El Imperio que siempre odiamos.

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eu 3La visita a la Argentina del presidente de Estados Unidos Barack Obama reabre viejos debates sobre la bipolaridad política. Braden o Perón, Patria o Buitres, Ni yanquis ni Marxistas… Frases que señalaron etapas complejas con enemigos establecidos para explicar los irresueltos problemas nacionales. El mundo no pudo evitar la enorme influencia que la cultura y política de Estados Unidos ha ejercido sobre él, a partir de un liderazgo en el campo de la economía, cultura, tecnología y defensa bélica. Ha exportado sus costumbres, sistema político y monetario y regula con su poder las variables del planeta. Su rol en la geopolítica es fruto de sus propios logros y pese a su mala fama (cierta e incierta), no abandona su lugar. Los orígenes del antinorteamericanismo e ideas sobre esta aversión tan popular.

Según James W. Ceaser, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Virginia, el sentimiento antinorteamericano fue engendrado por intelectuales europeos durante los últimos 200 años.

Ceaser asegura que en medio de una discusión política, el ensayista y padre fundador de Estados Unidos, Alexander Hamilton (1755-1804), que escribía con el seudónimo de Publius, hace dos siglos hizo el siguiente comentario: “Hombres admirados como profundos filósofos afirmaron gravemente que todos los seres vivos, y los seres humanos junto con ellos, se degeneraban en América y que hasta los perros dejaban de ladrar después de respirar nuestra atmósfera.” Esto apareció publicado en The Federalist Papers, una serie de ensayos de varios autores, entre ellos Hamilton, que defendían la Constitución de Estados Unidos, cuando ésta todavía no había sido aprobada.

Más tarde, el poeta alemán Nikolaus Lenau enriqueció esos sentimientos que cita Hamilton con esta expresión: “El americano no sabe nada; no busca nada sino dinero; no tiene ideas.” Esa árida noción del ciudadano de Estados Unidos ha prevalecido hasta hoy en las mentes de mucha  gente. (“El inútil encanto del antinorteamericanismo” de Jesús Hernández Cuellar, Palabra Abierta)

Nostalgia.

Que hubiese sido de nuestra juventud sin esa dosis de antinorteamericanismo que alimentaba nuestro pensamiento libertario. Los yanquis imperialistas eran los responsables de todos nuestros males y merecían ser castigados con nuestro repudio. El discurso se daba como un hecho: Su arrogancia y poder sometieron nuestra política y cultura, transformando en títeres a los “cipayos” traidores argentinos.

eu 2Desde la lucha de clases a la hegemonía mundial, la interesante teoría política que explica estos enfrentamientos de ideas nutren las bibliotecas, pero muy pocos han leído algo. Prefieren el marketing de los políticos de turno.

Igual nos nutrimos de todas esos pensamientos que destrozaban al capitalismo haciéndonos soñar con una sociedad igualitaria, justa, sin ricos explotadores y pobreza feliz. Era rebelarnos contra el mundo occidental y cristiano, contra las tradiciones coloniales y las costumbres heredadas.

Vimos caer al comunismo, arrastrando a una élite que nada tenía que ver con sus ideas, la crueldad de los totalitarismos y populismos, las dictaduras de izquierda y de derecha, nos desilusionamos de las guerrillas que adoraban el dinero y las drogas… Esas escenas nos hicieron madurar sobre el bosque detrás del árbol. Pero igual disfrutamos en mirar el árbol.

Vivíamos el antinorteamericanos con pasión y lealtad, no vaya a ser que nos tilden de traidores. A partir de ese eje fue sencillo hilvanar la realidad y justificar nuestra tragedia. La superpotencia no merecía halagos y es políticamente incorrecto hacerle un guiño. Aunque no lo expresábamos a viva voz, escondíamos una admiración por algunos aspectos de su cultura y de sus ideas, pero, lo disimulábamos disfrutando de una Coca-Cola y añorando un IPhone.

eu 6Buscábamos en esas canciones y películas yanquis las denuncias del propio sistema sobre su sistema, y descubríamos que algunos  de ellos también eran críticos y hasta pensaban lo mismo que nosotros.

Alimentábamos nuestro odio con otras películas y series, que consumíamos con avidez. Allí veíamos su perfil más descarnado y cruel en la lucha por sus intereses inventando incluso conspiraciones que incrementaban el mito. No hacían más que seguir fogueando su mala fama, dando argumentos a sus detractores a partir de una ficción porque el negocio del entretenimiento es más importante.

