El futuro que seguimos esperando.


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El mañana que nunca llegó. La fantasía moldeada como creíble para un público que añoraba otro futuro nacido de ese mismo presente. Durante algunas décadas del siglo XX  la novedosa ciencia ficción despertaba pasiones gracias a la influencia de la literatura, los modernos medios masivos electrónicos y el cine. También era una herramienta ideológica que contribuía a legitimar los programas aeroespaciales, el desarrollo nuclear  y esa guerra oculta con un enemigo que hacia lo mismo. Hoy los retro-futuristas y paleo-futuristas nos traen ese mundo imaginario al siglo XXI.

Es un género especulativo que relata acontecimientos posibles desarrollados en un marco imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales. La acción puede girar en torno a un abanico grande de posibilidades (viajes interestelares, conquista del espacio, consecuencias de una hecatombe terrestre o cósmica, evolución humana a causa de mutaciones, evolución de los robots, realidad virtual, existencia de civilizaciones alienígenas, etc.). Esta acción puede tener lugar en un tiempo pasado, presente o futuro, o, incluso, en tiempos alternativos ajenos a la realidad conocida, y tener por escenario espacios físicos (reales o imaginarios, terrestres o extraterrestres) o el espacio interno de la mente. Los personajes son igualmente diversos: a partir del patrón natural humano, recorre y explota modelos antropomórficos hasta desembocar en la creación de entidades artificiales de forma humana (robot, androide, cíborg) o en criaturas no antropomórficas.  (Ciencia Ficción según la Wikipedia)

Un mundo dominado por robots, parte de la imaginería popular de los años 50 del siglo XX.
Un mundo dominado por robots, parte de la imaginería popular de los años 50 del siglo XX.

Los vestigios de esos movimientos de ciencia ficción del pasado llegan al presente  a través de nuestras múltiples pantallas: Series y películas que reformulan los viejos comics, historias de ese mundo surgido de nuestras propias cenizas o los traumáticos viajes espaciales en busca de un mundo nuevo. La tercera guerra mundial, los zombis y el nuevo mundo pos apocalíptico revolotean en innumerables historias teñidas de nacionalismo heroico y de conspiraciones que quieren cambiar nuestro modo de vida. El eje del mal rota su posición para reproducir estas historias hasta el infinito porque siempre hay que luchar contra aquello que quiere destruirnos.

Los profetas de esa generación de la ciencia ficción tuvieron algunos aciertos pero mucha más imaginación. Hoy hay un movimiento detrás de la ciencia ficción del siglo pasado que se identifican con el retro-futuro o paleo-futuro.  Su estudio revela un movimiento cultural y político de gran influencia en nuestro presente.

Matt Nova (el apellido es artístico y referencial) se hizo eco del enorme interés sobre esta materia y creó un blog muy popular: Paleofuture.com. Posteriormente pasó a formar parte de la web Gizmodo, del grupo Gawker Media, especializado divulgación de ciencia y tecnología.

El diario El País de España publicó en 2010 un artículo sobre este publicista devenido en fanático del palio-futuro:

art-paleo-paleofuture-banner-final5De pequeño visité Epcot, un parque futurista de Disney World, en Florida. Pensé ‘vaya, esto parece viejo…, pero pretende ser el futuro’. Esa pátina de antiguo me dio que pensar y la sensación de extrañeza se me quedó grabada”. En 2007, topó con Paleo-future, un grupo del archivo fotográfico Flickr en Internet. “Sus miembros suben proyectos arquitectónicos futuristas. Despertó mi experiencia en Epcot”. Novak rastrea desde entonces librerías de antiguo en busca de predicciones que sube a Internet. La más vetusta se remonta a 1890.

Varias guardan un sorprendente parecido con el presente… en algunos puntos: “Una de mis favoritas pertenece al Ladies’ Home Journal de 1900. Describe cómo serían las casas en el año 2000. ¡Predice la calefacción central! Pero también afirma que solo habría animales en el zoo, ya que habríamos exterminado al resto al no sernos útiles”. Afortunadamente, tampoco se han cumplido los augurios sexistas. “Los prejuicios imaginaron a la mujer en la cocina”.

Automóviles que parecían imaginarias naves espaciales, algunos hasta podían volar. Pero en el siglo XXI siguen teniendo cuadro ruedas.
Automóviles que parecían imaginarias naves espaciales, algunos hasta podían volar. Pero en el siglo XXI siguen teniendo cuadro ruedas.

