El auto en casa, no en las calles.


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Frente al boom en las ventas de automóviles aparece una señal de advertencia: la ciudad del futuro no los tendrá demasiado en cuenta. La adicción al auto encuentra un freno en las nuevas tendencias para devolver la ciudad a sus legítimos dueños: los peatones. Una ciudad para caminar, para las bicicletas, el transporte público y quizás, en el futuro, para los autos no contaminantes.

Los primeros pasos están siendo dados en todo el mundo, y en mi ciudad, Rosario, con 1.200.000 habitantes (según el censo 2010), los 5 mil autos que mensualmente se suman a las calles, deberán ser domados para permanecer detenidos en sus garages o cocheras. Medidas que desalientan su uso no faltan: desde ausencia de espacios para estacionar en el área central hasta sitios vedados para la circulación y exclusivos para bicicletas.

No al auto.

View ImageParece la proclama de un grupo anti-modernidad, pero no deja de ser la sustancia de algunas iniciativas públicas. Operativos de control de vehículos, radares de velocidad y cámaras buscan detectar la violación a las reglas de tránsito, en una política que no solo brinda al municipio mayor recaudación, sino que permite aplicar una medida no declarada pero evidente: desalentar el uso del automóvil.

Aún falta mucho para alcanzar los objetivos que en Europa se observan en varias ciudades: prohibición de circulación en las zonas comerciales, cancelación de áreas de estacionamiento y hasta semáforos operados por los choferes del transporte público. La idea es que el auto abandone su liderazgo en la vía pública y permita al peatón y ciclistas una circulación libre de toxinas y accidentes.View Image Además promueve el uso de bicicletas, y en futuro, de vehículos eléctricos sin emisión de carbono.

Las bicisendas, o carriles exclusivos para estos vehículos de tracción humana, son un ejemplo de lo que vendrá, a pesar del rechazo que provocan a quienes están detrás de un auto con motor térmico. El número de estas sendas en mi ciudad no es significativo, ni siquiera quienes las utilizan.  Falta garantizar la seguridad de su circulación, mejorar el entrenamiento de los ciclistas para que respeten las reglas de tránsito y evitar la sustracción de las bicicletas en algunas zonas críticas de la ciudad.

Cambiar la mentalidad.

Pero todo este esquema necesita de un transporte público eficiente, de otras alternativas de desplazamiento y un gran cambio cultural en la comunidad. No somos un ejemplo en esos ítems, pero el gobierno municipal de Rosario ha desarrollado un transporte público propio con ómnibus que es más eficiente que en otras ciudades, pero que colapsa ante la demanda. Trenes o subterráneos son sueños siempre postergados, enfrentados a los sectores que aducen un gasto innecesario, amantes de los autos y de la comodidad de viajar solo.

El transporte público es uno de los  ejes fundamentales de toda gestión municipal, pero tiene enormes falencias en todo el país. El auto se impone en las calles, logra atravesar los espacios públicos con demasiada libertad.

Ciudades sin autos.

La política de las nuevas ciudades “verdes” en Europa ha impuesto, incluso, limitaciones para la construcción de playas de estacionamiento en shoppings y centros comerciales. Se creía que esto iba a perjudicar las ventas, sin embargo no sucedió y, al contrario, se incrementó la presencia de público. Con pocos lugares para autos, priorizando el espacio para discapacitados, los aparcamientos se llenan de bicicletas.

En Rosario durante algunos años se limitó el ingreso de automóviles al área central, pero los comerciantes lograron revertir la medida. Decían que estaban perjudicados, pero no lo pudieron demostrar. La medida restrictiva quedó sin efecto y las consecuencias hoy son visibles. Quién va en auto al centro se enfrenta al dilema del estacionamiento, la falta de lugares públicos para dejar el vehículo, al alto costo en garajes privados, a daños, accidentes y sanciones. Hoy el caos es evidente, los embotellamientos aumentan en tiempo y tamaño, y las calles son intransitables. Muchos autos van con su conductor, y nadie más. Difícil convencerlo de abandonar la comodidad de su vehículo.

En Europa ha crecido la población que no tiene automóvil, que se desplaza en transporte público, al igual que la gran mayoría de funcionarios y legisladores que dejan el auto en sus casas. Es lo que consideran políticamente correcto, frente a la demanda de sus ciudadanos de una mejor calidad de vida.

Quizás en Rosario falta un mayor compromiso de las autoridades públicas en adoptar ellos primero lo que pretenden que adopte la comunidad. Reducir los vehículos oficiales, transformar en plazas los estacionamientos de las dependencias públicas y desafiar sus aspiraciones políticas con medidas revolucionarias: carriles exclusivos para el transporte público, prohibición de estacionar en las calles y prohibición de circulación en áreas de mucho tránsito. Esta última medida se esta experimentando con éxito en las adyacencias de uno de los parques de la ciudad, pero los domingos a la mañana, quedando la calle a disposición de los peatones. No me imagino que sucedería si se hiciera lo mismo los días hábiles de la semana.

Así y todo, la población no percibe los tiempos que vienen. Siguen añorando el automóvil o la motocicleta para moverse más rápido, aunque pocos evalúan el tiempo perdido en la lentitud de la calle. He visto a conciudadanos desesperarse por no encontrar estacionamiento, alterados al punto de no ser confiables en su conducción. Terminan obstruyendo más la circulación al dejar su auto en doble fila con la única intención de ir hasta un cajero automático.

El cambio cultural tendrá que ser enorme, pero las medidas que deben aplicarse están sometidas a los tiempos políticos, al temor de caer en desgracia ante la opinión pública y recibir un cachetazo del electorado. Otros proyectos de transformación necesitan de mucho dinero y el consenso de las fuerzas políticas para lograrlo, pero en la competencia por los puestos públicos unos no quieren favorecer a los otros.

Claudio Scabuzzo

La Terminal

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Claudio dice:

    Desde hace años me manejo en bici por Rosario. Trabajo en el centro (Maipú y Córdoba) y todos los días hago ese trayecto ida y vuelta del trabajo a casa (12km) Cuando no puedo ir en bici a otros lado uso el colectivo y en las ocasiones en que necesito transportar algo o por seguridad tomo un taxi. He ahorrado muchísimo dinero y aumentado mi calidad de vida con el ejercicio que hago. Los invito a agarrar la bici y disfrutar de la ciudad :)

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