El fraude de los OVNIs en Carcarañá.


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Con gran habilidad de escritor un parapsicólogo entrerriano, Gustavo Fernández, que produce un reconocido programa radial sobre OVNIs, ocultismo y fenómenos paranormales nos introduce en una historia increíble: el supuesto plato volador que cayó en Carcarañá, cerca de Rosario (Argentina) en el siglo 19, con un tripulante. ¿Pudo haber existido ese hecho? En un excelente relato nos cuenta lo que investigó. Otros hicieron lo mismo, como Fabio Zerpa y Antonio Las Heras. Pero no cayeron en cuenta de que todo era un fraude o una broma de fines de 1800.

En el sitio http://www.bolinfodecarlos.com.ar/091207_marte.htm me encuentro con el relato de Gustavo Fernández (realizador del programa radial  “Al filo de la realidad”)  titulado “El mundo subterráneo y el visitante de Marte”.

Puede leer el texto completo en el link señalado, pero este es un extracto. Tómese su tiempo, porque vale la pena.

gustavo fernandezUn poblado somnoliento de calles amplias y una pulcritud extraña para este país, durmiendo al sol de la siesta, es una buena definición, tan buena como cualquier otra, para Carcarañá, poblado de diez mil habitantes recostado sobre el río del mismo nombre. Una ciudad donde lo insólito saltara años atrás de las páginas de algún diario de la cercana gran ciudad de Rosario, denostado y denigrado después por toda la prensa autoconsiderada “seria” de la nación, pero persistiendo con encomio digno de mejor causa en aferrarse al lugar.

Túneles no tan misteriosos a la sazón, meteoritos habitados por cadáveres intergalácticos y la sempiterna, alegórica, uno estaría tentado a decir semiótica presencia de los OVNIs sobre esos bares…

“… Yo no sé hasta dónde va a seguir ese asunto… Imagínese que mi mujer y yo veníamos los fines de semana a matear en el rancho y resulta que ahora el camino de tierra se llena de autos y de los dos lados del alambrado la gente empieza a buscar con picos y palas… Es una fiebre ésa, la que se desató cuando lo del artículo de Acevedo en “La Capital”… Si seguimos así, Carcarañá se va a convertir en un solo agujero…”. Don Ricardo Vertí, propietario del campo –que según los antiguos mapas ocupa el lote 58, “ondulado y lleno de quebraditas”– se quejaba con una sonrisa por esa paz perturbada por los arqueólogos de fin de semana que se habían lanzado, desde 1978, a la búsqueda de un supuesto OVNI caído… en 1877.

Don Manuel Acevedo, casado, 73 años, es un veterano periodista de deportes que lleva más de treinta años escribiendo en “La Capital”, sobre goles, gambetas y tiros libres. Pero en 1967, cuando el diario decano de la prensa argentina cumplía un siglo de vida, le encargaron pegarle una revisada al archivo a fin de rescatar notas para hacer un suplemento.

Fue allí que le llamó la atención la nota publicada en octubre de 1877 bajo el título de:”Eureka! Eureka!”, y que hablaba de un “aerolito” descubierto por un químico francés en Carcarañá (o, mejor dicho, Carcarañá Este en aquél entonces, porque la localidad que hoy es Corres, se llamaba Carcarañá Oeste).

Le gustó tanto que se tomó el trabajo de copiarlo íntegramente a máquina. El artículo no se publicó pero diez años después, al leer en distintos medios que “en años anteriores a 1947 no se había hablado de los OVNIs”, se acordó del tema y planteó en el diario la publicación de aquél suceso, para desmentir lo que erróneamente se decía.

De platos voladores y seres extraterrestres

Con este título, La Capital del 27 de marzo de 1978 reflotó lo que había publicado el 13 de octubre de 1877. Un químico francés, llamado A. Servarg, en una carta enviada al diario, refería que había descubierto una roca negra de forma ovoide de 30 “varas” de largo por 45 de ancho.

Contaba que telegrafió entonces a un geólogo que se hallaba en ese momento en Córdoba y a otro colega (Mr. Paxton) para examinar juntos el extraordinario hallazgo. “Para analizar las distintas materias conchabamos a un peón argentino llamado Jesús Villegas.

Son notables a primera vista las rajaduras y asperezas de las cuales han debido desprenderse pedazos considerables; la masa entera está cubierta con cierto esmalte negro, desde tres hasta nueve y media pulgadas de espesor. El interior contiene 5 % de carbón al estado de grafito, sulfuro de hierro magnético; un carbonato de fierro (sic) el cual puede considerarse como una variedad de breu merite (?), sustancia ésta extremadamente escasa; silicio, talco, algunos minerales complexos (sic) que no se encuentran en la tierra, por ejemplo la Sheibirshite, que es un fósforo doble de fierro y níquel; clorhidrato de amoníaco, sal muy volátil, su presencia en el aerolito es una prueba que el estado candente de la superficie no ha durado largo tiempo y que el calor no ha penetrado hasta el interior de la masa y esto es concordante con la poca conductividad de su composición y, por fin, contenía cesium…”.

