El “Rodrigazo”, un trauma peronista.


En el año 2014 se sigue hablando del “Rodrigazo” como un flagelo abrazado de la inflación. ¿Pero que fue en realidad? Sucedió hace 39 años. De un día para otro el dólar duplicó su valor, la nafta triplicó su precio, los servicios públicos también, la comida siguió el mismo camino y comenzó a faltar por la incertidumbre. Quién había vendido su casa días antes, después no pudo comprar nada. El esfuerzo de la gente desapareció de un plumazo de la mano de Celestino Rodrigo, quién llegó humildemente en transporte público a la Casa Rosada donde la presidenta María Estela Martínez de Perón, alias Isabelita, le tomó juramento el 2 de junio de 1975. Duró 49 días en el cargo pero el fantasma de la devaluación que el comandó se proyecta al presente.  Locuras de una época confusa y devastadora.

Eran tiempos violentos y confusos. El líder del peronismo había muerto el año anterior, en su tercer mandato. Pasó a la historia en medio del enfrentamiento interno de su partido y la lucha con sectores rebeldes armados. El fantasma del inevitable golpe militar ya sobrevolaba al devaluado gobierno popular, encabezado por una viuda y su secretario privado José López Rega. La memoria de los peronistas evita ahondar en esta etapa oscura de su historia.

Crisis, persecuciones y muertes.

El 20 de marzo de 1975 en Villa Constitución, cerca de Rosario, en el sur de la provincia de Santa Fe, en un inédito operativo de seguridad represivo son detenidas 150 personas vinculadas a un sector interno del gremio metalúrgico, opuestos a la conducción nacional de la Unión Obrera Metalúrgica y a la guerrilla. Son acusados de ser parte de un complot que quería paralizar la producción en el cinturón industrial del Gran Rosario. No había indicios serios sobre ello, pero la caza de opositores estaba vigente en la Argentina de entonces. A esa altura del año mas de cien muertos se cobraba la guerra política en distintos puntos del país sin que el gobierno diera explicaciones. La UCR había pedido informes sobre las matanzas y había señalado que sobre la Tripe A (Alianza Anticomunista Argentina) “no se sabía de una sola investigación, de un solo detenido, de un solo caso esclarecido”.
peronismo isabel-y-lopez-regaIsabel había interrumpido varios meses el diálogo político y lo retomó para demostrar que seguía gobernando. El gobierno prohibía la publicación de informaciones sobre Argentina que se generaban en medios extranjeros, además de censurar a artistas y periodistas opositores.

El salario caía en picada y la inflación iba a pasos agigantados delante de los ingresos. Las protestas, movilizaciones y paros no contribuían a la paz social, más cuando los cadáveres de las víctimas de la subversión se acumulaban en las noticias de los diarios. Colas en los comercios de alimentos, faltantes de los básicos como azúcar, leche o harina…

Recuerdo, era un niño, que el mercado negro estaba a pleno en esos días. Se armaban colas delante de un camión o un domicilio donde alguien vendía lo que otros no conseguían. Se ofrecía el azúcar rubia, sin procesar y la leche cruda traída en “tachos” de aluminio, sin pasteurizar, a precios astronómicos.

Nace el “Rodrigazo”.

La inmanejable situación provocó, a fines de mayo de 1975, la renuncia del Ministro de Economía Alfredo Gómez Morales, “por razones personales”. El país estaban perdiendo reservas (Cerca de 1000 millones de dólares de respaldo quedaban en el Banco Central), habían caído el precio de las exportaciones y los reclamos gremiales no cesaban. Faltaban dólares y Morales no se animaba a pedirle mas sacrificios al pueblo. El gobierno eufóricamente hablaba de las obras públicas, pero tanta euforia era el anticipo de la derrota. Morales se va y días después asume Celestino Rodrigo. “Mañana me matan o mañana empezamos las cosas bien”, dijo al inaugurar su gestión.

Llegó de la mano de López Rega, como Ingeniero no era un ilustrado de las cuestiones que atendió y ostentaba un anillo importante que demostraba que era de la misma logia esotérica que el secretario privado de Isabelita. Precisamente un pequeño libro de su autoría, “Espíritu y revolución interior en la actual sociedad de masas”; fue editado por la Asociación de Cultura Espiritual Argentina, una derivación de la extraña mixtura entre el peronismo, el misticismo y el esoterismo.

Siguiendo una receta del FMI con ingredientes locales, el nuevo ministro lanzó un violento plan de ajuste que se conoce como el “Rodrigazo”. Era un plan de “estabilización” sobre la base de la liberalización de los precios manteniendo fijos los salarios. Otros aseguran que su plan económico era para licuar la deuda de algunos empresarios y millonarios ligados al peronismo, cosa que logró con creces con el deterioro de los ingresos de los trabajadores.

