Ráfagas de injusticia.


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Verano del 2018. La guerra continúa. Los Funes y Camino alternan sus víctimas de la venganza narco. Cualquiera puede ser el próximo, incluso quienes se crucen en su raid de sangre y balas. En los últimos años, cientos son los muertos de las clanes de la droga en Rosario, Argentina, unos treinta en estos tiempos. Con el poder del temor o la complicidad, allí están, armados hasta los dientes, recorriendo las mismas calles de todos los rosarinos garantizando su intocable negocio con las balas.

¿Sabéis cuál es la diferencia entre los ricos y los pobres? Los pobres venden droga para comprarse unas Nike mientras que los ricos venden Nikes para comprar droga. Frédéric Beigbeder

Al igual que Los Monos, los Bassi y los Medina, las familias y adherentes de los Funes y los Camino optaron por crear su propia ley para los negocios sucios. En sus territorios marginales, lejos de los impedimentos que la sociedad solventa para atacar el delito, pudieron crecer, armarse y comercializar drogas y bienes malhabidos, con absoluta seguridad. Aterrarando a vecinos y a la ciudad entera tienen la fidelidad de clientes que con sus adicciones y necesidades les dan fortuna e impunidad. Si los primeros tenían una red de complicidad político-policial que le brindaba la protección necesaria para sus negocios, no es descabellado pensar que los Funes y los Camino alimentaron la misma corrupción que les permitió desarrollarse.

narco2Una treintena de cadáveres acribillados a balazos hablan, desde su tumba, de un siniestro proceder mafioso. Otras víctimas circunstanciales pueden ser niños, madres o ancianos, pero no importa.

Los barrios Municipal, Tablada o Parque del Mercado están saturados de sangre y desconsuelo. Esas familias han sido señaladas por años por el peligro que representaban, pero el raquítico brazo de la ley no llega ni a inmutarlos. Quienes no tienen nada que ver, solo desean llegar vivos a sus casas y encerrarse. Esos barrios sencillos de gente que sueña superarse son el lugar preferido de los políticos para hacer rebotar las promesas que no cumplirán y poner en práctica planes sociales que no revierten los peligros y multiplica la desigualdad frente al cumplimiento de las leyes.

narco3Lo que sucede hoy en la opulenta y descontrolada ciudad no es un rebrote de las viejas disputas en torno a Los Monos, presos al fin, sino otra nueva guerra con innumerables aristas, aunque solo se intente centrarla en la venta de drogas, en la rivalidad de familias entongadas con el delito y en las zonas exclusivas que cada uno quiere ocupar. Los clanes compiten en muertos pero las balas rozan a una comunidad pacífica y estupefacta que no logra entender cómo llegaron a tanto.

El fútbol, con sus barras bravas protegidas por la política y los dirigentes deportivos, les permitió organizarse y conocer a quienes debían corromper. La violencia entre narco 4fanáticos del fútbol ya era un fenómeno hace varios años, que por negligencia nunca  pudo ser contenido. Desde las tribunas, adultos y adolescentes se sumaron a esas bandas armadas irracionales pero funcionales al negocio de la droga, la venta de vehículos robados y de botines que debían hacerse plata los más rápido posible. Los usaron para “el aguante” de políticos, la extorsión, el secuestro y las amenazas a cambio de permitirles hacer lo que quieran. No son anónimos delincuentes, sino viejos conocidos que la justicia tuvo en sus garras pero que no dudó en dejar libres. Al igual que la policía, los jueces no vieron la necesidad de cerrarles el paso hacia el delito. Sus abogados defensores encuentran muy fácil desarmar las endebles acusaciones surgidas de procedimientos desprolijos y así beneficiar a sus peligrosos clientes. Escaso valor tienen las víctimas, silenciadas con las balas, incluso aquellos que sufren el daño colateral por el solo hecho de pertenecer al vecindario.

narco6Las redes sociales muestran a los delincuentes rodeados de sus “fierros” asesinos, de sus autos caros y de sus vidas violentas. Usan la tecnología para mostrar libertad, poder y proclamas de guerra. Su universo es visible pero, extrañamente, inalcanzable para la ley y el orden. Onerosos funcionarios, legisladores y jueces se debaten en cuestiones y prejuicios que dilatan cualquier solución definitiva, desoyendo a la comunidad que los sustenta, aterrados por tanta impunidad.

Cuando la fruta podrida caiga por su propio peso, allí verán que hacer. Mientras tanto solo la suerte evitará que los inocentes sigan siendo el abono del terreno de batalla de estos monstruos.

Claudio Scabuzzo
@laterminalblog

 

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