Saqueos: El poder del delito.


Saqueos Rosario Diario Perfil

El 20 y 21 de diciembre de 2012 muchos no lo olvidarán. Villa Gobernador Gálvez y Rosario vivieron otra seguidilla de saqueos y desmanes que atentaron por lo menos a medio centenar de comercios pequeños. La mitad de ellos eran supermercados chinos, instalados en las zonas carenciadas donde no llegan las grandes cadenas de productos de consumo. Cuatro muertes dan testimonio de la violencia, muchos heridos y otros tantos damnificados que perdieron su fuente de trabajo en manos de algunos vecinos. Algo similar ocurrió en 40 localidades del país, en esos mismos días.  Casi un millar de negocios de barrio, y algún gran supermercado, terminaron arrasados por la furia de jóvenes que se llevaban todo, a cambio de sangre y odio. Mientras ocurría todo esto en Rosario y alrededores, en las calles comerciales, shopping y  zonas financieras, todo era normalidad, alegría y compras navideñas. La ciudad se había dividido exactamente en dos y nadie se había dado cuenta.

Saqueos Rosario-Carlos-Carrion_Diario ClarinAquí no hubo hambre, por eso despojaron  primero de bebidas alcohólicas y electrodomésticos a los comerciantes. Las barriadas cuyas clases bajas se desbordaron tienen planes sociales, subsidios y comida para los de menos recursos, así que el hambre no es problema, si quizás la mala alimentación.

Los punteros políticos conocen a esos barrios de carencia, donde miles de jóvenes no trabajan ni estudian. Allí los narcotraficantes han extendido su negocio con fieles empleados que están dispuesto a todo para la distribución y el consumo. El estado no pudo evitar que estos jóvenes hayan aumentado el indice delictivo, aterrorizando a la mayoria de la comunidad con sus robos y violencia. Ellos son parte de optimistas estadísticas sociales sobre el crecimiento económico del país.

El asistencialismo político a cambio de favores es algo típico en los cinturones de pobreza, donde los políticos y autoridades no van. Ni las ambulancias, ni la policía, ingresan en esos lugares. Hace muchos años que las bandas de delincuentes se apoderaron del control de sus vecinos, y a la vista de todos, arman sus “kioskos” de droga, exhiben sus armas o tirotean a sus enemigos.

No era igual en el 89, en esos primeros saqueos, y en el 2001, donde había un enorme malestar por la crisis económica y política. Cuando la droga no tenía la dimensión de hoy. Pero los sucesos se presentaron en los mismos barrios de entonces, una generación después, imitando la historia pasada, rompiendo los valores humanos básicos para saciar sus necesidades materiales y hasta matar o morir en el intento. No importa quién los impulsó, sino porque hicieron todo eso. ¿Donde estuvo el estado todos estos años para limar los odios y los excesos que volvieron a renacer?. El gobierno y la oposición se bombardean de culpas, pero parte de la responsabilidad por los hechos es esta conducta de enfrentamientos políticos, las desmedidas ambiciones de permanecer en sus cargos, el enriquecimiento inexplicable de quienes deben trabajar para los pobres  y la clara ineficiencia de los dirigentes. De todos.

Saqueos Rosario-Delante-Carlos-CarrioPor lo menos en Rosario y Villa Gobernador Gálvez las bandas de delincuentes mostraron su poder de convocatoria y acción, logrando dominar a la policía, que está limitada en su poder de fuego por cuestiones políticas. Con balas de goma debían contener a jóvenes armados con pistolas y hasta con gases lacrimógenos. Saben que si matan a algún saqueador es posible que deban enfrentar un juicio que los perjudique de por vida. Los que están al margen de la ley actúan tranquilos,  la policía está siempre con sus manos atadas.

Desarmar esta realidad significa superar los prejuicios de la llamada “represión”. A casi 30 años del fin de la última dictadura esa palabra remite a procedimientos ilegales, pero en verdad nos habla de un método que limite la delincuencia. Reprimir el delito en el marco de la ley es la única manera de separar a los más peligrosos del resto de la sociedad.

saqueos rosarioPero parece que es “políticamente incorrecto” abordar estas cuestiones con métodos que traen malos recuerdos. El gobierno brasileño enfrentó a las bandas de narcos que gobernaban sus “favelas” con un aparato represivo sofisticado, pero acorde a la dimensión del enemigo que debían doblegar. Fue el propio Estado el que asumió el problema. Aquí no pasa lo mismo.

Cuando fue el escándalo del jefe de policía de la provincia de Santa Fe, sospechado de favorecer a las narcos, algo cierto dijo la oposición: la responsabilidad sobre la lucha contra la droga es de la nación. Sin embargo las fuerzas nacionales que podrían interferir en el desarrollo de estos negocios ilegales están casi ausentes. El narcotráfico es, sin duda, un poder paralelo en la marginalidad de las grandes ciudades argentinas. No hay poder paralelo que no crezca en ausencia del estado.

Entonces no deben extrañar estos desbordes sociales, protagonizado por jóvenes que no tienen ley, ni respeto, ni obediencia. Perforados por la droga y el alcohol son una nueva generación de “zombies” que arrasan con la dignidad y el trabajo de los demás. Las tareas que el estado dice realizar en los barrios sin ley están lejos de ser eficientes. No hay educación, no hay salud, no hay asistencia social. Ni siquiera los menores expuestos a todo esto son observados, protegidos por el estado para no terminar siendo víctimas del propio clima en el que viven.

Es el propio estado en todos sus niveles el que debe revertir esto, no solo con dinero repartido para calmar los ánimos un tiempo. Hace falta una labor conjunta que termine con esta superposición de organismos municipales, provinciales, nacionales y privados que se ocupan de los necesitados, en un despliegue presupuestario que llega al destino con cuentagotas. Este abanico de entidades abocadas a lo mismo, permite que la corrupción se olvide de los pobres.

Este gobierno que anuncia su respaldo a los sectores mas perjudicados por el neoliberalismo no observa que las villas miseria siguieron creciendo y que desbordan de argentinos y extranjeros sin futuro. ¿Que ocurrió? ¿Porqué no es posible terminar con la pobreza?. Para responder esto deberían despojarse de discursos ideológicos desteñidos por el tiempo, pero estamos en una época de enfrentamientos, de una lucha de poder, de conflictos superfluos, de odios de clase, de rencores del pasado sin sentido y de montajes políticos.

Se justifica la miseria con la pobreza estructural que persiste desde hace décadas, pero los recursos nunca están para desmantelarla. Si existe preocupación del estado por desarmar un multimedio opositor, pero la misma fuerza de trabajo no atiende la cuestión de la pobreza.

El poder está ocupado en permanecer y en controlar lo que se dice para que tengamos una sola manera de ver las cosas. Este asunto de la lucha entre pobres descontrolados pueden quedar debajo de la alfombra. Me resisto que así sea.

 
Claudio Scabuzzo
La Terminal
 
 
Nota: Contenido actualizado el 26/12/12
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2 Comentarios Agrega el tuyo

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