La ciudad volátil.


rosario tragedia
El martes 6 de agosto de 2013, a las 9 y media de la mañana, un escape de gas derrumbó un edificio en el macrocentro de Rosario. Los efectos de la explosión provocaron muertos, heridos y desaparecidos. Todavía se siguen removiendo los escombros para encontrar sobrevivientes. Alguien manipuló instalaciones sensibles, pero otros miraron para otro lado. ¿La ciudad es una bomba de tiempo?

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Apenas conocí el hecho recordé una tragedia urbana conmocionante. En 1992 en Guadalajara, México, petroleo que era conducido en un ducto subterráneo atraviesa el sistema de alcantarillado y provoca varias explosiones. Así quedan destruidas 15 kilómetros de calles, matando entre 500 y 700 personas. La dimensión del hecho no se asemeja a lo sucedido en mi ciudad, pero abre interrogantes sobre el lugar que habitamos, sobre la seguridad bajo nuestros pies.

Las entrañas de las ciudades están atravesadas por innumerables redes que alimentan la vida de la comunidad. Agua, gas, electricidad y desechos circulan debajo  y a veces sobre nuestras cabezas. Los habitantes demandan dichos servicios porque son parte de la vida civilizada, del confort y la sanidad. Queremos electricidad, gas natural, cloacas, agua corriente, televisión por cable, Internet, celulares…. No observamos que a veces algo de todo eso nos puede poner en peligro.

Esas redes no siempre son controladas, se mezclan sin que sepamos que puede sucecer. En Rosario todavía hay instalaciones del siglo 19 y no han sido renovadas como corresponde. Hoy conviven con cables y antenas. En muchas ciudades ocurre lo mismo: el pasado y el presente se enlazan en forma peligrosa.  Suponemos que nuestra seguridad está siendo tomada en cuenta, pero es solo eso, una suposición.

Todo tiene vida útil.

tragedia rosario2Apegados a no respetar las normas observamos como los sucesos inexplicables encuentran sentido en la ausencia de controles, en la flexibilidad de las reglamentaciones. El tiempo degrada los materiales y las responsabilidades, nadie habla de la vida útil de lo que nos rodea. ¿Esos miles de edificios y sus materiales tienen vencimiento?. Las instalaciones de electricidad, gas, agua, cloacas, ¿Cuándo deberían ser renovadas para evitar accidentes?. Toda una vida puede costar tener una casa propia y basta un segundo para que desaparezca, si sobrevivimos al desastre.

Derrumbado sobre si mismo tras una explosión de gas, los 9 pisos enterraron sueños, recuerdos e historias de familias que no imaginaban que su hogar podría ser una trampa mortal.  Cientos de viviendas vecinas también recibieron el impacto de la tragedia y sus habitantes quedaron conmocionados por el paisaje que la ciudad revelaba en sus ventanas. Nadie habita una ciudad pensando en morir por culpa de ella.

Esas muertes no son en vano.

Rosario tuvo pocas tragedias semejantes, jamás una guerra, un terremoto y menos un huracán. Otros lugares del mundo sufrieron destrucciones y volvieron a crecer sobre si mismas, aprendiendo de sus propios errores. Lo que pasó es una muestra de cataclismos mayores.

La cicatriz en la zona de calle Salta al 2100 permanecerá en el mapa y debería ser el principio de un cambio de actitud frente al descontrol y la decidía.  Trabajar para evitar que se repita algo parecido es justificar esas muertes inocentes. Es pensar en una ciudad de vida.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
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