Réquiem para el teléfono fijo.


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La idea era tan genial que Alexander Graham Bell se la robó y la patentó como propia. Pero en realidad el teléfono nació de la inventiva de Antonio Meucci en 1871 que conectó su oficina con el dormitorio de su casa, para estar en contacto con su esposa, enferma de reumatismo. Lo había bautizado teletrófono. No solo su creación transformó su realidad sino la del mundo entero. En estos tiempos su logro se reinventó a sí mismo: Su rol de comunicación personal, entre allegados, se transformó en una red de voces, palabras e imágenes, a veces entre desconocidos.

Sin saber al comienzo por qué, Delia se descubrió a sí misma en el acto de mirar furtivamente una fotografía de Sonny, que colgaba al lado de la repisa del teléfono. Pensó: “Nadie ha llamado, hoy”. Apenas si comprendía la razón de continuar pagando mensualmente el teléfono. Nadie llamaba a ese número desde que Sonny se había ido. Los amigos, porque Sonny tenía muchos amigos, no ignoraban que él era ahora un extraño para Delia, para Babe, para el pequeño departamento donde las cosas se amontonaban en el reducido espacio de las dos habitaciones. Solamente Steve Sullivan llamaba, a veces, y hablaba con Delia; hablaba para decirle a Delia lo mucho que se alegraba de saberla con buena salud, y que no fuese a creer que lo ocurrido entre ella y Sonny sería motivo para que dejase nunca de llamar, preguntando por su buena salud y los dientecitos de Babe. Solamente Steve Sullivan; y ese día el teléfono no había sonado ni una sola ver, ni siquiera a causa de un número equivocado. (“Llama el teléfono, Delia”, de Julio Cortázar).

telefono9El teléfono constituyó un hito de la tecnología humana. Con él cambian radicalmente las costumbres permitiendo la comunicación privada a distancia y al instante, algo que superó a la serena correspondencia escrita. Paradójicamente la informática interconectada sepulta al correo tradicional y lo reemplaza con un mix de alternativas digitales, como textos, fotos y videos. Esa misma tecnología avasallante hizo que la comunicación de voz cambiara su dinámica: Ya no era necesario contar con un aparato fijo en el hogar, basta llevarlo en el bolsillo para estar conectado con el mundo. El fin del teléfono tradicional estaba sellado.

El teléfono hogareño conectado con una línea física pierde sentido en un mundo inalámbrico. Millones de kilómetros de cable de cobre unían las casas con las centrales telefónicas para millones de comunicaciones telefonos0inmediatas. Esos cables servían para hablar pero también alimentaron los mensajes de textos de los telex y las duplicaciones a distancia de los faxes. Sirvieron para las primeras y lentas conexiones vía módem, las transmisiones de radiodifusión  y los discursos políticos que debían escucharse en todo un país. Aun hoy se conectan a computadoras por adsl, pero quizás no sobrevivan mucho tiempo.

El teléfono “fijo”, es aquél que ocupaba un lugar privilegiado en el hogar de clase media. Fue símbolo de status pero al masificarse, una verdadera necesidad para estar en contacto con los allegados o hacer gestiones de la vida diaria. Un disco numérico era su símbolo y principal panel de operaciones.

Parte de la familia.

telefonos7Fue el transporte de historias de un par de generaciones que comenzaron a disfrutar muchos logros de la inventiva humana, como la electricidad o la radiodifusión.  El viejo teléfono acompañó la evolución y extendió su alcance hasta abarcar el planeta. La literatura se inspiró en su presencia. Un supuesto teléfono rojo unía la Casa Blanca con el Kremlin a los efectos de evitar una tercera guerra mundial, en plena guerra fría. Épocas en que con un par de cables era posible espiar una comunicación porque era analógica.

Las novelas y películas románticas siempre contaban con una comunicación telefónica imprevista. Las divas del cine tenían teléfonos blancos, opuestos al color popular del aparato. El Agente 86 usaba un zapato con el que hablaba por teléfono, como anticipándose al celular. En la televisión argentina un humorista español, Miguel Gila, hacía su rutina con un teléfono diciendo “¡Que se ponga!”. El uruguayo Carlos Perciavale usaba en sus sketchs de Café-Concert un teléfono para decir lo que de otra manera telefono12 gilano se animaba a decir. Otro gran humorista de la TV argentina, Tato Bores, usaba distintos aparatos para hablar con políticos y uno, alto y rosa, representaba al General Jorge Rafael Videla, al que algunos lo llamaban “La pantera rosa”.

En mi ciudad se hacía un programa especial solidario para colectar fondos para bien público, tipo “Teletlón”, donde se anunciaban varias líneas de teléfono para que la gente comunicara su donación. Se llamaba “Rosario Llama” y se emitía por Canal 5. Uno de ellos se hizo para recibir donativos para los soldados que estaban en la guerra de las Islas Malvinas, en 1982. Allí muchas mujeres adineradas llevaban sus joyas e incluso la familia Vaschetti, conocida por una marca de vinos, entregó su Mercedes Benz que terminó en el sótano del Banco Municipal sin llegar a ningún destino. El “ring ring” de los teléfonos marcaba el índice de solidaridad de los rosarinos para una gesta vergonzosa.

telefonos3Muchas películas estaban fundadas en el teléfono. “Phone Booth”, de 2003, sucede en una cabina telefónica de Nueva York. En realidad era una idea de la década del 60 de Alfred Hitchcock que terminó de redondearse en los 90. La historia gira en esa cabina y la misteriosa comunicación que altera la normalidad de una calle neoyorkina. Otro filme, “Locke”, diez años después,  transcurre en torno a las comunicaciones telefónicas con “manos libres” inalámbricas en el interior de un moderno auto, mientras el protagonista conduce en una autopista inglesa. Cambian los tiempos pero el teléfono siempre está.