El antinorteamericanismo va más allá del rechazo a una sociedad basada en el consumo, el individualismo y el dinero. Es fruto de un trabajo intelectual asentado en verdades y mentiras que permitió un debate necesario para la supervivencia de cierta clase política dominante.

Historias del pasado que golpean el presente.

eu 7Con la visita del actual presidente de Estados Unidos al país se reaviva el repudio.  Es verdad que la potencia del norte ha atizado la guerra y la violencia, no siempre defendiendo al más débil, justificando la muerte de mil maneras. Pero también ha denunciado violaciones a los derechos humanos en naciones gobernadas por autoritarios, como ocurrió cuando el gobierno de Carter apuntó a la Junta Militar de Argentina por su crueldad. Sin embargo algunos represores de Latinoamérica  fueron entrenados en técnicas de tortura en un instituto militar de EEUU, que desmantelaron cuando el mundo se enteró de lo que hacían.  Es el mismo país, tan contradictorio como el nuestro. Ejemplo en el ejercicio democrático, en su avance técnico y desarrollo humano,  pero con un estilo de ejercer su liderazgo que no convence a todos.

La dictadura que luchó contra el comunismo recibió con beneplácito los “rublos” de ex Unión Soviética cuando necesitó vender el trigo y se abrazaba a los ideales del norte. En cuestiones de dinero hay una sola ideología.

eu 1El presente de la región ya no es está dominado por dictaduras sangrientas y sin el temor norteamericano de que otra Cuba se alce en el continente. La “guerra fría” tuvo esos efectos pero ya no está vigente: La ex Unión Soviética se transformó en estado capitalista, Cuba flexibiliza su postura y China crea un comunismo-capitalista.  Queda para la risa del mundo una anticuada Corea del Norte con sus uniformes grises e ideales olvidados y algunos grupos terroristas islámicos que entretienen a sus generales.

Pero la injusticia sobrevuela sobre los humanos sometidos al humor de las grandes naciones y sus luchas ideológicas y religiosas. Los derechos humanos siguen siendo una cuestión pendiente en todas partes y Estados Unidos como líder mundial tiene responsabilidad en ello. Falta un reconocimiento más firme sobre las responsabilidades del pasado y una postura más clara sobre su posición en el presente.

Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, escribió una misiva al Presidente de Estados Unidos y expone esos ingredientes que alimentan el antinorteamericanismo  vernáculo:

El militante por los derechos humanos le recordó a Obama que los Estados Unidos violan los derechos humanos de los prisioneros en la isla (Cuba): “Queda un largo camino a recorrer hasta lograr el levantamiento del bloqueo y el cierre de la base militar que tu país mantiene en Guantánamo, donde se violan los derechos humanos de los prisioneros, sin juicios y sin posibilidades de alcanzar la libertad. Esperamos que logres hacerlo, a pesar de la fuerte oposición que encuentras en el Congreso de tu país”, afirmó.

adolfoPérez Esquivel le informó al mandatario estadounidense, que su visita a la Argentina coincidirá con el 40° Aniversario del golpe militar de 1976: “Es importante que sepas que no vienes a la Argentina en cualquier momento. Nosotros comenzábamos el período más trágico de nuestra historia, con la instauración de un terrorismo de estado que sometió a nuestro pueblo a la persecución, la tortura, la muerte y las desapariciones para quitarle su derecho a la libertad, independencia y la soberanía”.

Por último, el Premio Nobel argentino le rememora cuando fue tomado prisionero durante la dictadura: “Te escribo como sobreviviente de ese horror que, como muchos otros, fuimos víctimas de persecución, cárcel y torturas por defender los derechos humanos frente a las dictaduras latinoamericanas que impusieron la Doctrina de la Seguridad Nacional y de la ‘Operación Cóndor’, con el financiamiento, adoctrinamiento y coordinación de Estados Unidos”. “Fue por esa lucha colectiva que me otorgaron el Premio Nobel de la Paz y lo asumí en nombre de los pueblos de América Latina”, concluyó.

También en casa.

Sin embargo el odio a los yanquis no tiene contemplaciones ni en su propio suelo. El problema no le es ajeno. Algunos norteamericanos sufren de la misma aversión que muchos foráneos sobre su propio país. Eso muestra que las fracturas que su poder genera en el mundo, no son inevitables en su propia estructura. Tierra adentro debe enfrentar su destino y queda expuesto en sus expresiones artísticas y sus movimientos sociales.

