Cobayos humanos de Guatemala.


Agradecemos a la ciencia la invención de la penicilina, pero no se habla de como se experimentó la droga. La ciencia no siempre es vida, más cuando existen intereses ocultos detrás de ella. En Guatemala las experiencias de la penicilina afectaron a 1.500 personas, pero nadie se acuerda de sus penosas vidas, arrojadas al cesto de los desperdicios de la ciencia moderna. Uno de los médicos que intervino en estos experimentos habría sido miembro del Opus Dei y está propuesto para ser canonizado por la Iglesia Católica.

Intentar sentir el mismo desprecio por el prójimo me da asco, sin embargo aprendimos que el mundo es así. El poder omnipotente conlleva a extremos y enceguece a algunos que pretenden trascender en base a no cuestionar lo incuestionable. Acá en Argentina se le dice “mas papistas que el Papa”, y los hay a montones, dispuestos satisfacer al poderoso llegando más lejos que él. La historia está lleno de excesos cometidos por individuos anónimos incentivados por otros que no preferían “el trabajo sucio”.Sucedió en 1946 en Guatemala. Allí el gobierno de entonces decidió prestarle ciudadanos al gobierno de Estados Unidos para que hicieran experimentos médicos. Algunos que estaban haciendo el servicio militar fueron trasladados a una enfermería donde le inyectaban vacunas cuyas consecuencias a su salud iban a prolongarse el resto de sus vidas.Experimentos alemanes en la segunda guerra mundial.

Iguales pero diferentes.

Experimentos sobre humanos en la Alemania Nazi.

Ya había terminado la Segunda Guerra Mundial y los aliados, liderados por Estados Unidos, espantaban al mundo con el descubrimiento de las atrocidades de la Alemania nazi, sus campos de concentración y sus experiencias científicas monstruosas.

No se hablaba entonces que el gran país de la libertad hacía lo mismo, sin guerra de por medio, en remotos lugares sumergidos en la pobreza, con gobiernos títeres que se arrodillaban ante el imperio.

Cuenta el Diario El País de Madrid:

Entre 1946 y 1948, un grupo de médicos estadounidenses, dirigidos por John Charles Cutler, bajo el patrocinio directo de la Secretaría de Salud del Gobierno estadounidense, inoculó con sífilis y gonorrea, sin darles ninguna información, a soldados, prisioneros, prostitutas y hasta a niñas de un hospicio . Fueron 696 los guatemaltecos infectados para probar con ellos los efectos curativos de la penicilina en el combate a estas enfermedades venéreas.

Durante décadas, nadie se acordó de las víctimas ni de sus familias, que sufrieron siempre los efectos de las enfermedades. Pero el pasado otoño la investigadora estadounidense Susan Reverby encontró los archivos del ya fallecido Cutler y se destapó el escándalo. El presidente estadounidense Barack Obama se disculpó por teléfono con el mandatario guatemalteco, Álvaro Colom.

“Es el abandono en que las víctimas han subsistido, luchando día a día por ganarle el pulso a la miseria, lo que nos animó a poner la demanda”, dicen los abogados del bufete guatemalteco Hiram Sosa Castañeda que, junto a una firma norteamericana (Henry Dell, especializada en casos de lesa humanidad) ha denunciado al Gobierno de EE UU, y luego hará lo mismo con el de Guatemala y una farmacéutica.

La ciencia sin conciencia y un futuro beato.

La historia de esas personas es la muestra de un estilo animal de la ciencia, de un desprecio natural a quienes no son como ellos. Muchos murieron, arrastrando sífilis y gonorrea, como cobayos humanos, mientras la fórmula de la penicilina se transformaba en un éxito comercial y un logro del avance humano.

Federico Ramos y Manuel GudielRamos, que hoy tiene 86 años, y Gudiel (85) han sobrevivido durante todos estos años en la frontera de la miseria, y en las condiciones más adversas todos, cuentan en su pueblo, Las Escaleras, una recóndita y humilde aldea al Este del país. El primero asegura que nadie le explicó qué les estaban haciendo cuando les ponían las inyecciones. “Habría que estar loco para aceptar ser parte de un experimento de esa naturaleza. En el cuartel, ya se sabe, solo se obedecen órdenes”.

Los efectos de la enfermedad empezaron a manifestarse a los tres meses. A partir de entonces, cada 15 días eran llevados a la clínica, para una revisión. “A pesar de las molestias y dolores cada vez más intensos, jamás fuimos relevados de nuestra rutina de soldados”, apostilla Gudiel. Tras licenciarse (el servicio militar duraba dos años) les abandonaron a su suerte, mala, por las consecuencias que siguen padeciendo hoy.

Ramos sufre dolores frecuentes de cabeza y tiene problemas en las articulaciones. Todavía supura y orina sangre. “Nunca me curaron. A lo más que llegaron fue a procurarme un alivio pasajero”. Añade que sus hijos y nietos están pagando las consecuencias. Su hija mayor perdió la vista siendo niña. Gudiel está casi ciego, padece de incontinencia urinaria y tiene llagas en las piernas. Al ignorar la naturaleza de su enfermedad, contagió a su mujer. Un tercer compañero de infortunio, Celso Ramírez Reyes, murió en 1997. Su hijo, del mismo nombre, cuenta que una de sus hermanas y su hija mayor son ciegas, mientras el más pequeño de sus niños sufre de ataques epilépticos. Él padece permanentemente de dolor de cabeza y músculos. “Como uno es muy pobre y no puede pagar médico, se tiene que conformar con remedios caseros”, se lamenta con un gesto de impotencia absoluta.

