La infoxicación de cada día.


 

Tanta información nos bloquea la capacidad de análisis y procesamiento, de contemplación de la realidad, de reflexión y asimilación. Quedamos saturados de tanta información, ya sea a partir de la red o a través de los objetos que nos rodean. Tantos datos, referencias, vínculos, imágenes o sonidos nos inmoviliza y nos intoxica: así nace el término de infoxicación, un cuadro que atenta con nuestra salud y movilidad social. Pero a veces no notamos los efectos de la tecnología sobre nosotros.

Basta entrar a un ámbito público en donde se realizan trámites para descubrir la cantidad de carteles que nos intenta orientar, pero nos desorientan.  Caminos de cintas que marcan las filas, flechas, letreros electrónicos que nos informan sobre el lugar donde debemos ir previo a un turno ya otorgado por un sistema informático. Parece un aeropuerto pero acá no vamos a ninguna parte.

No enfrentamos a una máquina que hará una gestión que antes era humana. Innumerables claves, tarjetas, detectores de identidad para acceder a nuestro dinero, por ejemplo. Tomará nuestros billetes, los contará y rechazará aquél que está deteriorado, pero es dinero al fin, pero no hay excusas. ¿Cuantas veces al día debemos recordar que somos nosotros?.

Usuario, clave, “recuérdenos el nombre de su última mascota”. No hay límites para dudar de nosotros mismos. 

Hoy la informática debería facilitar las cosas, pero no.  Demasiada información para cumplir nos somete a un stress inncesario, incide negativamente en nuestra acción y salud. Pero a nadie le interesa cambiar esto y cada vez es peor. He luchado con mi banco para que me mande la información por correo, pero insisten en hacerlo por mensajes electrónicos, no hay otra salida. Somos víctimas de la tecnología pero la amamos y sentimos dependencia de ella.

En la calle los letreros de tránsito, luces titilantes, anuncios comerciales o de información nos quitan seguridad en el manejo de nuestro vehiculo.  Ni hablemos si en el auto tiene GPS, celular con bluetooth o un “centro multimedia”  que nos conecta con nuestras relaciones pero que nos aleja de la conducción responsable.

Señales, pitidos, pantallas que se iluminan en el tablero del automóvil, nos convencen que estamos en un vehículo de alta tecnología, el que todos prefieren. Queremos saber todo, aunque nunca es suficiente. Otras cosas invisibles son más importantes en el auto, como el ABS o los airbags, pero queremos sonidos, luces y pantallas para acompañar nuestra carrera a la nada.

También abundan aquellas empresas, públicas o privadas, que dicen brindarnos toda la información llamando a sus teléfonos o entrando en su site web y allí encontrarnos con enormes laberintos que nos conducen al fin de nuestra paciencia. Todo esta a nuestro alcance, pero no está en realidad. Nos quejaremos por la web, que es lo mismo que desplazar un archivo al cesto de la pantalla.

La tecnología nos puso en este camino, y si por un lado nos somete a la indiferencia, por el otro nos integra a un mundo que no es el mismo que pisamos siempre.

El mundo virtual.

 Internet es parte de todo ello o su sustancia íntima. Es el canal de información predilecto por la mayoría, nos contiene casi a todos. No solo hacemos trámites o consultas, nos sometemos a sus registros y novedades, sino que espíamos a otros.  Gracias a las redes sociales podemos ver donde viven los conocidos, que hacen, quienes son sus amigos, que tienen y que piensan. Las poses fotográficas, las mentiras y las frases inventadas crean perfiles artificiales de los usuarios, pero no importa porque el chisme está a la máxima expresión. No podemos abandonar el contacto con el mundo virtual ni cuando caminamos.

Ya no hay intimidad: con picardía podemos descubrir donde estan las huellas digitales de cualquiera.  Internet y sus computadoras en red deberían facilitarnos la vida, pero la complican, y a veces ni nos damos cuenta de ello.

La “metástasis informativa”.

Es la degeneración de la célula informativa básica. Hace que la adolescencia del conocimiento aumente en forma desproporcionada, porque ya no distinguimos lo que debemos saber de lo que no es necesario.

“Todo está en internet”, dicen algunos y son capaces de salir adelante sin remordimientos. Abrimos el grifo de la red y cualquier cosa se imprime en la pantalla: somos incapaces de discernir, de separar la paja del trigo. Esta red nos intoxica, pero también es adictiva, como el tabaco o el alcohol.

El filósofo español Xavier Rubert de Ventós escribió hace un tiempo en un diario madrileño sus reflexiones sobre el término “red”.

El término red -o en red- ha venido asociándose desde entonces a una libre y masiva difusión de los saberes. Frente a su tradicional distribución jerárquica y parsimoniosa, estos saberes se estarían haciendo hoy inmediatamente, democráticamente accesibles a todos.

Pero no nos precipitemos: mejor quizá demorarnos por un momento en las palabras mismas y su aura. Nietzsche decía que “las palabras son metáforas que hemos olvidado que lo eran”. Ahora bien, si dejamos que las palabras repercutan en nosotros, que nos golpeen con toda la carga de su origen, pronto descubrimos que la palabra red evoca un universo de asociaciones muy distinto, opuesto incluso al anterior.

Entonces la palabra red no nos sugiere algo que difunde sino algo que más bien retiene; no nos suena tanto a acumulador o difusor como a filtro o malla que captura ciertos elementos (peces o datos) y permite a otros pasar. Y lo decisivo es entonces la trama más o menos tupida de nuestra red; de una red que nos permita atrapar todos -y sólo- los datos o informaciones relevantes para el caso que nos ocupa.

Saber todo lo más rápido posible.

El flash informativo, el “ultimo momento”, el mensaje de texto en el celular, el twiter y sus breves 140 caractéres, el estado de ánimo en facebook no más extenso que eso… muchos vivimos pendientes de esas acciones breves tan inocentes, pero que tallan nuestro ser, lo aceleran. ¿Podremos desprendernos de todo ello para descansar?.

Ni hablar de la inversión que debemos hacer para ser parte de ese mundo, cuando otras prioridades se diluyen en la necesidad de estar “conectados” o en la tendencia. Tecnoadictos aparecen por doquier, nos seducen con lo nuevo pero nos alejan de la tranquilidad y el pensamiento crítico.

Quizás sea parte de ese mundo y estas palabras incrementen las toxinas virtuales, pero quiero detener un segundo tanta información para pensar lo que está sucediendo a mi alrededor.

Claudio Scabuzzo
La Terminal

 

Para ver:

Mercedes Benz recurre al término infoxicación para promocionar su nuevo Clase E Dynamic Edition, en España.

 

 
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Algunas fuentes consultadas:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/red/pescador/elpepiopi/20080706elpepiopi_5/Tes
http://www.documentalistaenredado.net/704/la-infoxicacion-desde-un-punto-de-vista-filosofico/
http://www.cosasdeautos.com.ar/2011/03/mercedes-benz-le-dice-no-al-exceso-de-informacion/
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1290099
Imagen principal: http://www.newsmatic.e-pol.com.ar/index.php?pub_id=684
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