Cuando el que gobierna es otro.

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La masacre de los normalistas mexicanos y la guerra narco en Argentina. Uno y otro tienen en común la complicidad política y criminal. Ambos revelan la existencia de un estado mafioso, alimentado de corrupción y de la vida de jóvenes sin presente pero con futuro. Las dos historias pueden ser una. No hay desarrollo social ni evolución detrás del delito descontrolado, del crimen organizado y de la corrupción política, aunque los funcionarios hablen de prosperidad y oculten la injusticia. 

El 23 de setiembre de 2014 dos colectivos atestados de estudiantes ingresaban a la pequeña ciudad de Iguala, en el estado mexicano de Guerrero. Iban a recaudar dinero, como siempre lo hacían, entre comerciantes y ciudadanos, para solventar sus actividades, no siempre agradables para los poderes locales. Los normalistas, como se los llaman a estos estudiantes, solían cortar calles encapuchados y protestar por las atrocidades habituales de la sociedad mexicana. Su rebeldía no los hacían discretos en sus acusaciones y sus enemigos eran tanto políticos como narcotraficantes. Es así como en alguna oportunidad habían acusado al alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, de haber torturado y asesinado al campesino Arturo Hernández Cardona y lo hicieron con una incómoda protesta frente al ayuntamiento. Quizás desconocían los grandes lazos que unían al poder político con los traficantes de drogas y personas en Iguala. Semejante poder no iba a permitir una nueva afrenta por estos foráneos que no sabían dónde y con quienes se enfrentaban.

mafia 2La esposa del alcalde, María de los Ángeles Pineda Villa, era heredera del poder político de su localidad y además, la administradora del cartel narco Guerreros Unidos.  La visita de los estudiantes coincidía con un acto político donde la glamorosa “primera dama” aspiraba a suceder a su marido, como suele suceder en los estados mafiosos.  No iban a permitir ninguna intromisión. Agentes policiales y parapoliciales, en combinación con sicarios, se ocuparon de los 58 estudiantes y los borraron del territorio de Iguala. Más de cuarenta de ellos no han aparecido aún y se teme que hayan sido asesinados.

La cumbre del estado mafioso.

mafia 1La búsqueda de los normalistas ha sido encarada por sus familiares y ciudadanos comunes, con la escasa ayuda del poder político. El EAAF (Equipo Argentino de Medicina Forense), de dilatada trayectoria en el análisis de restos humanos, fue convocado ante el descubrimiento de varias fosas con cadáveres. El EAAF aplica técnicas antropológicas, arqueológicas y de medicina forense, pero todavía no encontró rastros de estos jóvenes.  Semejante atrocidad despliega el velo sobre las muertes sin resolver en México, resultado de una lucha constante por el poder narcocriminal, en un estado cuya complicidad con los delitos no puede ser obviada.

Argentina, no tan lejos de México.

El estado con códigos mafiosos se rodea de secretos y amenazas, negocios con dinero público,  fortunas dudosas y despliegues de poder. Se suceden a sí mismos mientras se deterioran las condiciones sociales de los ciudadanos. Las leyes se distorsionan para no sancionar, una horda de abogados transforman a victimarios en víctimas  y los jueces se arrodillan ante el altar de la corrupción y la muerte. Nada queda aislado de la corrosión que derrumba la legalidad para erigir un nuevo estado criminal.

mafia 3Desde un pequeño incidente a un hecho gravísimo, la justicia genera un expediente que, en muchos casos,  nunca tendrá resolución a favor del más débil. La puerta giratoria de la justicia libera a los detenidos y pone rejas en las casas de los ciudadanos comunes.  A nadie le importa el trauma de las víctimas de los delitos, porque el delito es parte del esquema de condicionamiento social del estado mafioso.

Las dictaduras militares oligárquicas que asolaron América Latina a finales del siglo XX, hoy se han transformado en estados mafiosos con una pantalla democrática. De otra manera nadie puede explicar cómo lograron nacer, crecer y desarrollarse las bandas narcocriminales esquivando las leyes durante décadas y captando a su favor a las fuerzas de seguridad y a la justicia, todo bajo la atenta mirada de los poderes de turno.   Hoy los sicarios tienen más poder de fuego que la propia policía y un total dominio territorial a fuerza de sangre y sobornos. Las complicidades son complejas pero visibles.

Rosario, capital del estado mafioso.

Rosario, la ciudad donde nací,  tiene una de las tasas de criminalidad más alta de Argentina en 2014. 21 cada 100.000 habitantes cuando el promedio en la Argentina es de 7,2.  La capital provincial, Santa Fe, exhibe cifras un poco más altas, 27 cada 100.000. En un radio de poco más de 200 kilómetros alrededor de Rosario los delitos criminales y la corrupción no tienen pausa.  Esta es una zona de gran tránsito y movilidad de personas, con inmigrantes internos y de países limítrofes asentados en barrios precarios, lejos de las oficinas de los funcionarios nacionales cuya responsabilidad desconocen.  Guerra entre bandas en barrios marginales y numerosos robos son las crónicas diarias inexplicables, sin contención por parte de las autoridades provinciales, atravesadas por policías corruptos y políticos ineficientes.

afia 4En 2013, por lo menos 264 personas murieron como resultado de la guerra entre bandas narcos, amparadas por ciertas autoridades policiales y políticas. Casi la mitad eran menores de 25 años.  Al igual que los desaparecidos y muertos  políticos de las dictaduras, la guerra narco arrastra a las fosas de los cementerios a una generación futura.

Con la búsqueda de encontrar identidad, respeto y reconocimiento, algunos jóvenes se alistan en estas bandas para garantizar un futuro que el estado legal jamás le otorgará, porque no lo necesita de este lado sino del otro.

Precisamente leo en estos instantes en un portal local de noticias: “Mataron a quemarropa a un chico de 14 años. Un amigo, de 16 años, contó que un hombre se bajó de un auto y abrió fuego en su contra. Fue trasladado al hospital Roque Sáenz Peña, donde murió.”  El hecho se reduce a una noticia más del caudal de sangre que inundan los informes de prensa.  Al igual que los normalistas mexicanos, la vida de los jóvenes argentinos también depende de la decisión de un estado legal o ilegal. Cada uno tiene un enfoque distinto sobre la existencia humana en función de las ambiciones ajenas.

Dos realidades que se aproximan.

La masacre de México es la cumbre de muchos excesos criminales y las  muertes por balaceras en los barrios periféricos de Rosario todavía no colmaron el vaso, pero son imparables por el poder constitucional. Todo parece indicar que la vida no vale nada en algunos territorios de América Latina y que la clase política gobernante esta seriamente comprometida con los negocios sucios que la sociedad repudia. El nunca más suena con fuerza.

Claudio Scabuzzo
@laterminalblog

 

Algunas fuentes consultadas:
http://www.lanacion.com.ar/1735839-santa-fe-una-ciudad-violenta-en-el-ano-ya-hubo-117-asesinatos
http://www.unr.edu.ar/noticia/7635/dos-lecturas-sobre-el-aumento-de-la-criminalidad-en-rosario
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/08/actualidad/1415475628_050143.html
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