Hablar en la calle.

Las calles de las grandes ciudades se llenaban de teléfonos públicos. En 1972 en Argentina había 47 mil aparatos de uso público. Con algunas monedas podíamos avisar de un imprevisto o novedad. Nada más práctico para un tiempo de menos autos y televisión en blanco y negro.

telefonos4En los 70 el centro de Rosario estaba atestado de teléfonos públicos en vistosas cabinas de acrílico que se instalaron para el Mundial’78 . El bar de mi abuelo ostentaba un aparato público en un rincón de su salón. Gris o naranja, según la época, era cita obligada de aquellos que no lo contaban en su hogar o debían cerrar una transacción. La ENTEL, la empresa de telecomunicaciones estatal, había decidido colocar los públicos en comercios ante  el vandalismo que afectaba a los que estaban en la vía pública. Un pequeño cartel azul advertía de la existencia del servicio. Su evolución pasó por el medio de cobro: primero monedas, después cospeles y finalmente una tarjeta magnética recargable. Esta modalidad intentaba desalentar el robo de la recaudación de estos aparatos “antibandálicos” pero no infalibles.

Parece que hablamos de la prehistoria. Las nuevas generaciones conocen este servicio por las películas o por haberlos visto en algunos lugares del mundo donde la costumbre no se ha perdido. En mi ciudad, los teléfonos públicos ya son una rareza.

El principio del fin de una época cableada.

A finales del siglo XX la portabilidad le daba un golpe de muerte a esos aparatos. El teléfono móvil unía varias necesidades en una y el teléfono fijo quedó agonizando en el living. Sentí ese final cuando operarios de Telefónica de Argentina cortaron las líneas de mi trabajo y colocaron dos terminales inalámbricas que funcionan con chips de celular. El tono característico de los viejos teléfonos fijos es emulado por la terminal que utiliza un aparato tradicional para llamar o recibir. Da la sensación de un teléfono común, pero es otra cosa.

Negocios y negociados.

telefono 2En la Argentina del siglo XX obtener el teléfono era un trámite importante y largo. A veces era necesario algún contacto con funcionarios o sobornos para conseguirlo. Una propiedad que se vendía con teléfono instalado tenía un precio superior. Algunos esperaron décadas para conseguirlo como si se tratara de un privilegio. Hubo planes en cuotas para suscribirse, lo que permitía reunir fondos para la compra de las centrales necesarias y un boom de instalaciones en las últimas décadas del siglo XX.

Las empresas privadas que inauguraron el servicio principios a finales delo siglo 19 fueron compradas posteriormente por el estado, pero en los 90 se volvieron a privatizar. Siempre hubo grandes negociados detrás del servicio público, en detrimento de la calidad y alcance.

Cuando en los  90 el gobierno del justicialista Carlos Menem privatizó la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, ENTEL, operadores extranjeros se hicieron de la enorme compañía estatal monopólica. Esas empresas impulsaron la telefonía móvil y poco a poco desmantelaron su red fija.

ENTEL llegó a tener más de 50 mil empleados y más de 3 millones de líneas. Dieciséis años después  la cantidad de trabajadores se reduce a la mitad, hay cerca de 60 millones de celulares en Argentina y las líneas fijas totalizan 3,5 millones, el 40% con capacidad de conectarse a internet.

A lo largo de los años el poder económico de las empresas de telefonía iba creciendo, en tanto agregaban servicios y clientes. No solo establecían tarifas que le garantizaban alta rentabilidad sino que ajustaban sus inversiones a sus verdaderos objetivos, lejos de las necesidades de la gente. El poder político jamás pudo enfrentarlas porque han sabido negociar con él.

La lenta agonía de la telefonía fija no es solo un fenómeno tecnológico: Es también resultado de la voracidad económica de los operadores privados que alientan el uso de tecnología con mayor costo para los usuarios, para obtener ganancias gigantescas.

Claudio Scabuzzo
@laterminalblog
Algunas referencias:
http://www.lavanguardia.com/tecnologia/moviles-dispositivos/20150129/54424809261/telefono-fijo-desaparicion-hogares.html
http://www.elesquiu.com/noticias/2010/09/18/4970-
http://es.wikipedia.org/wiki/Phone_Booth
http://es.wikipedia.org/wiki/Tel%C3%A9fono
http://www.clarin.com/politica/primera-cantidad-telefonos-celulares-pais_0_1135686505.html
http://es.wikipedia.org/wiki/ENTel_(Argentina)
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. eduardo dice:

    Claudio, cuántas memorias nos reactivan los teléfonos públicos! Recuerdo las calles de Rosario llenas de teléfonos públicos que no funcionaban por estar destrozados. No entendía como alguien destrozaba un servicio que beneficiaba a todos. Qué verguenza! Había pedido el teléfono y luego de un año no me lo habían instalado. Cuando llegué a Alemania me lo instalaron al otro día y encima me preguntaron cuántos quería. No entendía nada. Un saludo.

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