El sociólogo húngaro-norteamericano Paul  Hollander dijo:

Paul-Hollander-Thumbnail-228x160La sociedad norteamericana siempre ha generado grandes expectativas y es fácil decepcionarse cuando las realidades no concuerdan con los ideales. Hay una gran cantidad de idealismo flotando en esta cultura. También es importante subrayar que el antinorteamericanismo en Estados Unidos se encuentra fundamentalmente entre los intelectuales y las personas en quienes influyen. Ahora bien, gran parte de los intelectuales está a la izquierda, no simpatiza con el capitalismo, y Estados Unidos es el símbolo más poderoso del capitalismo en el mundo. Por otra parte, como había dicho, el capitalismo se asocia con los problemas y las alienaciones de la modernidad. En Estados Unidos, estos aspectos de la modernidad también pueden explicar ese sentimiento de que prácticamente todo el mundo es una víctima, lo que, en sí mismo, es una forma de crítica social. Estas ideas se han propagado mucho en la sociedad norteamericana durante los últimos 25 años.

La patria está en peligro.

El nacionalismo yanqui se ha enfrentado a los nacionalismos autóctonos al igual que en otras épocas otras culturas poderosas de adueñaron del mundo. Es un proceso cíclico que aumenta diferencias y reescribe la historia de las naciones. La errática humanidad necesita de esas luchas para seguir evolucionando, sin tener certeza sobre su destino. Así ha sido siempre. La dominación  de los poderosos sobre los más débiles lo inauguró el evolucionado Homo Sapiens cuando  arrinconó al hombre de Neanderthal hasta extinguirlo.

Una potencia mundial es la muestra del  liderazgo de una nación sobre otras.  Las críticas sobre esta influencia tienen, en muchas ocasiones,  fundamentos racionales y sólidos. La “revolución” que impulsa Estados Unidos en el modo de vida de los humanos a partir de su “colonización” cultural y política crea una actitud crítica inevitable,  pero también hay una parcialidad en las razones de tanto odio. Lo peor no siempre está tan lejos.

La rivalidad empieza con los españoles.

Nada es nuevo. El estigma de Estados Unidos no nace ahora sino en el siglo 19, cuando comienza a perfilar su liderazgo mundial, después de haber enfrentado  al colonialismo europeo.  Precisamente Estados Unidos avanza en ciertos territorios coloniales españoles a partir de una breve guerra. Ambos países se enfrentan cuando Cuba inicia su independencia de España  y el Rey Alfonso XIII se opone. Los norteamericanos apoyaron a los rebeldes y se enfrentaron a una España colonial en decadencia que pierde la guerra y varios territorios.

La madre patria, con su enorme influencia, no dudó en amplificar su rencor hacia ese país americano que empezaba a sobresalir en el escenario mundial.

En el interesante ensayo publicado en la revista Nueva Sociedad, Nº236 de noviembre/diciembre de 2011 de Martín Bergel  titulado “El anti-antinorteamericanismo en América Latina (1898-1930)” se cuenta lo siguiente:

guerra hispano 3Si las prevenciones respecto a las acrecidas apetencias norteamericanas no estuvieron ausentes conforme avanzó el siglo XIX, un acontecimiento preciso fungió como disparador y dio inicial consistencia y visibilidad al discurso antiimperialista latinoamericano: la guerra hispano-estadounidense de 1898. A partir del registro del notable poderío y de las ambiciones de EEUU que ese conflicto puso en evidencia, se desplegó en respuesta una saga de intervenciones intelectuales que Terán reconstruyó y sintetizó, en un estudio ya clásico, bajo el nombre de «primer antiimperialismo latinoamericano».

guerra hispano 2En efecto, la guerra del 98 tuvo un hondo impacto en una opinión pública occidental que entonces se transfiguraba y se ampliaba vertiginosamente al calor de flamantes cambios que tenían lugar en la prensa, tales como la incorporación de reporters, agencias internacionales de noticias y fotografías. Como correlato de ello, junto con la visualización de EEUU como potencia amenazante, cobró cada vez mayor vigor la idea de que era necesaria la unidad latinoamericana para contrarrestar el influjo del gran país del Norte.

guerra hispanoEn rigor, las percepciones que cristalizaron en el 98 –y que se propagaron en los años siguientes al calor de la política del «Gran Garrote» seguida por la Casa Blanca– recogían humores que venían incubándose al menos desde una década antes. En ocasión de la Primera Conferencia Panamericana celebrada en Washington en 1889, algunas figuras latinoamericanas, particularmente argentinas, expresaron abiertas reservas frente al avance comercial y político sobre la región esbozado por EEUU. Dos de los delegados designados por el gobierno argentino como representantes en la conferencia, Roque Sáenz Peña y Vicente Quesada, conspicuos miembros de las elites políticas de la República conservadora, no solo fueron fervientes opositores diplomáticos a los intereses de Washington, sino que desplegaron una campaña publicitaria que nutrió un primer imaginario simbólico antinorteamericano.