De su pasatiempo saca conclusiones: “Hacer predicciones es una necesidad condicionada por la historia”. Un ejemplo: los ciclos. “En épocas de crecimiento económico, somos optimistas. En los cincuenta, se dibujaba un destino con coches nucleares: ¡se pensaba que conduciríamos vehículos con pequeños reactores dentro! En cambio, en los setenta, durante la crisis del petróleo, analistas como Paul R. Ehrlich vaticinaron el fin del mundo”. Casi toda la colección de Novak procede de EE UU, aunque recibe aportaciones de internautas extranjeros. “Las imágenes rusas y estadounidenses de la guerra fría comparten objetivos. Ambas dicen al pueblo: nuestro devenir será increíble. Su imaginería política es diferente, pero componen las dos caras de la moneda”. Sus fechas preferidas coinciden con momentos de inflexión. “Los cambios de siglo, 1900 o 1901, están llenos de augurios”. Como libro de cabecera cita 1999: Our Hopeful Future, de Victor Cohn (1954), que auguraba despensas atiborradas de alimentos en píldoras. Otro medio que derrapó en sus quinielas es San Antonio Light, un diario de Tejas: “Creían a pies juntillas que hoy viviríamos rodeados de robots humanoides”. Pero no todos erraron: el neoyorquino Alvin Toffler (1928) predijo la revolución digital o la crisis de los periódicos y el iPad en los ochenta. “Puede que el futuro esté por detrás de nuestras expectativas, pero siempre nos alcanza”, sentencia Novak.

Todo el pasado vuelve

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La imaginación de Côté y su máquina de empollar huevos instantánea.

El artista francés Jean-Marc Côté, imaginó en 1899 su mundo 101 años después.
Côté pensaba que en el 2000 las máquinas aún serían de hierro, pero capaces de acelerar el nacimiento de los pollos en un segundo y sin hormonas. Otra máquina también permitiría que un sólo hombre tocara una orquesta, sin usar un sampler. Y por supuesto, para entonces el ser humano ya habría sido capaz de volar y llegar al espacio. Máquinas y más máquinas en una época donde el vapor, la electricidad y los motores, eran la vanguardia tecnológica. Después vinieron los cohetes y la energía atómica como plataforma de ideas revolucionarias.

Miguel Máiquez publicó en el periódico 20minutos en 2012 un artículo sobre los artefactos domésticos que nunca llegaron y los que sí.

La red está llena de historias para asombrarse de la capacidad de predicción del ser humano. Basta bucear un poco en Google: ¿Vernos mientras hablamos por teléfono? Julio Verne ya describía, en su cuento La jornada de un periodista americano en 2889, el “fonotelefoto”, lo más parecido a Skype que pudo haberse concebido en 1889. ¿Puertas que se abren solas cuando estamos a punto de entrar? H. G. Wells hablaba de ellas en su libro Cuando el durmiente despierte, en 1899, más de medio siglo antes de que Dee Horton y Lew Hewitt, dos jóvenes de Texas, instalasen las primeras puertas automáticas. ¿Un tocadiscos tan pequeño que quepa en el oído? Ray Bradbury se anticipaba a los auriculares en Fahrenheit 451 (1953), al referirse a unas “pequeñas conchas apretadas en los oídos, de las que sale un océano de sonidos electrónicos, de palabras, de música…”. ¿Un teléfono portátil que permite hacer llamadas a personas, en vez de a lugares? El Capitán Kirk, de Star Trek, ya llevaba años usando un móvil cuando Martin Cooper realizó, en 1973, la histórica primera llamada a un celular de verdad, en la Sexta Avenida de Nueva York.

Lo cierto en que en esto de las predicciones tecnológicas (las de Nostradamus son otra cosa) uno puede remontarse hasta Leonardo, o no salir del propio Julio Verne, pero donde realmente abundan las profecías de este tipo es en el siglo XX, el siglo en que la tecnología dio el salto a la vida cotidiana, la fantasía sobre las posibilidades de la ciencia se disparó y el futuro, convertido en palabra talismán, parecía más cercano que nunca.

