caída de sueños los involucra. Se supone que su vida va a ser peor, que deberá realizar enormes esfuerzos para sobrevivir. El conjunto de los enunciados identificatorios que recuerda, en tanto aparecen como proyecto identificatorio, quedan desestimados, borrados. El mañana, el proyecto diferido, queda anulado o ubicado como catastrófico. Frente a esto, en un puro hoy que lo desmiente como niño, puede apelar a un funcionamiento maníaco y moverse sin sentido o armar una coraza protectora y desmentir percepciones y afectos (y enfermarse) o quedar en estado de alerta (lo que los maestros leen como desconcentración, falta de atención) o deprimirse o entrar en estados de desborde.

soledad 5 Es decir, el temor al futuro los deja en una “eterna niñez”, en una dependencia sin salida.

Las consecuencias psíquicas de la crisis

Depresión, enfermedades psicosomáticas, estado permanente de ansiedad, hiperkinesia, dificultades de concentración, insomnio…

Contracturas, gastritis, dolores de cabeza, son motivos de consulta habituales y reiterados en este momento en los consultorios pediátricos.

Los maestros plantean que los niños están tristes y desconcentrados. La desvitalización es uno de los problemas acuciantes.

En los adolescentes, se han incrementado las situaciones de violencia y la drogadicción, como “tentativa ineficaz de autocuración de sufrimientos impensables”6.

La apatía, el ensimismamiento, y sobre todo la desvitalización, son cuestiones que se reiteran. En relación a esta última, es importante tener en cuenta que niños y adolescentes quedan en un estado semejante al de las víctimas de episodios de violencia, en ese límite en que son “muertos-vivos”, con poco registro de sensaciones y afectos.

Frente a la crisis de los ideales colectivos y lo riesgoso o inadecuado de los valores sostenidos por otras generaciones, hay una tendencia a centrarse en los ideales del yo-ideal, ideales de omnipotencia y perfección, lo que deriva en la idealización del funcionamiento infantil como mágico y todopoderoso. Pánico a crecer, apatía por lo externo, indiferencia por los otros, o sobreadaptación, con la constitución de un falso self, son modos en los que la conflictiva se manifiesta.

Cuando los ideales colectivos se tambalean, es mucho más difícil sostener y transmitir ideales. Y sin ideales, no hay proyectos ni idea de futuro. El sostenimiento de proyectos y de ideales en los adultos posibilita pensar a los hijos con proyectos propios.

A la inversa, el borramiento activo de la memoria, la supeditación a la violencia de otro y la ausencia de justicia son exigencias incompatibles con la construcción de la subjetividad.

 

 

Niños solos, padres ausentes

¿Alguien puede negar que buena parte de la soledad de los niños son resultado de padres que luchan por sobrevivir?. 

 El Correo Digital de España abordó en 2008 esta situación. No hablaba de niños desamparados, abandonados, malnutridos o desatendidos sino de aquellos que  se pasan los días en el colegio y que, al regresar a casa, no sienten la atención, el interés, la compañía, la presencia y la vigilancia de sus padres. El hogar para estos niños y niñas es un territorio inhóspito, cómodo, opulento y dotado de todo lo que necesitan, pero donde les resulta difícil, por no decir imposible, hallar la complicidad de los progenitores, encontrar tiempo para ser escuchados, ganarse la atención de los mayores o lograr que éstos muestren interés por sus anhelos, preocupaciones, esperanzas y problemas.

En esta nueva realidad, las obligaciones educativas y formativas para con los más pequeños son transferidas íntegramente a las escuelas, y los niños tienen como referente supremo el aparato de televisión que, en el caso de los adolescentes, deja paso la computadora , la mensajería electrónica o los chats. En este sentido, resulta abrumadoramente reveladora la Encuesta de Infancia en España 2008, realizada por la Fundación SM, la Universidad Pontificia Comillas y el Movimiento Junior AC. En este estudio se señala, entre otras cosas, que un 43% de los chavales entre los 6 y 11 años dispone de teléfono móvil, ya que es la única forma que tienen de comunicarse con sus padres, mientras que un 17% de los menores preguntados señala que, tras su jornada escolar, no ve a sus progenitores en toda la tarde.

soledad 6 Algo falla en nuestra forma de vida cuando uno de los principales problemas de los niños es la soledad.  Hay algo mucho peor, y los propios niños así lo reconocen, que un padre o una madre ‘pesados‘ e ‘insoportables‘: los padres o madres indiferentes, desinteresados o siempre ausentes, aun cuando se encuentren físicamente presentes.