La descripción, minuciosa, sigue hasta lo inimaginable: relata que “la piedra era muy dura y de repente la mecha encontró un hueco y se hundió más de dos varas…”. Decidieron entonces contratar a otro peón (Pedro Cerro) para agrandar el agujero y poder entrar en el interior de la excavación. Lo lograron seis días después.

Servarg, Paxton y Davis se encontraron en una estancia que “medía dos varas y media en todos los sentidos” y encontraron “… una ánfora de metal blanco, mal trabajada, de plata y zinc, toda acribillada de agujeros y con dibujos extraños. La emoción nos cortaba las palabras…”. El asombro sigue: “Después de observar minuciosamente toda la estancia nos convencimos que tenía por piso una plancha, un cuadrado de dos varas.

Bajamos de nuevo a esta segunda cueva y descubrimos una galería rectangular, perforada en el granito y llena de estalagmitas calcáreas. En el centro se destacaba un cuerpo humano envuelto en un sudario calcáreo; era extendido como quien duerme y apenas medía vara y dos cuartas, su cabeza un tanto levantada, se perdían bajo una almohada de carbonato de cal… Igual que sus piernas…

Atacando el calcáreo con el ácido, pusimos al descubierto una momia muy bien conservada. Desgraciadamente no hemos podido sacar las piernas sin deteriorarlas; la cabeza ha salido casi intacta; no tiene cabellos, el cutis debía ser liso y sin barba, pero ahora es arrugado y parece cuero curtido; el cerebro es triangular, la cara aplastada, en vez de nariz tiene una trompa saliendo desde la frente, una boca muy pequeña con solo catorce dientes, dos órbitas de las cuales habían sacado los ojos, los brazos muy largos, cinco dedos, de los cuales el cuarto es mucho más corto que los demás, la estructura general es muy débil…”

vaca raptadaEl relato agrega que además de la tumba y su misterioso ocupante, había una pequeña chapa de plata con unos dibujos “como suelen hacerlos los niños, de un rinoceronte, una palma y el sol, y alrededor de este último, varias estrellas y hemos hallado muy aproximadamente a las que separan los planetas Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Neptuno (es extraño que no se mencione a Saturno y Urano) sólo el planeta Marte era mucho más grande que los otros.

Esta distinción acordada a Marte en daño a los demás planetas, ¿no nos demuestra con claridad el amor propio de sus habitantes? –reflexiona Servarg en la carta– agregando que “a nuestro parecer no hay duda que el aerolito es una ínfima porción del planeta llegado a la Tierra por voluntad del todopoderoso para enseñarnos que hay seres racionales en otros mundos”.

extraterrestre El final desafiaba: “El esqueleto del habitante planetario, el ánfora, así como la plancha de plata estarán exhibidos en valde (sic) durante mi permanencia en Carcarañá Este, en la casa de don Francisco Ringoni, frente a la estación central. El aerolito está a tres millas del norte de Carcarañá Este, cerca de la costa; es un paseo de una hora desde la estación para ir a verlo y volver…”.

Alberto Leingruber tiene 54 años. Su bisabuelo Albert, alemán nacido en Stütgart fue propietario, entre 1888 y 1890 del Hotel Franzini. Su padre Julio dejó grabado un casete donde cuenta: “Mi abuelo lo contó muchas veces. El estaba en el campo. Decía que se vino una bola de fuego, desde el pueblo, que se clavó en el suelo y produjo un fuego muy grande. Era una cosa roja. Él la vio en la costanera. ¿Qué hay ahora?. Hay un parque, el parque Sarmiento…”.

Es la otra punta de la duda. ¿A qué se refirió el químico Servarg cuando habló de un “paseo de una hora para ir y volver desde la estación”? ¿A un paseo a caballo o a pie? Si era a pie, bien podría tratarse del parque Sarmiento, también a orillas del Carcarañá y con las mismas onduladas características…

La búsqueda de los “arqueólogos de fin de semana” llevó, trece años atrás, al intendente de Carcarañá a poner un cartel en la zona más cuidada del parque: “Prohibidas las excavaciones”.

Hace unos años murió Cayetano Moriconi, quien alguna vez supo contar: “Mi finado padre me lo dijo hace una punta de tiempo. Calcule… yo tendría dieciséis años, allá por 1919, era un chiquilín… fue como una lluvia de fuego, que cayó por el lado del río. Mire, más o menos donde hoy está el campo de Mandolesi. Yo no me acuerdo de quién era ese campo antes.

rio carcaraña Un siglo después, las huellas reaparecen, aunque ya no quedan sobrevivientes. Fundado en 1870, el pueblo tendría, en aquél entonces, unos cien habitantes. Tal vez, ciento cincuenta. En 1886 una epidemia de cólera diezmó a la población. Según consta en las “Memorias de la fundación de las colonias suizas sobre el Ferrocarril Central Argentino”, escritas por Juan Meyer, un maestro suizo, y Luis Weihmüller, “los enfermos incurables y todavía vivos eran tomados por horquetas en la base del cuello y arrojados al crematorio improvisado” para evitarles sufrimientos e impedir la propagación de la contagiosa enfermedad.