Los mejores y más abundantes ejemplos de lo que ahora denominamos ‘retrofuturismo’, o ‘paleofuturo’ pertenecen a los años postbélicos. Los avances tecnológicos surgidos de la industria de la guerra y el optimismo de las generaciones que acababan de superar el horror de los conflictos mundiales llenaron los años veinte y, después, los cincuenta, de todo tipo de retro-cover-of-the-april-1934-issue-of-radio-craft-magazineelucubraciones sobre un futuro mejor, en el que la tecnología nos haría la vida más fácil: La ciudad del futuro, los coches y los trenes del futuro, las comunicaciones del futuro y, cómo no, la casa del futuro. Las predicciones sobre adelantos en la vida doméstica han gozado siempre de una lógica popularidad. Tal vez no tengan el pedigrí de la máquina del tiempo, ni el atractivo de la teleportación o las ciudades submarinas, pero anticipaban una vida más cómoda, donde artefactos y robots nos van liberando poco a poco de más y más tareas. Y muchas de estas predicciones, efectivamente, se han cumplido: Ordenadores, sistemas de alarma, vitrocerámica, microondas, lavavajillas, pantallas gigantes de televisión, teléfonos inalámbricos, Internet… Todo se imaginó antes de existir. Otras también se hicieron realidad, pero siguen estando solo al alcance de los pocos que pueden pagarse una “casa inteligente”, con persianas que se suben y se bajan solas cuando estamos de viaje, climatización programada para las distintas áreas de la vivienda, o electromésticos que se activan desde el coche. Y muchas otras, algunas de ellas fascinantes, quedaron en nada. Este es un pequeño repaso a algunas de las profecías para el hogar que nunca llegaron, a la ciencia ficción (doméstica) que se quedó en ficción.

Tubos para todo

Cuando los tubos neumáticos (sistemas en los que contenedores cilíndricos son propulsados a través de una red de tuberías por medio de aire comprimido o de vacío, y que se usan para transportar objetos sólidos) empezaron a utilizarse en el siglo XIX, se pensó que serían el gran medio de comunicación del futuro.

El libro ilustrado Le Vingtième Siècle (“El siglo veinte”, 1882), de Albert Robida, describe un París en una futura década de 1950 donde trenes en tubos reemplazan a los ferrocarriles, el correo neumático es omnipresente, y las empresas de catering ofrecen comidas a los hogares a través de este sistema. Hoy en día apenas se usan (solo en algunos bancos y oficinas, para enviar cheques, dinero o paquetes de un departamento a otro), pero en su famosa novela utópica Looking Backward, el escritor estadounidense (y socialista) Edward Bellamy lo tenía muy claro: retrotubo“El tubo neumático alcanzará su perfección antes de mediados de siglo. […]. Las personas recibirán en sus propias casas, a través de ellos, las cartas, comida ya cocinada, la ropa limpia de la lavandería, los periódicos de la mañana y cualquier cosa que necesiten de la tienda de alimentación, sólida o líquida, con solo apretar un botón […]”.

La ilustración de la derecha, un receptor de tubos neumáticos para el hogar, pertenece a un artículo publicado en el diario Boston Globe, en el año 1900, bajo el título de Boston al final del siglo XX, un vistazo al futuro lejano y a lo que vaticinan los profetas locales.

El super robot

November 1978:  A domestic robot, developed by Quasar industries in America, hoovering the house.  (Photo by Alan Band/Keystone/Getty Images)
November 1978: A domestic robot, developed by Quasar industries in America, hoovering the house. (Photo by Alan Band/Keystone/Getty Images)

Se trata, tal vez, de la predicción más recurrente: En el futuro los robots se encargarán de todas las tareas del hogar. Limpiarán el polvo, fregarán los suelos, lavarán la ropa, harán las camas, cocinarán y nos servirán la comida, cambiarán pañales, cortarán el césped y cambiarán bombillas. De momento, sin embargo, y pese a los espectaculares avances de la robótica, lo más que hemos visto son perritos haciendo gracias en ferias tecnológicas japonesas. El científico estadounidense Marvin Minsky, considerado uno de los padres de las ciencias de la computación, cofundador del laboratorio de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts y consejero de Stanley Kubrick en la película 2001: Una odisea del espacio, lo resumía en esta cita: “En los cincuenta se predijo que en cinco años los robots estarían en todas partes; en los sesenta se predijo que sería en 10 años; en los setenta, que en veinte años; en los ochenta, que en cuarenta años…”.

La “Casa del futuro”

monsanto-1En 1957, la compañía Monsanto, dedicada a la biotecnología, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts diseñaron, en colaboración con Walt Disney Imagineering, la llamada “Casa del futuro” (“Monsanto House of the Future”). Construida completamente en plástico (los muebles, los electrodomésticos, los utensilios, todo), fue instalada en Tomorrowland, el área dedicada al futuro de Disneylandia, y la visitaron unos 20 millones de personas hasta que fue desmantelada y derribada en 1967, cuando más que una vivienda futurista era ya una especie de museo. La “Casa del futuro” monsanto-2jpgpresentaba muchos adelantos que acabaron siendo comunes en los hogares (las luces de intensidad cambiante, por ejemplo), pero también otros que nunca llegaron a cuajar, desde un lavavajillas que lavaba sin agua (por “ondas ultrasónicas”) hasta armarios para la cocina con compartimentos a distintas temperaturas (para ser utilizados como frigorífico, congelador, horno, despensa…), pasando por cajones que se abrían con solo tocarlos, lavabos que se ajustaban a la altura de la persona, o interfonos con señal de vídeo en todas las habitaciones de la casa.

