La otra presidenta.


isabel_peron
Hace 38 años otra mujer gobernaba Argentina. La fórmula Perón-Perón la llevó a la vicepresidencia y  tras fallecer su esposo, al cargo político más importante del país.  El partido gobernante aceptó con sumisión este destino, aceptó su entorno místico, sus extraños asesores y funcionarios. Cuando faltaba poco para las elecciones, Isabel Perón se toma unas semanas de descanso por motivos de salud. En medio de una crisis de enormes proporciones y con una guerrilla política que no daba descanso a las balas, el país navegaba hacia un golpe de estado inevitable y cruel.  A la presidencia de Isabelita nadie la quiere recordar, ni siquiera la mujer que hoy gobierna el país y que por esas cuestiones de la historia “una licencia médica” rememora esos hechos del pasado. Fue el escritor y periodista Jorge Asís, a través de Twitter, quién desenterró de mi memoria  la crónica de Ascochinga e Isabelita.

Era el 13 de setiembre de 1975.  La presidenta de la Nación firma el paso del mando al Senador Italo Luder porque, por recomendación médica, se iba a descansar a la localidad cordobesa de Ascochinga.

María Estela Martínez de Perón, conocida con su alias Isabel, aclara que “No estoy enferma, en realidad quería decirles que simplemente me voy a descansar, que el gobierno queda en buenas manos y que todas las resoluciones que tome el presidente interino estarán respaldadas por mi”.
Pero el país se había ido de sus manos. Tercera esposa, heredera econonómica y espiritual del General Perón, no era representativa para nadie, ni siquiera la unción que el líder le aplicó tenía peso en esa  Argentina de ideas violentas. Isabel, al igual que hoy, era despreciada por su pasado, su escasa formación y su género.

isabelitaIsabelita” se instaló en el hotel de la Fuerza Aérea Argentina y fue acompañada por las esposas de los comandantes militares, Raquel Hardtridge de Videla, Lia González de Fautario y Delia Vieyra de Massera.  Entre misas, asados y paseos por el verde prado, la presidenta descansaba del stress del poder, por propia voluntad u obligada por las circunstancias.   Algunos dicen que esta “internación” en el hotel militar era un intento de que cambiara su forma de pensar, firmara su renuncia y así evitar el golpe de estado.

La cuenta regresiva ya se había iniciado. El desgobierno, la violencia política, el terrorismo, López Rega y sus fuerzas parapoliciales, la corrupción, los paros obreros y los desmanejos económicos habían llevado al país a la incertidumbre y la anarquía.  La ausencia de Isabel del cargo al que había sido elegida junto a su esposo fallecido sirvió para acomodar algunas cosas, pero no todas. Luder notó que estaba solo, sin respaldo partidario, con una guerrilla creciente  que inquietaba a los militares quienes habían advertido que intervendrían el gobierno si el vacío de poder no era resuelto.

El golpe anunciado.

Los movimientos militantes peronistas querían que “La Martínez” renuncie, igual que la junta militar que analizaba derrocarla. Así la veían, como ajena al peronismo que la catapultó a ser “la heredera”. Esa mujer, desbordada por el surrealismo y las ambiciones de quienes la acompañaban, era el fiel reflejo del justicialismo de entonces, el que había traído Perón del exilio.

Todos querían hacerla a un lado para hacerse del gobierno. Propios y extraños eran sus enemigos, operadores en las sombras de su destitución.  Todos querían que se vaya por no estar “en sus cabales”, por su pasado oscuro, su falta de formación política y su extraño acompañante. Era su secretario y funcionario, José López Rega, quién la llevó por el terreno del ocultismo y la alejó de la realidad, mientras sus secuaces apuntaban las armas contra el pueblo.

Montoneros, el brazo armado del peronismo, era parte del desastre político.  Su postura frente a los antiperonistas que caricaturizaban como  “gorilas” reflejaba la miopía y el odio. “Esta guerra, como toda guerra, se rige por un principio básico y elemental: proteger las propias fuerzas y aniquilar al enemigo”. Nada hacían para pacificar el país.

Constituidos como un ejercito nacional ilegal, el 5 de octubre de 1975 intentan copar el Regimiento 29 de Infanteria de Monte en Formosa, donde matan a 12 uniformados, de los cuales 10 eran soldados conscriptos. Con ese hecho aceleraron los tiempos de la historia y la caída de la democracia.  El presidente interino Luder firma los decretos que permitían a los militares intervenir en la lucha antisubversiva en todo el país y la sangre no dejó de derrarmarse.

Isabelita vuelve el 17 de octubre de 1975 (Una fecha festiva del partido que fundó su marido) u reasume el cargo de presidenta, sin la renuncia que muchos esperaban. Decide quedarse frente al tornado que arrastraba todo, como la capitana de un barco que se hundía con ella. El verticalismo del peronismo se vuelve a alinear hacia el fracaso y sus dectractores comienzan a operar el desenlace.

Estela o Isabel, aun vive en España, lejos de la política argentina. Es negada e ignorada por la actual presidenta pese a que es  alguien de su mismo género y partido polìtico que supo guiar los destinos del país.  Ambas bebieron del cántaro del Partido Justicialista, enviudaron en la cima del poder, marcaron su salud con la política y se reflejaron en el espejo de Eva Perón, aunque, finalmente, escribieron distintas historias.

Caminaron los mismos escenarios con los íconos sagrados que parecen guiar desde la muerte los destinos de los vivos.

Claudio Scabuzzo
La terminal
 

Obra consultada: “Isabel Perón” de María Sáenz Quesada, editorial Planeta, 2003.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Dedo Negro dice:

    Vergüenza tendríamos que sentir cómo hombres, de todos los padecimientos que padeció y padece esa noble, justa y valiente mujer, Jefa Espiritual Actual del Movimiento. Algunos se preguntarán dónde está la Jefa del Movimiento, preguntémosno primero dónde está el Movimiento. Desde 1976 ya no hay Movimiento Peronista, solo quedamos algunos Peronistas leales que quasi innatamente sabemos que queremos una Patria Socialmente Justa, Económicamente Libre y Políticamente Soberana. Más “pestes” nos tiran más anti cuerpos intelectuales segregamos, y algún día podremos ser vacunas contra estos parásitos, pues más arruinan el país como lo vienen haciendo desde 1955, el contraste con los días felices del General Perón se hace tan notorio que ya no necesitamos argumentos bibliográficos o científicos, pues el sentido común triunfa. Igualmente estos apátridas intentan destruir hasta nuestro sentido común….
    Pero en este combate, quienes nos mantenemos indoblegables, queremos hacer justicia con el Peronismo, y qué mejor que reivindicando a la Señora Esposa del General Perón, Doña María Estela Martínez. El dia que los Argentinos tengan conciencia de las trascendentales decisiones tomada por isabel y reconozcan su merito entonces la patria comenzara a marchar por el buen camino

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