En ese mismo relato, traducido del alemán al castellano por Walter Schmidlin (su hijo fue intendente de Carcarañá entre 1960 y 1973), consta la existencia de los hoteles Mageran y Franzini, lugares donde, según “La Capital” del 15 de octubre de 1877, se exhibieron los hallazgos de Servarg. Antoine Mageran, el francés propietario del hotel, llegó a Carcarañá en 1873 y se fue a Francia en 1892 con dos hijos y una hija jóvenes. Quizás no se fueron con las manos tan vacías, después de todo…

MAPA carcaraña Algunas otras anécdotas históricas pueden formar parte de este rompecabezas. Carcarañá, a pocos kilómetros de Rosario, fue algo así como “villa de descanso” de muchos rosarinos potentados en las primeras décadas de este siglo. Entre ellos, seguramente, muchos de los “capos mafiosos” de los años ’30, época en la cual, como sabemos, Rosario mereció con justicia el nombre de la “Chicago argentina” por las organizaciones delictivas que habían crecido en su seno.

Además, cuando en sus primeros tiempos el Ferrocarril Central Argentino tenía gran cuota de capitales franceses, Carcarañá era un “nudo” ferroviario y parada para pernoctar obligada para todos los pasajeros que viajaban hacia y desde Córdoba. En efecto, era necesario hacer allí cambio de trenes, pero no existía coordinación horaria con lo cual el viaje entre ambas ciudades exigía forzosamente una parada nocturna al punto tal que, durante varios años, el boleto de tren incluía la noche de alojamiento en uno de ambos hoteles, todo lo cual conformaba un panorama de bonanza económica para el entonces creciente pueblito. Miles de pasajeros viajaban entre ambas ciudades, lo que también se traducía en cifras millonarias de equipajes, encomiendas y transporte de cargas. Y eso significaba, creciendo a la sombra como hongos venenosos, robo y contrabando.

Era un día más de trabajo de nuestra gente y mientras algunos lo hacían en el túnel que los lugareños conocían como “del solar”, otros hacían lo propio en pleno centro de la ciudad, donde nuestras prospecciones nos permitieron acceder a otros segmentos de galerías subterráneas, uno de ellos, bajo una ya desaparecida confitería bailable, francamente gigantesco, de casi media manzana de ancho. Y aquí, en el sótano de lo que había sido la vivienda para huéspedes del primitivo administrador inglés de estos ferrocarriles, Thomas Thomas –cuanto menos, ése era el nombre que conserva la memoria colectiva– se rumoreaba que podía haber algo más.

Hombre singular, este Thomas. Pese a contar, según se sabe, sólo con el sueldo de funcionario ferroviario, su casa era una verdadera fortaleza y castillo. Sus dominios, arbolados y en las mejores tierras junto al río, se extendían por hectáreas, totalmente perimetrado por una imponente empalizada.

Se asegura que la grifería era de oro, y para mantener el microclima ideal tanto en verano como en invierno, las paredes estaban forradas en plomo. Precisamente, para apropiarse de todo aquello fue que, décadas atrás y abandonada a la suerte la construcción, fuera expoliada por los vecinos hasta los cimientos. Hoy, sólo ruinas dispersas señalan el lugar donde, quizás, un maniático británico de sueños mayestáticos quiso construir una utopía a la medida de sus delirios.

Más allá de los sueños de grandeza, la parte sombría del hombre no podía estar ausente de su huella: aquí, donde ahora descendí, estaban las mazmorras, las celdas subterráneas donde, cuentan algunos ancianos lugareños, Thomas encerraba a los sirvientes más díscolos, muchos de ellos descendientes de indígenas aculturalizados, para ser castigados o confinados y donde también, en tantas ocasiones como la vergüenza de la memoria histórica permitió olvidar, encontraban la muerte. Luego la noche, unas piedras atadas con cadenas a los tobillos y la cercana complicidad del río que todo lo oculta…

Es casi un secreto que la fortuna de Thomas fue producto del contrabando: no otra explicación –que arrojaría luces sobre las rápidas fortunas de muchos colonos que perecieron en las pestes anteriores, emigraron o, en algunos pocos casos, permanecieron en el lugar– tienen esos gigantescos recintos subterráneos, con túneles que los interconectan.

Una completa investigación sobre el particular de nuestra organización que próximamente saldrá a la luz demostrará que el movimiento comercial de almacenes y acopiadores de “frutos del país” (para usar un eufemismo propio de aquellas épocas) no justificaba semejantes depósitos subterráneos y que, de común, las mercaderías en tránsito legal (recordemos su importancia ferroviaria allá por las últimas décadas del siglo pasado) contaban con galpones asignados al aire libre.

Sé que a esta altura el lector, reprimiendo un bostezo, se preguntará: a fin de cuentas, ¿qué tiene que ver todo esto con los OVNIs y la Parapsicología?. Tiene que ver con dos aspectos que, si se quiere, son sumamente contradictorios (está bien, está bien no frunzan el ceño de esa manera; yo no tengo la culpa de que sea así la cosa): por un lado, salir al cruce de las versiones de los sempiternos ovnílogos, arqueólogos, parapsicólogos y “alter logos” de fin de semana, es decir, aquellos que gastan la onda “Viejo, llevame a Carcarañá que quiero hacer una investigación, llevame” (aunque no quiero aparecer como ineluctablemente machista, han sido mayoría de señoras que, con tarjeta de “doctoras”, “licenciadas” o “profesoras” en parapsicología, biopsicoenergética o energopsiradioetereología aparecieron por aquellos lares emitiendo sesudos juicios “de campo” desde la comodidad del aire acondicionado del automóvil estacionado a un costado de la ruta, en el sentido de que los túneles fueron hechos por “seres extraterrestres” o “enigmáticos habitantes de una civilización de la tierra hueca”.