El golpe inflacionario derivó en grandes protestas de los trabajadores y en la posterior caída del ministro y de su mentor, López Rega. Rodrigo era un personaje extraño, igual a otros que rodearon a Perón en su regreso al país y que luego heredaron el poder. Dejó el cargo con un 300% de inflación y al finalizar 1975, el índice trepaba el 566%.

Celestino Rodrigo y su pensamiento mágico.

Enemigo del progreso, del “consumo masivo” y crítico de la “sociedad de masas”, pensaba Rodrigo que su rol era transformar el alma de cada ser humano. Para eso, proponía la armonía de valores humanos y divinos, y “alcanzar la conciencia de ser”.

En su crítica a la sociedad de masas, Rodrigo aseguraba lo siguiente: “En el pasado, el hombre se sentía más seguro y ‘completo’, porque era, de algún modo, el creador y dueño de sus conocimientos. Hoy, el artesano es reemplazado por la cinta de montajes, el erudito por la computadora, y el maestro transmisor de una enseñanza viva, por la instrucción programada”.

Es así como “el hombre esclavizado, que pierde su destino como ser consciente e individual, alienado por el ruido, privado de paisaje y de intimidad, ignora el sentido de la vida. Se deshumaniza por la constante entrega de sus valores a las artificiales exigencias externas. Se comporta como un ente de consumo voraz, que satisface a esa cohorte de fieles y devotos promotores del lucro”.

Rodrigo, contrario al progreso, anhelaba el retorno a una sociedad artesanal, dedicada a la subsistencia y la contemplación. Quizás su política era la forma de llevar a todos los ciudadanos los preceptos de las logias secretas en la que comulgaban la viuda de Perón y López Rega, donde los muertos guian a los vivos, y a donde había que matar a quién pensara distinto.

Rodrigo era enemigo de los “pseudorrevolucionarios” que “promueven un activismo contra los sistemas sociales establecidos, pero se agrupan en nuevas organizaciones masivas” y de quienes se aman a sí mismos.

La oración personal de Celestino refleja aun más su pensamiento profundo: “Invocar la Presencia divina con todo mi corazón; plasmar la imagen de esa futura sociedad ya presentida, donde el hombre encuentre estímulo para alcanzar su libertad interior y pueda dar sentido a su vida con la realidad ganada desde su alma, con paz y sin angustia; sentir en mí mismo los males del mundo y ofrendarlos a la Divina presencia con un sentido de profunda transformación interior; formular el propósito de participar con mi propia vida en las necesidades de todos los hombres y comprender que a través de esta participación y esta ofrenda se realiza en mi propio corazón la tan ansiada armonía de los valores divinos y humanos”. Así sea.

Rodrigo no estaba solo.

Algunos analistas trasladaron la responsabilidad intelectual del plan a otro funcionario de entonces, Ricardo Zinn, viceministro de economía, quien pensaba que había una “guerra” por la distribución del ingreso y eran las empresas las que debían ganar, haciendo perder poder a los sindicatos. Zinn tenía aceitados contactos con Martínez de Hoz, Macri, Fortabat y Pérez Companc, algunos de los grupos beneficiados por el “Rodrigazo” y luego por la dictadura con contratos de obras públicas.

Cuando tuvo que justificar su paso por el gobierno de Isabel, Zinn dijo: “Esta es la razón por la cual, no habiendo sido nunca peronista, acepté desempeñarme como secretario de estado de Programación y Coordinación Económica en mayo de 1975. No puedo ocultar que la decisión no fue fácil. Yo veía que el país estaba siendo llevado a una política suicida, con un populismo desenfrenado y tergiversador en el que curiosamente coincidían la coalición gobernante y el principal partido de la oposición, y después de una prolongada entrevista con el futuro ministro de Economía y de un profundo examen de conciencia, concluí que existía una posibilidad –aunque mínima– de introducir cierto realismo económico-social que atemperara la casi inexorable caída en el vacío. Apenas iniciada la aplicación de un esquema económico antidemagógico se hizo visible que las fuerzas populista de todo signo se aprestaban a impedirlo y la gestión fracasó”.

Cada uno tuvo su destino. Rodrigo fue procesado por corrupción durante la dictadura militar y pasó cuatro años en la cárcel. Defendió siempre su ajuste y falleció en democracia, en 1987.

Ricardo Zinn siguió con cargos públicos en la dictadura, fue el autor de la frase de propaganda de facto “Achicar el estado es agrandar la nación”, dictó clases en la Universidad Austral, se unión a la UCEDE, fue funcionario del peronista Carlos Menem y murió en un accidente de avión junto al titular de YPF, José Estenssoro, cuando estaban privatizando la petrolera.

Claudio Scabuzzo

La Terminal

Fuente:
http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/vuelta_de_peron/celestino_rodrigo.php
Revista Cuestionario, Volumen III, Nº 27, Julio de 1975
La Argentina en los años de Isabel Perón. María Saenz Quesada, Planeta, 2003.
http://www.vidapositiva.com/nota.asp?IdNota=9484&sec=40
http://es.wikipedia.org/wiki/Rodrigazo
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