En la soledad actual que padecen muchos niños pueden identificarse causas sociológicas, económicas y laborales que afectan directamente al quehacer diario de los padres y que delimitan de un modo importante la disposición de tiempo libre por parte de éstos. Pero quisiera destacar otra serie de factores que los expertos conocen bien, que contribuyen a intensificar más aún el aislamiento de los más pequeños y que, desgraciadamente, tienen demasiado que ver con la forma en la que los adultos contemplamos el mundo y con los aspectos que priorizamos en nuestra vida cotidiana. Así, nos encontramos con una sociedad, la nuestra, que desprecia, ridiculiza o apenas comparte valores clásicos como la disciplina, el esfuerzo, la demarcación de límites o el establecimiento de marcos de comportamiento y en la que la apología del ‘dejar hacer’ se encuentra mucho más extendida, y sin duda es mucho más valorada, que la defensa del prohibir o la querencia a establecer límites y respetarlos. Nuestros pequeños solitarios son los hijos de una generación, la de quienes hoy rondamos los cuarenta años de edad, acomodaticia, próspera, hedonista, complaciente y dúctil, una forma de ser, de comprendernos a nosotros mismos, que choca frontalmente con lo que siempre ha exigido ‘estar’, de verdad, con los niños: esfuerzo en la corrección afable y constante; firmeza inquebrantable en las negativas necesarias; persistencia en las actitudes positivas; paciencia con sus deseos, atención permanente y cuidado cercano.

Donde los adultos actuales, saturados de estímulos de todo tipo, acostumbramos a recibir impresiones diversas, los niños nos exigen mirar con detenimiento; donde nosotros vivimos en un caos de mensajes muchas veces inconexos, la infancia nos demanda escuchar con detalle; donde los mayores consumimos la vida a una velocidad terminal, los pequeños nos exigen calma, serenidad y paciencia. De este modo, el choque entre la forma en que los adultos entendemos nuestro quehacer diario y las necesidades que demandan los chiquillos es, en demasiadas ocasiones, demasiado fuerte y quizás por esto muchos de los más jóvenes afirman encontrarse en soledad. Quizás por esto también, según el estudio antes citado, los niños y niñas que viven en zonas rurales afirman ser más felices, ya que es precisamente en estos lugares donde los valores clásicos, más alejados de nuestro ‘zeitgeist‘ posmoderno, de este espíritu del tiempo a veces inane que nos atenaza en las grandes ciudades, se mantienen vigentes con mayor persistencia y arraigo.

soledad 7 Los condicionamientos sociales, económicos y laborales que intervienen directamente en que los niños y niñas se sientan solos y ajenos a las preocupaciones primordiales de los padres pueden ir modificándose positivamente a través de medidas políticas y culturales concretas, pero lo que puede resultar más preocupante y dramático es que la actual soledad que padecen muchos pequeños tenga que ver con el elevado grado de desconcierto, confusión, anomia y displicencia de una generación de adultos, la nuestra, que habiendo optado por el todo vale ético e ideológico, carece de convicciones, certidumbres y creencias concretas, absolutas y válidas que transmitir a sus retoños. El escritor inglés Gilbert Chesterton (1874-1936) ya lo advirtió hace un siglo: «La única educación eterna es ésta: estar lo bastante seguro de una cosa para atreverse a decírsela a un niño».

 

Claudio Scabuzzo
La Terminal
 
Fuentes.
http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000206&a=La-crisis-actual-en-la-Argentina-y-sus-efectos-en-los-ninos-memoria-y-futuro
http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2008/11/10/la-soledad-de-los-ninos/
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ninos/siente/solo/llegar/casa/elpepusoc/20080911elpepusoc_3/Tes
Foto principal:
http://metalgirl.files.wordpress.com/2009/04/soledad1.jpg
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. La Ultima Generacion dice:

    La juventud esta alcoholizada pateando todo lo ke se kruze,somos los ultimos vivos sobre la tierra,despues de todo…no seviene el fin del mundo,todo es un caos,al diablo kon la moral,la politica,la religion,la policia,la ley,el orden,todo se vino abajo!

    Mientras los imbeciles no saben ni kienes son ni lo ke pasa y se mandan en las nuevas tribus ridiculas de esta estupida modernidad,nosotros los antisociales ya no luchamos por un kambio,keremos destruir todo mas rapido,golpeando a todo el mundo,robando,destruyendo,odiamos a los fachos y a los zurdos,democratas y todo lo politiko,ya no hay ley ni dios!

    jajaja dke se yo,asi es la kalle,asi somos en el fondo…
    esperanza,jajaja,de ke diablos me hablas?
    nuestra vida es una mierda,somos espectadores del final,y somos orgullosos de ser agresivos y violentos,malditos bastardos somos jaja

    ke los emos se suiciden,ke los flowers vivan en su nube de pedo,ke los possers de todas las tribus se maten,nosotros somos lo ke decimos ser,no somos ni modas,ni nada de eso,si sos punk por ejemplo,sos mejor dicho un chiko malandra,komo nosotros,ke no nos ponemos ni nombres ni banderas,o sino,mas vale ke no nos pongais una maldita a de anarkia,porke golpeamos a los falsos,lo mismo va kon todos

    nosotros somos under,y somos terroristas jajaja

    ke se yo…les gusta eso?es la verdad profunda,en general,no me importa ke digan o ke piensen,hay muchos komo yo,en todos lados,en todos los rinkones,somos la juventud perdida,por pensar

    ustedes no entienden nada jajaja,

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