Aunque no lo crean (lo que sería sólo problema de ustedes) yo he escuchado decir, a algunos trasnochados, que las marcas de los picos de los excavadores eran, en realidad, la evidencia de “una avanzada tecnología de trépanos gigantescos rotando” o (¡ay!) “descargas de rayos láser”. Tal lo delirado por algunos integrantes de una tal “Fundación Argos” que medrara por el lugar bajo la tutela espiritual de una Martha Pattini, “doctora” –según autopostula– en psicología (hum…), arqueología (je…) y ciencia extraterrestre (¡puaajj!…).

Pero, por otro lado, dispongamos estas cartas sobre la mesa:

a) Se dice que se habría hallado un objeto de origen astronómico, presuntamente “ocupado”, como viéramos, por esa “momia”.

b) Se informa, allá por 1880, de una aparente “lluvia meteorítica” –ya que no hay relación directa con el hallazgo de Servarg porque existiría un recuerdo fresco de esa “lluvia” en la región que el francés omite mencionar;

c) Es una zona riquísima en yacimientos paleontológicos y arqueológicos;

d) Profusión de túneles con origen histórico conocido y

e) Zona recurrente, en tiempos modernos, de apariciones OVNI (recordemos que lo que en el siglo pasado se conocía como Carcarañá Oeste es hoy la localidad de Correa, sobre la que volveremos enseguida.

¿Y qué significa todo esto? Pues que cumple con una de las pautas más interesantes –aunque aún resistida por los investigadores ortodoxos, quizás como inconsciente mecanismo de defensa ante las impresionantes implicancias– : los OVNIs parecen tener focos de apariciones reiteradas en zonas concomitantes con fenomenologías parapsicológicas o, mejor deberíamos decir, insolitológicas en general. Tomen el así conocido en la cronología ufológica como “caso Correa”, según fue oportunamente publicado en la desaparecida revista argentina “2001”:

El domingo 13 de octubre de 1968, Humberto Damiani, chacarero afincado desde 1955 en esa localidad, salió de su casa por el campo de ciento ochenta y tres hectáreas que arrienda a su propietario, de apellido Schmidlin (sí, el ex intendente de Carcarañá) y regresó. Media hora más tarde (sería las doce y treinta) su mujer le señala una camioneta detenida al frente y una persona que se acerca al lugar.

Damián sale y le pregunta qué deseaba y el desconocido –vestía un mameluco marrón (al igual que sus tres compañeros que aguardaban dentro del vehículo) con un cinturón de hebilla plateado– le pregunta por el camino de salida. El chacarero le indica, y los cuatro “extraños” –el término es de Damiani– parten. Al rato, Humberto pregunta a su mujer por dónde habían entrado y recibe una respuesta nada tranquilizadora: “Venían del fondo del campo”, responde ella…

Sí, del fondo, justamente allí donde fuertes alambradas de cinco hilos y una interminable hilera de postes impiden todo acceso al lugar; por delante de la casa no habían pasado, ya que su presencia hubiese sido delatada por los temibles perros que guardaban a la familia. Entonces, la pregunta flotó en el aire: ¿de dónde salieron?. ¿Cómo llegaron hasta allí?

Damiani se hizo estas preguntas justamente el día anterior al 14 de octubre, cuando su hermano Antonio descubrió “los extraños círculos” al fondo de la hacienda.

Al llegar al kilómetro 361 de la ruta nacional número 9, aparece Correa. Pequeña, alberga veinte mil habitantes, a pocos kilómetros de Carcarañá. Una plaza, un juzgado de paz, la comisaría y una municipalidad. Una vida normal, agricultura y ganadería, para una población que tiene en las fábricas de muebles, la cerámica y los ladrillos una forma de subsistencia y un motivo de orgullo.

A trece kilómetros de allí, siguiendo una ruta polvorienta que empalma con el camino a Carcarañá, Humberto Damiani y sus hermanos Rafael Antonio y Domingo siembran trigo, recogen la cosecha y, según ellos, “viven en paz con Dios”. Todo era así. En los años hasta entonces en que los Damián trabajaron el campo y miraron el amanecer, no encontraron nada extraño.

Sin embargo, ese año y bajo un sol ardiente, una cosecha exuberante y ciertas luces, rasantes, nocturnas, que el suegro de Damián confirmó haber visto algunas veces, las cosas comenzaron a cambiar. El 14 de octubre de 1968, Humberto hizo su vida de siempre. A las seis y treinta horas, apenas salido el sol se levantó y fue al corral.

