Viajar sin pagar.


 omnibus rosario
En países emergentes como Argentina, el transporte público abre intensos debates sobre su realidad y precariedad. Los gobiernos han liberado al sector privado su explotación, pero el estado interviene con subsidios del erario público, en cifras imposibles de verificar por falta de transparencia. El resultado no ha sido satisfactorio y los cuestionamientos estallan como un volcán cuando un accidente se cobra la vida de los pasajeros.  Algunos servicios han vuelto a la órbita del estado por incumplimientos de sus prestadores privados o por ausencia de interesados en explotarlo, pero son cuestionados por quienes creen que el gobierno no debe sostener el transporte público. Entonces,  ¿Qué ocurriría si el servicio fuera explotado por el estado con tarifa gratuita?. En  ómnibus, subte, tren o tranvía: el derecho al transporte.

A mediados de Junio de 2013 un nuevo accidente entre trenes en el Gran Buenos Aires puso otra vez en tela de juicio los negocios paralelos detrás del subsidio público. En Castelar dos formaciones chocaron y provocaron la muerte de 3 personas y heridas a más de 300. Sucedió al año siguiente de otro incidente, en la estación de Once de Buenos Aires, que provocó la muerte de 51 personas.

omnibus bairesTodos esos pasajeros pagaron una tarifa por un servicio que no les ofreció garantías. Lo mismo ocurre en otros accidentes donde los protagonistas son ómnibus urbanos, con unidades inseguras, antihigienicas y sin comodidades. Cuando no existe un siniestro los reclamos pasan por  la falta de cumplimiento en las frecuencias del recorrido o la inseguridad que ofrecen. En cada una de las quejas aparece la figura del empresario que cobra una tarifa y que a su vez recibe dinero del estado para sostener un servicio ineficiente, o un estado que asumió el servicio en emergencia y que no puede gestionarlo con responsabilidad.  Además la corrupción política y empresarial, la falta de controles y el servicio deplorable son críticas frecuentes desde hace décadas.

Una realidad del tercer mundo.

brasil, boletoMientras la televisión mostraba los hierros retorcidos de los vagones y el rescate de sobrevivientes en el Gran Buenos Aires, en otra gran ciudad de latinoamérica, San Pablo (Brasil), se vivía una protesta multitudinaria que contagió a otras ciudades brasileñas en contra del aumento de la tarifa de ómnibus. Una ministra de la presidenta Dilma Rousseff aseguró que “El transporte colectivo es un problema real y concreto de la población. Es caro e insuficiente y hay personas que emplean tres y cuatro horas en ir y volver del trabajo”. La historia se repite en otras latitudes.

Algunos grupos de manifestantes brasileños se identifican con un viejo sueño popular, el proyecto “Tarifa Zero”, pensado por en un funcionario público 23 años atrás. Si el estado subsidia cada vez más y el servicio no mejora es porque la tarifa es un gasto innecesario.

Transporte gratis.

lucio-gregoriLa periodista Bárbara Marcolini escribió en O Globo la historia del ingeniero Lúcio Gregori. Estos son algunos tramos que permiten entender el proyecto.

Desde su casa en la ciudad de Jundiaí, a 60 kilómetros de San Pablo, un hombre con el pelo gris y voz tranquila sigue muy de cerca las noticias sobre las manifestaciones en algunas ciudades brasileñas en los últimos días. Hace 23 años, cuando muchos de esos chicos que ahora esgrimen pancartas contra el aumento de tarifas de los autobuses ni siquiera habían nacido, Lúcio Gregori, el entonces secretario de Transporte de São Paulo, presentó una propuesta audaz: el fin del cobro de tarifas en el transporte público municipal.

El proyecto, denominado “Tarifa Zero” contó con el apoyo de la alcalde Luiza Erundina, pero fue rechazado por el Ayuntamiento. Descubierto años más tarde por miembros del Movimiento Passe Livre (MPL), las ideas de Gregori hoy representan el principal estandarte del grupo que ha generado la ira y la controversia en las ciudades brasileñas.

En las páginas de MPL en Internet, el proyecto Gregori se menciona como una manera de poner fin a la exclusión social impuesta por el transporte público. Pragmático, Gregori explica “Tarifa Zero” de manera más simple: se optimiza el sistema de transporte, se eliminan los gastos de control de los pasajeros que pagan y el gobierno asume su  costo, como lo hace con la salud pública, la educación pública y la seguridad pública. La tarifa, señala, no se anula, pero es pagada por los ciudadanos a través de sus impuestos.

