Habemus Argentinum Papam.


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La crisis del Vaticano encontró a su salvador, el arzobispo argentino Jorge Bergoglio. Tras la renuncia de su antecesor, otro hecho inédito se sucede: la proclamación de un candidato del “fin del mundo”. Su pasado esconde los secretos que le permitió escalar la jerarquía máxima del catolicismo. Aunque su biografía no lo declare, el nuevo papa Francisco habría sido parte de “Guardia de Hierro”, el brazo de derecha del peronismo ortodoxo. El partido fundado por el General Juan Domingo Perón abarcó todo el arco ideológico de su tiempo y aun hoy mantiene esa extraña composición agridulce. Un referente del peronismo histórico de “Guardia de Hierro”, Julio Bárbaro, dice haberlo conocido en esa época como un cura politizado.

¿Se trata de una mancha negra? Quizás no, si lo comparamos con las denuncias que involucraban al alemán Benedicto XVI con las juventudes hitlerianas cuando todavía no era cura.

El Cardenal Jorge Bergoglio se impregnó de los vaivenes políticos argentinos, de los movimientos setentistas y de la furia militar. La iglesia estuvo comprometida en ambos bandos y esa contradicción abrió enormes grietas en la organización. Cuando la dictadura gobernó el país siempre hubo un obispo para bendecir sus armas, pero también desaparecían curas por pensar distinto. ¿De que lado estaba Bergoglio en esos tiempos violentos?.  Ni en uno ni en otro. Para el kirchnerismo, un apéndice del peronismo de izquierda “aggiornado” al siglo XXI, Bergoglio es un cómplice de la dictadura pasada, pero otros reconocen que no tuvo nada que ver. Las acusaciones livianas del partido gobernante parecen ser una venganza por su oposición a la política populista de la última década de Cristina y Néstor.

Bergoglio alias “Francisco” viene con al experiencia de navegar “a dos aguas”, de estar de un lado sin estarlo, típico de la jerarquía católica cuyo acceso al poder es el resultado de muchas concesiones. A su antecesor, Joseph Ratzinger, le estallaron los escándalos de los curas gays, pedófilos y lavadores de dinero. El nuevo Papa deberá limpiar el terreno sin alejarse de los principios conservadores de su iglesia, donde la única justicia es el olvido.

Cuando en Argentina tuvo que expresar su repudio a la pedofilia eclesiástica se ajustó a las normas del protocolo del Vaticano.  Un cura de Paraná, Justo José Ilarráz, fue acusado de abusos a menores y un comunicado firmado por Bergoglio repudió la conducta del sacerdote pero calificó sus actos como “faltas graves” y no delitos. Una sutil diferencia que demuestra que el marketing del Vaticano puede ser muy distinto a la realidad. En verdad Begoglio respetó las disposiciones de su iglesia emanadas del Papa Benedicto XVI quién antes de serlo lideró  la Congregación de la Doctrina de la Fe que reglamentó el tema de de la pedofilia con un procedimiento que desdibujaba el delito de forma perversa.

bergoglio y kirchnerBergoglio parece haber sido un iluminado en las sombras del bajo perfil. Se le reconoce a esta jesuíta sencillez, humildad y una permanente llegada a los sectores marginados de la sociedad. Un encendido discurso contra la trata de personas y la miseria, pero también contra el matrimonio igualitario, la ley de género y el aborto no punible, parte de la política “de inclusión” de los Kirchner.

Así parece ser y será Bergoglio. Conservador y progresista. Agridulce como el peronismo que esconde en su historia.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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