Ordeñó una vaca, regresó, tomó su café con leche, y volvió al corral, largó al animal, fue hasta su casa, tomó un baño y llevó a sus hijos hasta el colegio Niño Jesús, de Carcarañá. Allí, como es su costumbre, hizo algunas diligencias desde las ocho hasta la hora de salida –las doce–. Luego, volvió a su casa. Allí se encontró con Rafael quien le habló de “cosas raras” que había visto en los fondos del campo, cuando buscaba un ternero extraviado. Nadie imaginó –menos su hermano– que ese día, horas más tarde, todo sería distinto. Por eso fueron allí.

hongos y anillos Fue el primer aviso de que algo extraño pasaba. Damián no dio mayor importancia al asunto. El gran círculo era visible desde cierta distancia.

En un primer momento le dije que podía ser alguna persona que entró a caballo, enlazó un vacuno y que, al girar, formó la circunferencia. Dije esto sin haber visto los círculos –aclara– fue así que después de almorzar fuimos a verlos. Cuando llegué al lugar, descubrí otros. En la circunferencia que bordea cada uno de ellos (la corona) crecían unos hongos gigantescos, de una especie desconocida en el lugar. Entonces reflexioné. Fue en ese momento que me dije: “Ahora creo en los OVNIs, esto no es cosa de vacunos. Y denuncié el hecho. Ahí comenzó todo”.

Contados y recontados, analizados los hongos y contraeencuestados los testigos, estas son las conclusiones:

1) El pasto no aparece “quemado” en toda la superficie de los círculos, sino sólo en sus bordes, de unos cincuenta centímetros de ancho, siendo esta medida igual para todos. En realidad, lo correcto sería decir que están deshidratados.

2) Existen en el campo de Damián, de Ansler y de López Roldán, 25 circunferencias perfectas, cuyos diámetros oscilan en los 5, 7, 9 y 12 metros.

3) Los hongos crecen solamente dentro de la franja de 50 centímetros, y son de un tamaño insólito. Algunos exceden los 40 centímetros de diámetro y los 30 cm de altura;

4) Dentro de la franja a los bordes, la tierra tenía un color azulado, como si existiese un extraño cultivo de hongos, con el fuerte olor de la variedad “bejín”.

5) No hay hongos de este tipo en ningún lugar del campo, no son de esta época ni de esta zona. Pertenecen a la variedad “calvatia lilacina”, el conocido “hongo esponja” (por ello más vale no divagar con supuestos “hongos extraterrestres”) pero de características tales que los hace suponer mutantes por acción, quizás, de alguna radiación de naturaleza desconocida.

6) La tierra, fuera de la franja de 50 centímetros y en todo el resto del campo, es absolutamente normal, negra y húmeda.

7) Cuando fueron descubiertos, el pasto crecía con fuerza y muy verde en las franjas de los bordes. Luego, a las 72 horas más o menos, igual que los hongos, comenzó a morir.

8 ) Se encontró un hongo, marcado por los Damiani 48 horas antes, que había crecido en dos días hasta alcanzar un diámetro de 17 centímetros por 10 de alto. Su tamaño original era un 80% menor.

9) Los mismos padecen una mutación biológica. Crecen enormes, deformados, con la superficie muy blanca y cuarteada, y a medida que se secan, o pudren, los bordes de las zonas cuarteadas toman un color achocolatado hasta terminar en marrón oscuro.

10) Los hormigueros, dentro de los bordes, están vacíos. El hormiguero conserva su forma, pero parece haber sido “evacuado”, dado que la tierra de los mismos está seca, polvorienta, y al removerlo no muestra ningún tipo de actividad.

11) Finalmente, distribuidas matemáticamente en el espesor de las franjas aparecen hendiduras de 9 centímetros de largo y 2 de profundidad, de ninguna manera marca de pezuñas de animales; y

12) No debemos olvidar, ciertamente, que toda esta gente de campo reconoció jamás haber observado fenómenos semejantes, lo que dada su larga experiencia excluye de plano cualquier explicación natural para estos hechos.

Y si es cierto que los hongos nacen y mueren a las 72 horas, es fácil deducir que los encontrados eran muy posteriores a los que con seguridad ya se habían reducido a polvo. En consecuencia, ¿cuándo fue el aterrizaje?. ¿Habría sido este lugar usado hace mucho tiempo como base de observación?

Nadie lo sabe, pero las suposiciones se agigantan. Si sumamos a los “extraños círculos venidos del cielo” –para emplear la expresión de un vecino- los misteriosos personajes que visitaron a Damián el día anterior al hallazgo, la siguiente pregunta, al menos por ahora, se torna irrespondible: ¿Quiénes eran? ¿Acaso habían sido “depositados”? ¿Están definitivamente “ellos” entre nosotros?

A esta altura, un relato tan bien logrado, puede convencernos de que estas cosas sucedieron, y que, además, son extraterrestres o paranormales, lo que prefiera. La historia puede contribuir a las leyendas populares, y aunque pongamos en evidencia su falsedad, posiblemente jamás dejen de transmitirse de boca en boca.

En el sitio http://www.otrasalternativas.com.ar/2006/10/ovni-cado-en-carcara.html se publica un artículo titulado “Ovni caído en Carcarañá “ escrito por otro conductor de programas radiales sobre el tema, Marcelo Quiroga. Allí recoge información que pone al descubierto el fraude de esta historia.

