Adiós a los coches convencionales.


Todo parece indicar que empieza la despedida de los motores de combustión interna para automóviles. La industria avanza sobre la alternativa de impulsores eléctricos acompañados de tecnología que fundará una nueva era en el transporte de personas y cosas. El mercado ya vende tímidamente algunos modelos, pero pronto los eléctricos dominarán el mundo.

La  mayoría de los automóviles de hoy son la evolución de los primeros prototipos con motores de combustión interna. En un momento de la historia prevaleció esta tecnología que hoy muchos detestan. En el camino quedaron otros desarrollos primigenios con impulsores a vapor y eléctricos.

De la gasolina a la electricidad.

El primer automóvil se presentó en 1769 y no usaba combustible fósil. El ingeniero Nicolás Cugnet construyó un vehículo movido por la fuerza del vapor, con tracción delantera y  tres ruedas.

En 1838 Robert Davidson presentó una locomotora eléctrica y en esos años Robert Anderson inventó el primer auto propulsado por baterías eléctricas no recargables, es decir, había que cambiarlas para seguir circulando. Esos desarrollos sucesivos fueron dotando a los vehículos de frenos, volante y caja de cambios. En 1870 Siegfried Marcus hizo funcionar un motor de combustión interna alimentado de gasolina y patentó el sistema de ignición de bajo voltaje.

Karl Benz construyó su primer modelo (el Benz Patent-Motorwagen) en 1885 en Mannheim, Alemania. Benz lo patentó el 29 de enero de 1886 y empezó a producirlo en 1888. Poco después, Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach, de Stuttgart, diseñaron su propio automóvil en 1889.

La despedida en varias fechas.

Nos separan desde ese génesis del automóvil 128 años de desarrollo constante en donde quedaron descartadas todas las alternativas que no fueran la de impulsarnos con el petróleo refinado.  Hubo, sin duda, un lobby enorme entre las petroleras y la industria del automóvil para que así suceda. Un negocio gigante que cubrió de olvido cualquier intención de crear otro sistema de impulsión de autos que rivalizara con la gasolina.

Pero en los últimos años el derrumbe del precio del petróleo por el “fracking” hizo que algo que estaba en extinción pareciera ahora inagotable. La conciencia ecológica también participó del desenlace.

Las críticas sobre los daños que las emisiones de los motores provocan en la naturaleza se transformaron en “políticamente correctas”, así que había que poner en la mesa algo distinto y cambiar la matriz de los motores que impulsan los millones de vehículos que recorren el mundo, que llenan de satisfacción a sus propietarios a costa de un deterioro en la calidad de vida.

El escándalo de las emisiones fraudulentas de Volkswagen y otras compañías en vehículos diésel cuya electrónica fraguada permitía adulterar las cifras de contaminación y las duras normas futuras sobre emisiones de carbono en Europa terminaron de lapidar el futuro de los motores térmicos y aceleran la transformación.

El gobierno de Francia anunció que dejará de vender coches a gasolina y diesel en 2040, poco después de resoluciones similares de Noruega y Países Bajos (2025). La caducidad de los motores diésel ya comenzó con la decisión de algunas automotrices de dejar de producirlos.

Si bien surgieron algunas marcas de coches eléctricos con gran prestigio en poco tiempo, como Tesla, las tradicionales que nacieron con los primeros autos avanzan en el nuevo desafío y ofrecen alternativas eléctricas de sus modelos emblemáticos. Todos se suben a esta tendencia que sepulta la tecnología de Benz y otros.

Volvo Cars, uno de los fabricantes más destacados del planeta, con matriz en Suecia pero controlada por la firma china Geely, anunció que en 2019 todos sus modelos se presentarán con un motor eléctrico, ya sea independiente o en combinación con otro de combustión interna. Es una decisión arriesgada para una compañía que vende actualmente el 50% de su producción con motores diésel, un impulsor cuestionado por su contaminación.

Habrá por muchos años motores a combustión interna que necesitarán gasolina más cara a medida que el parque automotor eléctrico crezca. Esos vehículos tendrán limitaciones para circular y controles tan exigentes que los transformaran en chatarra en los países desarrollados.  En la periferia del mundo, con menores recursos y falta de inversión para una nueva infraestructura “eléctrica”, veremos por un largo tiempo los caños de escape en autos obsoletos que deberán abastecerse de combustibles encarecidos, conducidos por soñadores en poseer un “eléctrico” moderno.

La era de los eléctricos ya comenzó.

En la última década, algunos fabricantes comenzaron a colocar motores térmicos y eléctricos en sus autos como un híbrido que serviría en la transición hacia el auto totalmente eléctrico.  Otros crearon productos inéditos y sorprendentes por su tecnología. Paralelamente las baterías mejoraron su desempeño para garantizar mayores distancias y en combinación con la robótica y la informática, dan nacimiento a una generación de automóviles que cada vez necesitarán menos del conductor.

Los fabricantes aseguran que en un futuro próximo los autos eléctricos no serán más caros que uno convencional y si bien resultan eficientes en el consumo de energía, el costo de “cargarlos” tanto en el hogar como en las estaciones de carga no será menor. Los países deberán proveerse de más energía que no siempre será limpia.

Invisibles en Argentina, por ahora.

Ruedan por algunos países desarrollados vehículos eléctricos o híbridos sorprendentes, que reciben beneficios impositivos y de circulación por su condición “verde”. En Argentina son casi desconocidos, con excepción de algunos pocos (muy pocos) de Toyota o Porsche que se vendieron en los últimos años a precios siderales.

Hay un puñado de pequeños emprendedores que anunciaron la fabricación de “citicars” eléctricos en el país, pero no fueron homologados para circular en la vía pública. Algunos se parecen a carros de golf y distan mucho del estilo y confort de los modelos emblemáticos foráneos.

De ese segmento es el Cero Electric que se fabricará desde el 2018 en una planta instalada en el Parque Industrial-Tecnológico ubicado en la ex Base Aérea de Morón. Veremos como lo trata el mercado.

La empresa china BYD informó que invertirá en Argentina para una planta de producción de ómnibus eléctricos. De concretarse sería la primera inversión para una producción en escala con esa tecnología en el país. Además en el norte argentinos se ubican una de las reservas de litio más importantes del mundo. El litio es el componente fundamental de las baterías que necesitarán los autos eléctricos y allí ya están operando multinacionales en la extracción.

Recientemente,  el gobierno argentino ha dispuesto beneficios impositivos para autos híbridos y eléctricos importados, por un cupo mínimo. Además anunció que instalará puestos de recarga en estaciones de servicio de la petrolera estatal YPF, aunque prácticamente no existan vehículos de ese tipo circulando.

La línea.

El mundo se impone y pronto la desarrollada industria automotriz del Mercosur tendrá que enfrentar el futuro sin gasolina en sus productos o transformarse en el reservorio de vehículos dinosaurios rechazados en otros puntos del planeta.

Tarde o temprano el paisaje se llenará con la convivencia entre vehículos eléctricos y a gasolina, dividiendo a los fanáticos y detractores con nuevos productos que contribuirán a crear otras grietas sociales. Quienes no lleguen a poseerlos, serán discriminados.

CLAUDIO SCABUZZO

@laterminalblog

 

Imágenes: WEB

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