Tarifa alta, servicio malo. 

tarifa0En los ómnibus de mi ciudad la tarifa es una blanco de quejas, sin embargo no pagan ni los jubilados, ni las fuerzas de seguridad, ni personas que exhiban un carnet de discapacidad. Los estudiantes pagan la mitad y otros no abonan porque falla el sistema automático de cobro. Una parte de la tarifa es subsidiada desde el estado pero parte de ese dinero vuelve al estado en impuestos. Con subsidio y un precio elevado, lo que paga el pasajero nunca alcanza para prestar un buen servicio. ¿Cuánto se gasta en cobrar, cuanto del subsidio no llega al usuario, cuántos viajan gratis y cuánto costaría brindar un servicio gratuito?. Algunos estudiaron el tema y pensaron que era posible. En Brasil, movimientos sociales están planteando el tema a sus autoridades.

Sería una determinación revolucionaria transformar en gratuito el transporte de personas, pero para ello se necesita mucho más que la intención política y los fundamentos. Se necesita sobre todo dinero, transparencia, responsabilidad y una gestión profesional. Esto generaría otros efectos, como la reducción de la circulación de automóviles, menor contaminación y una mayor identidad de la gente con su ciudad. El transporte ya no discriminaría entre quienes pueden pagar y quienes no, entre estudiantes y trabajadores, entre jubilados y discapacitados.

El ingeniero Gregori con sus 77 años, al igual que otros aposentados brasileños y argentinos, tiene el pase libre para el transporte público.  En otro tramo de la entrevista recuerda como nació su idea de eliminar la tarifa del transporte colectivo en una de las ciudades más grandes del mundo.

Antes de ser Secretario de Transporte, fui Secretario de Obras y Servicios. En esa condición, administraba el contrato para administrar la recolección y distribución de los residuos, servicios que se pagan indirectamente a través de los impuestos. Cuando asumí el cargo, el transporte colectivo estaba en una situación difícil: el tráfico era malo y el transporte público, peor. La sensación que tuve fue de total indefensión. Al reflexionar sobre estas cosas, pensé que la recaudación en el transporte público era poco eficiente. Para cobrar la tarifa se gastaba alrededor del 28% de lo recaudado. La tarifa impedía la optimización en el transporte y  cada vez más personas quedaban excluidas de la sociedad y el mercado laboral, ya que no podían moverse por la ciudad. Tuve la idea de eliminar el arancel y financiar la transporte público con fondos del Ayuntamiento. Al principio hubo mucha resistencia, incluyendo del gobierno y los concejales del PT. Mi propuesta fue optimizar el sistema, desde la idea inicial de la irracionalidad del sistema de facturación.

colectivoMi propuesta tenía una gran dosis de ingenuidad. La ciudad de São Paulo fue incapaz de asegurar la gratuidad  porque requeriría una reforma tributaria. Dicho sea de paso, era básicamente un proyecto de ley de reforma fiscal que modificaba impuestos a la propiedad, con el aumento de los impuestos para las casas de lujo, grandes edificios, etc, a escala de progresividad. De este modo, se crearía un Fondo de Transportes para el transporte gratuito, asegurando la flota de São Paulo que era de 7.600 buses y la compra de 4 mil más. (São Paulo cuenta actualmente con 14 mil buses).

Aunque rechazado por la Cámara, el proyecto de ley entró en vigor en un barrio de São Paulo. ¿Cómo fue la experiencia?

En la ciudad Tiradentes, que es un barrio muy alejado de Sao Paulo -el autobús recorre  unos 60 kilómetros hasta el centro – donde hay varios complejos de viviendas, todos distantes el uno del otro. Antes, cada uno tenía un autobús hasta el centro. Lo que hicimos fue un sistema troncal: líneas gratuitas iban a un punto y desde allí se pagaba por  el autobús que va al centro. Hubo comentarios del tipo: “la gente no valora”, “habrá vandalismo” o “va a estar lleno de vagabundos”. Hicimos este experimento para demostrar que no iba a cambiar nada. No tuvimos ningún cobrador, de vez en cuando uno u otro niño daba unas vueltas y eso era bueno para ellos. Esto funcionó por un tiempo. En noviembre de 1990, encargamos una encuesta: el 76% de la población estaba a favor de la propuesta de reforma fiscal para garantizar un transporte público de la ciudad y el 68% estaba a favor de la tarifa cero.

 Soñar no cuesta nada.

¿Cuanto representa para el municipio el mantenimiento de la estructura vial para un parque automotor que no deja de crecer? ¿Qué gasto en emergencias nos ahorraríamos si circularan menos autos y motos? ¿Cómo dinamizaría la economía local una medida así? ¿La aceptarían los taxistas?.  La idea de hacer gratuito el servicio de ómnibus  colectivo no es una locura, es la forma en que una sociedad optimiza sus recursos y devuelve a sus contribuyentes un mejor servicio. El debate está abierto.

Claudio Scabuzzo
La Terminal 

Fuentes consultadas:

http://oglobo.globo.com/pais/idealizador-do-tarifa-zero-inspirou-grupo-de-manifestantes-contra-aumento-das-passagens-8688808

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/14/actualidad/1371243116_063064.html 

Foto principal: busesrosarinos.blogspot.com

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