El primer indicio acerca de este suceso se remonta a la década del 70 cuando algunos investigadores de Buenos Aires recibieron un informe llegado desde Santa Fe.

De acuerdo con los datos recogidos se pudo deducir que el hallazgo de la noticia fue obra de Manuel Acevedo, periodista deportivo quien desde hace 25 años escribía en el diario La Capital de la ciudad de Rosario.

En la oportunidad de realizar un trabajo de investigación en antiguos archivos del periódico descubrió en el año 1967 un extraño artículo aparecido en la edición del 13 de Octubre de 1877 titulado Eureka! Eureka!.

Las “investigaciones”

Centro de Investigaciones y Estudios Históricos del Carcarañá (1978)

Luego de algunas disquisiciones en torno a la historia de la ciudad de Carcarañá el Centro de Investigaciones y Estudios Históricos del Carcarañá, primera entidad en recoger la noticia periodística arrojaba las siguientes conclusiones en un informe publicado en Cuarta Dimensión, habiendo participado Eduardo Airasca, Alberto Leingruber y Carlos Enrique Buschmann:

“Lógico es suponer que en las tertulias familiares los abuelos contaran a sus nietos las peripecias de sus primeros años en el nuevo “país” y que generación tras generación se fueran transmitiendo los detalles, ocurriendo análoga confidencia entre los nativos, muy amantes de los cuentos y narraciones. De ahí, que con el valioso aporte de estas descendencias, se pueda evaluar con elevado criterio si el caso del aerolito carcarañense fue verdad, misterio o fantasía. Se han realizados innumerables consultas, incluso con vecinos cuyo nacimiento se remonta a dos o tres lustros después de la fecha aludida por el documento, quienes a pesar de su longevidad, conservan amplia lucidez mental y por ende sus datos deben considerarse claros y específicos. Algunos manifiestan que han residido en las proximidades del sitio mencionado y en su mocedad recorrieron las cercanías del pueblo Carcarañá hasta el Fuerte Sancti Spíritu (distante un centenar de kilómetros en línea recta), por lo cual sus conocimientos de la zona son innegables. En general, para los entrevistados el tema es virtualmente desconocido, incluso muestran con orgullo las publicaciones que sus antepasados recibían de Suiza y Alemania y para las que oficiaban de corresponsales ad honorem, reseñando en permanentes envíos, los aconteceres de las colonias, en cuyas cercanías se levantaban estaciones y poblados.

Ninguna de esas ediciones habla del “curioso artefacto” hallado presuntamente en la costa del río, un día de octubre de 1877. Sin embargo, hay quienes afirman por otro lado que el “nono (abuelo) contó que una noche vio caer un objeto brillante rodeado de fuego hacia el lado del río, sin precisar fecha ni ubicación exacta”

Es posible deducir entonces que lo referido por las ediciones del 13 y 14 de octubre del citado año, entra en el terreno de lo anecdótico, con las siguientes conclusiones:

1) Pudo tratarse de un hecho verídico y posteriormente un fenómeno de características excepcionales provocó la desaparición de rastros y protagonistas.

2) En épocas no muy lejanas, un aerolito de los que comúnmente caen a la Tierra desde el espacio exterior, se hubiere estrellado en el lugar, previa fracción en innumerables trozos de gran tamaño, por su ingreso a la atmósfera, uno de los fragmentos cubrió una tumba indígena que dio lugar a la “momia” exhibida en el hotel Magerán.

3) Quizás los entusiastas descubridores hayan encontrado precisamente un sepulcro indígena. Cabe acotar que los naturales inhumaban a sus jefes y a los hijos de éstos que morían a corta edad en “catafalcos” construidos especialmente con métodos y materiales muy distintos a los utilizados en otras ceremonias fúnebres dentro de las mismas tribus y convertían en “bóveda” un orificio cavado en las pedregosas barrancas.

4) Si bien se asegura que las notas periodísticas sensacionalistas o fanáticas datan del siglo XX no es descartable que un adicto a las novelas de Julio Verne haya reseñado en un órgano regional, escenas descriptas por su libro favorito adaptándolas con circunstancias y personajes supuestos en la campiña santafecina.

5) Si es que fueron trasladados al pueblo, la momia, el ánfora y los restantes elementos extraídos del interior de la supuesta astronave, llamada OVNI, plato volador o ¿aerolito? ¿Dónde están y quién los tiene en su poder?

Por reiterativa que parezca no es despreciable la versión proporcionada por un caracterizado vecino de Carcarañá que declara haber escuchado de boca de uno de los ex propietarios del antiguo hotel sito frente a la estación, que ¡en el sótano había un esqueleto de mujer pequeña, dentro de un cántaro!

Siempre relacionado con el mismo tema, las investigaciones destinadas a esclarecer el por qué de tan enigmático escrito, no han progresado en absoluto. A lo ya citado, cabe preguntar ¿Existe alguien que conozca exactamente la verdad sobre el asunto?. ¿Es real lo de la exhibición en las fondas y hospedajes del pueblo y que fueron llevados a Rosario algunos pedazos de la piedra?

