De revoluciones y gobiernos populares.

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No siempre lo que sucede es lo que parece. Las simpáticas historias de conspiraciones han calado hondo en el discurso ideológico del llamado “progresismo” de Latinoamérica. La culpa de todos los males está en las potencias extranjeras  o en ese grupo de ricachones que controla el país desde la época de la colonia. Ellos o nosotros, aunque después nosotros seremos ellos. Mientras transcurre la lucha por “todo”, el ciudadano paga con su deterioro físico y económico, a veces con su vida, el destino glorioso de esos iluminados, maestros del engaño, hábiles usurpadores de los sueños ajenos.

Todos han cometido los mismos errores. Han buscado perpetuarse en los cargos o dejaron a familiares, amigos o amantes en la sucesión. Abandonaron la humildad y escondieron su patrimonio. Tuvieron la intencionalidad premeditada de resaltar su figura sobre otras de la historia porque quieren ser mitos vivientes. No dudaban en bautizar con su apellido a sitios públicos, de exhibirse como próceres. Se acercaron a los pobres y crearon puentes para cambiar la realidad, pero no mejoraron su calidad de vida. Multiplicaron la miseria y los escondieron detrás de planes sociales corruptos. Atacaron a la prensa por su audacia o postura ideológica y hubiesen preferido que no existieran críticas, en ningún ámbito. Crearon fanáticos que crearon enemigos, provocando sentimientos de odio inconmensurables. Hablaron de golpes de estado cuando el propio sistema democrático los ponía contra las cuerdas.

Los llamados gobiernos populares de Latinoamérica tuvieron su auge en los primeros años del siglo XXI se inspiraron en los movimientos nacionalistas de mediados del siglo XX, así que venían con un argumento antigüo, rememorando el protagonismo social frente a regímenes elitistas en un mundo que nada tenía que ver con el presente. Era como exhibir como estreno una película de la década del 40.

Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, Mujica en Uruguay…. Cada uno de ellos representó una parte del movimiento “progresista” con resultados disímiles e intensidades diferentes. Se sentaban en la misma mesa porque les convenía, pero no eran todos iguales. Todos estaban siendo beneficiados por una época de alto precio en las materias primas y recibían miles de millones de dólares de exportaciones sobrevaloradas, hasta que se terminó la fiesta. No hubo ahorros ni previsiones, ni plan B. Vivian el presente como adolescentes rebeldes, gastaban todo y enriquecían a la familia y amigos.

La maquinaria política que funcionaba con más dinero que ideales, comenzó a fatigarse. Mantener una estructura exagerada de favores ya no era posible. La corrupción, que antes pasaba desapercibida se notó más y aparecieron los arrepentidos y traidores. Los enormes retratos y estatuas no pudieron seguir intimidando, ni sus fanáticos, ni sus medios masivos afines. A algunos la conciencia les pesó y hablaron. Ya era tarde, los hechos estaban consumados, los muertos bien muertos.

latinoameUno a uno los regímenes llamado “populistas” debieron enfrentar la realidad, respetar sus manoseadas constituciones y reconocer que debían aceptar la derrota de las urnas en algunos casos o la ley en otros. Toneladas de papeles destruidos esconden la historia, pero se rearma con otras fuentes y se descubre como los recursos para los pobres fueron para los ricos. Así de simple, porque todo es cuestión de dinero.

La revolución buscará a los culpables de tanta crisis lejos de los verdaderos responsables. No vaya a ser que el pueblo descubra la verdad. Al final del camino deberán rendir cuentas como cualquier ejército derrotado, pagar las consecuencias de sus actos en el marco de la propia democracia, en el mejor de los casos. En otros provocaran violencia y sangre para que la huida sea confusa.

Con el tiempo se reciclarán, volverán a usar viejos retratos y frases gastadas, prometerán lo imposible y se abrazaran del que convenga con tal de convencer. Después de todo, las ideologías también sirven para el control social  y en manos peligrosas es un arma de destrucción masiva.

Claudio Scabuzzo

@laterminalblog

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. jose maria fernandez QUINTANA dice:

    ALGO PUEDO APORTAR!

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