Frigoríficos transparentes y recetas automatizadas

La actual República Checa, entonces Checoslovaquia, produjo un vídeo en 1957 para la Exposición del Futuro de París que, salido directamente del otro lado del telón de acero, en plena euforia por el reciente éxito del Sputnik, no tiene desperdicio en cuestión de profecías tecnológicas: Entre las que aciertan, la teletienda (salvo el detalle de que las compras se hacen hablando directamente con el televisor), el horno microondas, o la cocina de inducción (aunque con mármol en lugar de vitrocerámica); entre las que no, frigoríficos transparentes con bandejas giratorias , dispensadores de comida lista para ser cocinada (“simplemente pulse un butón y obtendrá los ingredientes necesarios”), recetas de cocina sustituidas por tarjetas perforadas con código binario (las mismas que se usaban para suministrar información a los primeros ordenadores), asadores de pollos a base de rayos infrarrojos…

El pasado en la televisión

retro-tvjpg“Las ondas luminosas van recorriendo el espacio constantemente. Allí están esperando que surja el aparato capaz de captarlas de forma retrospectiva. Algún día podrán recogerse [en una pantalla] las escenas del principio del mundo” (Desde el 1800 al año 2000, Realidades de hoy y fantasías del mañana, una colección de cromos española de 1963, ilustrada por Manuel Gutiérrez ‘Gutmaga’).

La aspiradora nuclear

“Las aspiradoras impulsadas por energía nuclear serán una realidad en unos 10 años” (Alexander Lewyt, inventor y presidente de la empresa pionera de aspiradoras Lewyt Vacuum Cleaner, citado el 10 de junio de 1955 en The New York Times).

Correo en cohetes

“Antes de que el hombre llegue a la Luna, el correo se entregará en cuestión de horas, desde Nueva York hasta Australia, a bordo de cohetes teledirigidos. Estamos en el umbral del ‘correo-cohete'” (Arthur Summerfield, director de la compañía postal estadounidense en 1959).

El coche volador

retro-auto-5982cc8db9a228e2f68e67f3589e298fEn toda película futurista que se precie, desde Blade Runner hasta Regreso al futuro, aparecen coches voladores. En realidad, no tendría por qué ser tan difícil. Tenemos coches, tenemos aviones… Y, sin embargo, el utilitario volador sigue ahí, en las películas. Las razones pueden ser varias: La mecánica sería realmente complicada, haría falta una infraestructura especial en las ciudades, los costes de combustible excederían las posibilidades de la inmensa mayoría de los bolsillos… En cualquier caso, algunos no se han rendido.

La magia de soñar. 

retro-super_chefLas predicciones populares del siglo XX no hubiesen sido posible sin el interés literario, del cine y la TV por esas ideas futuristas. Además articulaban con un mundo pos bélico que necesitaba esperanzas y un sistema político que requería dinero y respaldo para su carrera nuclear y espacial, mientras el capitalismo y comunismo se enfrentaban en una guerra sin armas.

El mundo tecnológico del presente prescinde de este ejercicio de imaginar el futuro, porque todo está tan próximo que ya nada nos sorprende. La tecnología reproduce la irrealidad con tanta fidelidad que todo parece posible.

Esas viejas imágenes del futuro imaginado parecen ridículas, pero hablan de sueños que nunca llegaron a ser palpables, solo alimentaron historias para nuestras múltiples pantallas.

 

Claudio Scabuzzo

@laterminalblog

Algunas referencias:
Http://elpais.com/diario/2010/12/17/tentaciones/1292613780_850215.html
https://archivoproyectosarquitectonicos.ua.es/index.php/proyecto-fin-carrera/proyecto-fin-carrera-2015-16/52-paleofuturo-marta-carrillo-javier-pastor
https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/paleofuturo-asi-imaginaban-en-el-siglo-xix-como-seria-nuestro-presente
http://www.20minutos.es/noticia/1327585/0/profecias/tecnologicas/fallidas/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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