Sin pretender entrar en el terreno de las cosas infinitas, puede que debamos esperar otra centuria para develar estas incógnitas o quizás olvidarlas definitivamente ante la aparición de nuevos ciclos OVNI que por otra parte y vaya a saber ¿con qué motivos han reactivado la polémica del que serán?

Mientras tanto y luego de varios meses de la “semana del OVNI” como se dio en llamar a los días en que sólo se habló de un mismo motivo en Carcarañá, su zona y el país todo, continúan llegando a la privilegiada localidad aquellos que vienen a ver el lugar donde está o estaban la momia y la piedra y para completar la excursión se dirigen a un campo situado a 6 kilómetros en dirección NO donde en cierta oportunidad (1968) se observó un desmedido crecimiento de hongos, formando círculos de diversos tamaños, que dieron lugar a presumir un descenso de “naves desconocidas” aunque entendidos en botánica manifestaron que se traba un brote natural de hongos, un poco más grandes que lo normal, favorecido por las condiciones del terreno.

Con esta reseña tratamos de poner punto final a un hecho que conmocionó a la opinión pública, sin mostrar realmente el origen de su causa, como tantos otros sucesos relacionados con OVNI. Esperamos no tener que retornar algún día con fantásticas revelaciones que hoy resultan inconcebibles, pero como tantas otras, el paso de los años se encargó de develar. Carcarañá, 12 de Septiembre de 1978.

Grupo investigador de fenómenos espaciales de Cañada de Gómez (GIFE) (1978)

Grupo anexado a ONIFE dirigido por Fabio Zerpa con asiento en Cañada de Gómez interviene apoyando a su entidad madre en el rastreo de información en forma aparentemente bastante correcta, también colaboran asesores de ONIFE en Buenos Aires:

a) Sr. Vicente Jampson intendente Municipal, con 40 años de residencia desconoce cualquier referencia al caso y aún al artículo de La Capital.

b) Sra. Isabel Periset, 87 años, no puede aportar datos.

c) En el registro Civil, las dependencias Policiales y en los registros de la Iglesia no se obtienen datos sobre las personas actuantes en el caso.

d) Textualmente se afirma: “De los señores Charles Davis, John Paxton y A. Serarg se averiguó que retornaron a sus países de origen luego de su estancia en Argentina.

fabio zerpa Fabio Zerpa y periodistas de la revista “Siete Días” (1978)

Zerpa se trasladó a Carcarañá acompañado de periodistas de la revista Siete Días de Buenos Aires, dentro de las actividades desarrolladas se incluyeron las entrevistas con varios habitantes de la zona:

a) Alberto Leingruber, 21 años, afirma que su bisabuelo fue propietario del hotel Franzini entre 1888-1890, lugar donde se supone fueron depositados los objetos hallados y que le contó a su padre la caída de una “bola de fuego que se clavó en el suelo y produjo un fuego muy grande”

b) Cayetano Moriconi afirma que cuando tenía 16 años (1920 aproximadamente) su padre le contó que “cayó por el lado del río una lluvia de fuego”

c) Luis María Güemes: Su madre relataba el hallazgo de una gran piedra por parte de los ingleses cuando ella era pequeña (aproximadamente década del 20 ya que nació en 1928)

d) Juan Rosales: 66 años, no aporta detalles.

Antonio Las Heras (1981)

antonio las heras No hace más que plagiar los informes de Zerpa extractando las frases y elementos más convenientes.

Las conclusiones de los investigadores

1) Zerpa se refiere punto por punto a los elementos hallados

La piedra: El interior contiene grafito, sulfuro de hierro magnético, carbonato de magnesia e hierro, silicio, talco, clorhidrato de amoníaco (Cloruro de amonio NdA). Según Zerpa “son sustancias no propias de este planeta. La mayoría de los componentes se hallan involucrados en lo que llamamos Pautas de Comportamiento. ¿Pudo haber sido una nave extraterrestre? Sí, pero ¿dónde están sus restos y qué hacía una piedra de semejante constitución en su interior?. Claro que es posible pensar que esa piedra haya sido (por sí misma NdA) un resto de la nave, lo que resulta imposible de comprobar ante su actual inexistencia”

Ánfora: “De metal blanco y acribillada por pequeños agujeros. Estaba cubierta de inscripciones. Seguramente en una lengua desconocida pues no fue identificada por los eruditos que lograron el descubrimiento. La estancia (donde se hallaba la momia) tenía por piso una plancha de metal negro y oxidado. Aquí aparece el metal, resto quizás de la nave que buscamos”

Momia: Zerpa aclara que los integrantes del CIEHC afirman que indudablemente era indígena mientras que él argumenta que se trataría de una tipología humanoide hallada en el OVNI caído en Nuevo México.

Plancha de plata: Según el investigador el supuesto planeta Marte grabado con mayor tamaño implicaría dos cosas: a) Que el objeto provenía de ese planeta y b) Indicaría a Marte como eslabón o puente entre el sistema (solar NdA) de los desconocidos y nuestro planeta.