A Sáenz Peña se debe el célebre cruce polémico con la pretendida actualización del apotegma de Monroe «América para los americanos», al que opuso el resonante principio de «América para la Humanidad». De la pluma de Quesada surge una obra virulentamente crítica con la potencia del Norte (Los Estados Unidos y la América del Sur: los yanquis pintados por sí mismos, publicada con seudónimo en 1893). En definitiva, este capítulo inicial del antiyanquismo resulta relevante, pues indica que, contra las genealogías habitualmente trazadas desde el siglo XX, las primeras formulaciones antiimperialistas, al menos en lo que respecta al caso de EEUU, provinieron de figuras pertenecientes a los grupos patricios.

Los motivos antinorteamericanos comienzan entonces a proliferar en América Latina desde 1898, y constituirán un ingrediente que recibirá tratamiento literario y ensayístico por parte de muchos de los miembros de la comunidad de escritores modernistas que se había conformado entonces en el continente. Es un hecho bien sabido que se debe a una de esas figuras, el uruguayo José Enrique Rodó, la modulación de una matriz que configura una sensibilidad antinorteamericana de dilatado influjo. Retomando un sesgo que había ya enunciado José Martí –y en el que abrevará también Rubén Darío, reconocido líder del modernismo–, Rodó condensa en su célebre Ariel, publicado en 1900, una representación de EEUU que alimentará la imaginación de decenas de miles de lectores en todo el continente. En esa imagen, la sociedad estadounidense se encuentra gobernada por el utilitarismo y por un afán de bienestar material soso y vulgar, carente de profundidad y sentido estético. La crítica de ese «materialismo» achatador –que en América Latina reaparecerá décadas después en la denuncia del American way of life– es contrapuesta en el ensayo de Rodó con la figura de Ariel, que epitomiza el idealismo desinteresado que se detecta en las poblaciones del continente en virtud de su linaje latino, y que en contraste se halla ausente entre los sajones del Norte.

El pasado y el presente.

eu 5En Argentina hay sectores políticos que intentan emparentar el gobierno de Mauricio Macri con los dictadores de hace 40 años, Obama también lleva el estigma de la política exterior de su país de todas las presidencias pasadas. Pero ni Macri ni Obama representan ese pasado. La discusión ideológica se mezcla con los hechos concretos y cada uno deberá enfrentarse a una opinión pública necia, atada a utopías intransigentes que niegan la realidad.

El mosaico mundial tiene a Estados Unidos en el lugar más destacado, mientras otras naciones poderosas quieren ocupar su posición, pero no la alcanzan. Podemos elegir un lugar u otro, pero el planeta tiene a sus líderes que nos favorecen o hunden.

¿Qué lugar queremos ocupar en el mundo?. La pregunta ha sido respondida en los discursos pero no en las prácticas ocultas del poder. Porque mientras se repudiaba a la potencia líder, se establecían acuerdos con ese país. Mientras se hablaba de “tercera posición” se entregaban territorios para la explotación petrolífera a empresas norteamericanas. Siempre fuimos parte. No compartimos sus guerras pero anhelamos sus dólares y placeres.

«Imperialismo» fue un nombre mentado para ilustrar muy diversas circunstancias. Cargado de diversos acentos y valencias, declinado en clave política, militar, cultural, intelectual o económica, el imperialismo se mostró como una categoría omniabarcativa y de poderosas capacidades heurísticas. Pero, sobre todo, fue el articulador de un campo simbólico de notables efectos políticos. La retórica antiimperialista supo cumplir un inapreciable papel en la construcción de consensos y legitimidades. La propia historia de la cultura política nacional-popular, de consabido e inveterado arraigo en América Latina, resulta inentendible si no se consideran los usos históricos de motivos antiimperialistas o antinorteamericanos. Pero en otro nivel, menos explícito, el antiimperialismo gozó de una presencia difusa de efectos más difíciles de mensurar, pero no por ello despreciables. Al decir del gran historiador argentino de las ideas Oscar Terán, en los años 60 «el imperialismo se fue perfilando como la categoría central capaz de explicar una porción fundamental de la historia nacional, y desde entonces el discurso antiimperialista casi no se verá porque, como Dios, estará en todas partes». Lejos de ser una noción circunscripta al universo político de las izquierdas o de lo nacional-popular, como a menudo se cree, los efectos del antiimperialismo se hicieron sentir también en franjas liberales y conservadoras. (Martín Bergel)