La memoria puede haber perdido fidelidad. Han transcurrido más de 65 años, pero Ramos y Gudiel recuerdan que algunos de sus antiguos compañeros sufrieron amputaciones del pene, lo que llevó a muchos de ellos al suicidio.

A Marta Orellana le inocularon el virus de la sífilisLos niveles de infamia sobrepasan cualquier límite, al grado de extender los experimentos a niños de corta edad, con el agravante de cebarse en los huérfanos. Marta Lidia Orellana, de 74 años, recuerda cómo, siendo una niña de 10, fue sacada del patio de recreo del hospicio y llevada a la clínica del orfanato. “Me obligaron a desvestirme. Con lujo de fuerza me separaron las piernas y empezaron a manipular mi vagina. Fue muy violento. Todavía tengo pesadillas y me despierto gritando, bañada en sudor”, cuenta ruborizada.

Insiste en que tampoco a ella le explicaron nunca el porqué de tales exámenes, cuando en toda su vida había padecido enfermedad alguna. Dice creer que los médicos eran estadounidenses, “porque eran muy altos y rubios”. Las veces en que se atrevió a preguntar sobre el tratamiento, le contestaban con violencia -“tú te callas”, gritaban- y la amenazaban con golpearla. “Sí, había un doctor guatemalteco, de apellido Cofiño, que era muy grosero”, confiesa.

María nombra al Dr. Cofiño. Se trataría de una figura de prestigio en Guatemala, que, extrañamente, esta siendo impulsado para ser canonizado por la Iglesia Católica. Miembro del Opus Dei, falleció de cáncer a los 91 años y  su biografía oficial lo describe así:

Opus Dei - Ernesto Cofiño colaboró heroicamente con organizaciones dedicadas a la educación y capacitación de campesinos, de obreros, de mujeres de muy escasos recursos.Ernesto Cofiño nació en la ciudad de Guatemala el 5 de junio de 1899. Estudió Medicina en La Sorbona. De vuelta a su país, contrajo matrimonio en 1933 con Clemencia Samayoa. Tuvo cinco hijos. Fue pionero de la investigación pediátrica en Guatemala. Creó la Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos que regentó él mismo durante 24 años. Fundó la Asociación Pediátrica de Guatemala y fue por algún tiempo director del Hospicio Nacional. En 1946 creó el Sanatorio Antituberculoso Infantil en San Juan. Se dedicó a su profesión con un admirable espíritu de servicio que le llevaba no solamente a ocuparse de la salud física de sus pacientes, sino a compartir sus problemas personales.

Experimentos peligrosos.

No fue el primer caso de denunciado, unos afroamericanos fueron sometidos a lo mismo en el propio territorio norteamericano. Recibieron una indemnización, y eso esperan en Guatemala, aunque quedan pocos con vida tras 65 años de enfermedad.

El mundo está lleno de ejemplos de casos parecidos, en donde las multinacionales de los medicamentos han dejado víctimas y muertos, pero siempre en comunidades marginales, pobres y olvidadas, o en países subdesarrollados olvidados por primer mundo.

En Argentina, sucedió algunas veces. Aquí experimentaron una vacuna contra el neumococo sobre una población indefensa, violando normas éticas y legales. Una denuncia periodística abrió la investigación que concluyó con una multa millonaria a los responsables de la aplicación. El veredicto oficial no habla de la calidad de la vacuna (que ya estaría a punto de aprobarse) y de las muertes que supuestamente provocó. Las corporaciones farmacéuticas necesitan probar sus medicinas en esta parte del mundo.

gsk

El caso involucra al laboratorio GlaxoSmithKline y a los investigadores Miguel Tregnaghi y Enrique Smith. Este trabajo científico se ha desarrollado en varios países de Latinoamérica, donde la pobreza y la ignorancia permite emprender estos negocios que toman a los humanos como conejillos de indias. Argentina no es la excepción. En mi artículo “Los niños de laboratorio” hablo sobre este tema y otros.

Hablar de muerte y ciencia parece una contradicción, pero cuando el poder económico busca resultados, cualquier cosa es posible.

Claudio Scabuzzo

La Terminal

Fuentes:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Fueron/experimentos/diablo/elpepusoc/20110326elpepisoc_3/Tes
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Medicos/EE/UU/inocularon/sifilis/gonorrea/prisioneros/enfermos/mentales/Guatemala/elpepusoc/20101001elpepusoc_3/Tes
  http://www.opusdei.es/art.php?p=123

http://www.conelpapa.com/quepersigue/opusdei/causacofino.htm

Foto principal: http://www.cubadebate.cu/coletilla/2011/03/27/experimento-del-diablo/

Otras fotos: Diario El País y WEB

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ranfery Byllan dice:

    Dios dara el pago a estos salvajes que se llamaron “Doctores” , sometieron a seres humanos a experimentos macabros, usados como ratones de laboratorio… Son crimenes que los gringos estupidos se callan para no ser señalados como violadores de los Derechos Humanos. Espero esten ardiendo en el infierno.

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  2. Anónimo dice:

    Que horror >_< , Dios, esto me recuerda a la historia de la Anestesia… fue algo bastante similar, como amputaban miembros a esclavos en esa época o los dañaban constantemente par aprobar en ellos la droga

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