Siempre es tiempo de perdonar.

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Hay un acto noble del ser humano que es reconocer sus errores o superar las heridas que dejan los demás sobre nuestro espíritu. Se llama “perdón”. Cuando vivimos en una sociedad que exhibe los odios como discurso político, el perdonar es superar las diferencias para aumentar nuestra dignidad y ver más allá del rencor.

Benito Peral escribió en la edición digital del diario español El Mundo en 2006 una reflexión sobre el alcance del perdón, que no debe incluir necesariamente al olvido.

Perdonar no es anular, como si nada hubiera ocurrido; ni es olvidar, como si fuera posible una amnesia súbita; ni es no tenerlo en cuenta, ser imprudente y no aprender de la experiencia. Perdonar no significa ser ni ciego ni ingenuo. Lo hecho, hecho está y no hay dios que lo cambie.

Perdonar no implica tampoco, necesariamente, otorgar clemencia y suspender el castigo impuesto. Se puede y se debe castigar cuando buscamos corregir, pero nunca deberíamos castigar con odio, porque en eso consiste la venganza. Vengarse es devolver mal por mal, es echar más leña al fuego y hacer que crezca más y más. Tenemos que combatir el mal, acabar con él, pero al mal se le mata mejor envenenándolo con el bien.

Perdonar es dejar de odiar, es acabar con el rencor, terminar con el resentimiento. Perdonar es renunciar a la venganza. (…)

 Oscar Wilde decía en ‘El retrato de Dorian Gray’: “De pequeños los niños aman a sus padres, cuando crecen los juzgan y sólo a veces los perdonan. En eso, dicen algunos, consiste la madurez”.

Habrá quien no sepa perdonar, pero los hay también que no quieren perdonar. Si éste es tu caso, no perdones y quédate con tu rencor, pero has de saber que en el pecado tendrás la penitencia, porque el rencor es triste y el perdón alegría.

Liberarse perdonando.

Cuestiones morales y religiosas imponen el perdón, pero enmarcado en los principios de las instituciones que ejercen su poder sobre nosotros. Pero el tema es mucho mas amplio y no necesariamente necesita de una doctrina de fe para ser ejercido.

Eduardo Chaktoura es periodista y psicólogo, escribio en su blog del Diario La Nación de Buenos Aires un análisis sumamente interesante sobre la cuestión basado en un artículo de la revista de ese diario:

Perdonar siempre estuvo vinculado con un cierto orden moral o religioso. Sin embargo, por estos tiempos, el perdón se convirtió en un tema de interés científico, promovido fundamentalmente por la psicología positiva, que cree conveniente destacar las fortalezas y los aspectos “salugénicos” del hombre como un paso próximo a la sanación.

Precisamente, estudios realizados en los últimos 10 años certifican que quien perdona o pide perdón mejora su salud física y mental. Se cree que el perdón aumenta la autoestima e influye en la superación de estados depresivos y sentimientos de duelo; puede evitar, incluso, desajustes cardiovasculares.

La doctora en psicología Martina Casullo, investigadora del Conicet, fue una de las promotoras de la investigación de este tema en la Argentina. En 2006, condujo una encuesta realizada a 1715 personas de la Capital y el Gran Buenos Aires, sobre la importancia de perdonar y las razones para hacerlo. Por entonces, se supo que gran parte de la población considera que perdonar es importante y que las mujeres perdonan más que los varones (95%, frente al 88% de los hombres). Ellas perdonan para, eventualmente, ser perdonadas, y consideran el perdón como un indicador de inteligencia. Los hombres suelen perdonar para olvidar y seguir adelante.

Quienes no creen en la posibilidad del perdón se sienten limitados y se justifican alegando que “es difícil perdonar y pedir disculpas”, “depende de la situación”, “el rencor puede ser más fuerte”, “sólo Dios perdona”, “no vale la pena”.

Las concepciones sobre el tema son diversas. “Los autores que investigan sobre «la figura del perdón» tienen dificultades en definir si «perdonar» es una capacidad, una virtud o un aspecto de la personalidad”, anticipa Javier Camacho, doctor en Psicología Clínica (UBA) y director de la Fundación Foro, dedicada a la enseñanza e investigación en el campo de la salud mental.

“El perdonar es un proceso interno -explica Camacho- que se permite la persona perjudicada. Es un trabajo tan personal e individual que, a veces, no es necesario que quien haya provocado el daño pida perdón. Muchas veces, el victimario no quiere o no puede disculparse, ya sea porque no tiene la capacidad para hacerlo o porque ya no está presente, porque se ha ido o ha muerto. Sin embargo, pese a que nunca exista el pedido, hay quienes necesitan y pueden perdonar.” (…)

En el mundo del pedir perdón/perdonar siempre hay una víctima y un victimario o transgresor. Alguien se siente agredido, dañado o perjudicado por un otro, intencionado o sin ánimo de haber transgredido ninguna norma o regla de convivencia. Es un escenario tan subjetivo que puede estar embarrado por extremas evidencias así como apenas salpicado por sutilezas insignificantes. Cuántos amigos, parejas y familias se perdieron porque alguien no supo perdonar o pedir perdón a tiempo. (…)

Hay tantos niveles de perdón y posibilidades de perdonar como emociones, afectos, recuerdos y sentimientos puedan implicarse entre las partes. Más allá de las subjetividades, el perdón esconde un acto supremo de sanación personal.

Así como perdonar no significa recomponer vínculos (reconciliación), poder perdonar no excluye la opción de reclamar justicia. Perdonar no es justificar, excusar u olvidar. Perdón no implica indulto, pero tampoco debería promover el ánimo de venganza. (…)

Quienes definen el perdón en términos de rasgo de personalidad lo consideran una virtud o disposición de la “inteligencia espiritual”, relacionando la capacidad de perdonar con la humildad y gratitud. Se cree que el narcisista, los egoístas, o el que pasa por la vida compitiendo sin permitirse la más mínima capacidad de fallar, no son compatibles con la posibilidad de descubrir los beneficios del arte del perdón. (…)

El pedir perdón/perdonar, ¿se enseña?, ¿se aprende?, ¿se nace?, ¿se hereda? Nadie puede comprobarlo. Pero algo de todo esto hay en el camino del hombre, repleto de aciertos y errores, en busca del bienestar y la felicidad.

El perdón puede ser algo personal o colectivo. Pero es un paso que transforma a sus actores, que exhibe su humanidad, que reconoce las falencias propias de la naturaleza humana. Vivimos demasiado poco para arrastras odios y rencores, para no intentar corregir lo que hacemos mal, para no superar lo que otros provocaron en nosotros….

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 

Fuentes:
http://blogs.lanacion.com.ar/bienvividos-calidad-de-vida/mis-notas-en-lnr/los-beneficios-de-perdonar-y-pedir-perdon/
http://www.elmundo.es/yodonablogs/2006/01/20/miscircunstancias/1137755305.html
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Claudio dice:

    Es muy cierto lo que dices en este artículo. De paso aprovecho para desearte una feliz Navidad http://www.youtube.com/watch?v=k5XpnSBwCHw

    Me gusta

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