 Claudio Scabuzzo
@laterminalblog

 

 Algunas referencias:
http://www.elaguilablanca.com.ar/eco/eco-articulo00037.html
http://nuso.org/articulo/el-anti-antinorteamericanismo-en-america-latina-1898-1930-apuntes-para-una-historia-intelectual/?page=2
http://palabrabierta.com/el-inutil-encanto-del-antinorteamericanismo/
http://www.perfil.com/politica/Perez-Esquivel-a-Obama-Tu-pais-viola-derechos-humanos-20160303-0021.html
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Héctor W. Navarro dice:

    Entre las fotografías del artículo se ve al acorazado norteamericano Maine. que en el año 1898 explotó cuando estaba fondeada en la Bahía de La Habana, Cuba. Esa fotografía debió haber sido tomada en 1912, cuando fue reflotado para liberar el espacio que ocupaba en el puerto. Fue llevado mar adentro y se lo dejó hundir nuevamente a más de 1.000 metros de profundidad.
    La explosión del Maine dio lugar a que los EEUU entraran en guerra con España, a la que acusaron de haberle puesto una mina al barco. La guerra terminó en la independencia de Cuba.
    Mi abuelo, que había peleado como soldado raso en Cuba, volvió derrotado a España con lo puesto y se encontró con que mi abuela, mientras tanto, había ido vendiendo uno a uno los pocos animales que tenían para alimentar a mi padre y a los otros hijos, por lo que, con una mano atrás y otra adelante, emigraron a la Argentina.
    En la explosión del Maine en 1898 murieron 254 de los 354 tripulantes, que estaban durmiendo en ese momento, las cuatro de la madrugada.
    El acorazado Maine era la nave capitana de la pequeña flota de guerra norteamericana en ese momento.
    Los yanquis lo construyeron porque les preocupaba que Brasil tenía desde 1883 el acorazado Riachuelo en 1883, El presidente del comité de asuntos navales, Hilary A. Herbert declaró en 1890 en el congreso norteamericano: «Si toda nuestra vieja armada fuera desplegada en mitad del océano para enfrentarse al Riachuelo es dudoso que algún buque lograra regresar a puerto».
    En esa época la marina brasileña era la fuerza naval más poderosa del hemisferio occidental..
    Pero lo que aumentó el temor yanqui fue el hecho de que Argentina y Chile habían comprado modernos barcos de guerra acorazados en Europa. ¡O tempora, o mores!
    En ese tiempo las fuerzas navales del Atlántico Sur eran mucho más poderosas que las del Atlántico Norte. De hecho en ese tiempo se decía que Argentina en el sur y los Estados Unidos en el norte estaban destinados a ser grandes potencias en el futuro. La mitad de esa profecía se cumplió.
    El poco desarrollo industrial de los EEUU en ese tiempo determinó que la construcción del Maine tardara nueve años. Siempre faltaban materiales y todo debía construirse desde cero.
    Recién el barco entró en operaciones en 1895.
    También la falta de experiencia norteamericana en maquinarias de guerra determinó el error que parece haber sido causante de la explosión fatal: ¡La carbonera de la nave estaba pegada, mamparo por medio, de la “santabárbara”, el depósito de los explosivos.
    La carbonera estaba funcionando en el momento de la explosión y, posiblemente, la haya provocado por el calentamiento lógico.
    Los cubanos en agradecimiento a los yanquis por haberlos ayudado en su independencia levantaron en 1930 en La Habana un monumento a los fallecidos pero en el año 1961 Fidel Castro hizo retirar el águila que coronaba el lugar y le hizo poner una placa que dice: “la voracidad imperialista en su afán por apoderarse de la isla de Cuba”

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    1. Realmente muy interesante el aporte Doctor…. Es parte de la historia de América que tiene poca difusión. Gracias.

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