Pautas de Comportamiento: Definidas por Zerpa como coincidencias o patrones químicos-físicos-geológicos y tecnológicos que se repiten en el lugar de observaciones de OVNIs. Cita para este caso cables de alta tensión, campos anegadizos, la etimología de Carcarañá (cara de carancho y pájaro del diablo), leyendas locales. Además menciona al cesium indicando que no se llamó así hasta 1918 pues antes era conocido como pechblenda. Minerales: Magnesio, hierro, silicio establecidas como pautas muy repetidas.

2) Las Heras nos refiere los siguientes puntos de importancia:

a) Resulta evidente, frente a la descripción hecha por Serarg que se trata de un objeto que atravesó la atmósfera totalmente antes de ir a incrustarse en ese trozo de territorio argentino. El intenso color negro hace que “quede admitido que el objeto provenía del espacio”

b) Un objeto del tamaño descripto que se hubiera comportado como un meteoro de ninguna manera habría sido hallado en la superficie. Habría producido un gran cráter. Este peculiar objeto se bien rozó el aire elevando su temperatura más adelante realizó algunas maniobras que le permitieron dos cosas: No aumentar la temperatura a punto de quemar su interior y realizar un aterrizaje bastante amortiguado.

c) Considero que vistas las características del objeto no nos resulta difícil hoy llegar a la conclusión de que se trató de un aparato extraterrestre.

d) Un ánfora mal trabajada y acribillada con agujeros. A mi juicio era un satélite artificial o parte del recogido en el espacio por la extraña nave. Las perforaciones son debidas a los micro-meteoritos.

e) La criatura presentaba una trompa saliendo de la frente. Hace recordar a las leyendas de los Kappas (Japón) y a las estatuillas Dogon. Esta prominencia fue asociada siempre con una manguera para absorber aire almacenado en tanques que llevaban sobre sus espaldas.

f) El ser no estaba momificado sino hibernado, la presencia de estalagmitas bien podía deberse a un sistema de enfriamiento muy particular, quizás un método que permite poner a un ser en estado de letargo sin utilizar el frío (Sic!). Recordemos que en los refrigeradores se producen estalagmitas y estalactitas.

Críticas a estas últimas observaciones

1) Zerpa afirma que la piedra contenía sustancias que no son propias de este planeta sentencia que no resiste comentario alguno pues los minerales fueron identificados por los descubridores. La mayoría de los compuestos se hallarían incluidos en Pautas de Comportamiento o sea que es imposible que sean desconocidos. Concluye que la piedra puede ser un resto de una nave extraterrestre, ¿algo arriesgado no?

Para este investigador el ánfora poseía inscripciones desconocidas lo cual deduce exclusivamente del hecho que geólogos y químicos no la hayan identificado. Especulación tan insólita como suponer que el idioma japonés es una lengua extraterrestre porque un cirujano no la reconoció.

La momia según la descripción y los dichos de F. Zerpa encajaría en una tipología humanoide similar a la hallada en un OVNI accidentado en New México, algo evidentemente falso pues los elementos salientes, es decir la trompa y el cerebro triangular no se han descripto en ningún reporte del supuesto accidente.

De un dibujo en la chapa de plata deduce un origen indudablemente marciano o del espacio exterior lo cual cuando menos resulta una hipótesis “ligera”.

Finalmente otro error cometido por Zerpa fue el de señalar al Cesio como pechblenda e incluso tender un manto de misterio sobre su denominación en 1877. Realmente no es así pues el Cesio fue descubierto en 1860 por Fustov Kirchoff y se lo bautizó en latín Caesius que significa cielo azul debido a sus reflejos de ese color.

Mientras tanto la Pechblenda es la uraninita, óxido impuro de composición entre UO2 y U3O8, especialmente hallado en Zaire y Canadá principal fuente de Uranio.

2) Las Heras se refiere en todo momento al aerolito como nave extraterrestre especulando con sus movimientos de aterrizaje y sugiriendo que el ánfora (en la que como vimos se servía vino) fuera un resto de satélite artificial!. La momia no era ni más ni menos que un ser extraterrestre hibernado con o sin frío, con estalagmitas no frías o con hielo que debía derretirse con ácido mientras que se mantenía intacto con los 1000º Centígrados de la superficie de la roca según calculó el investigador por su negra pátina.

3) Testimonios de los testigos: La mayoría demuestran desconocer el caso por completo y algunos luego de insistentes preguntas de los investigadores creen recordar alguna vaga referencia a una “bola de fuego o lluvia de fuego que cayó cerca del río”. Este hecho sin embargo, parece situarse en una época mucho más actual (aproximadamente década del 20) de acuerdo con los relatos.

Por otro lado es lamentable que los encuestadores falseen la realidad en el caso de la supuesta averiguación del paradero de los descubridores diciendo que volvieron a sus países de origen pero sin aportar elemento alguno que lo apoye.

Conclusión general: Si bien ambos investigadores hacen un supuesto desarrollo de teorías parten de la premisa que el objeto era una nave extraterrestre y el ser una criatura del espacio exterior, intentando hacer coincidir, con poca suerte por cierto, los hechos con sus ideas. Sin embargo lograron en su momento convencer a muchos crédulos y crear una atmósfera de misterio en torno al suceso.

Los túneles y los sótanos

Fabio Zerpa y los periodistas de Siete Días logran implantar una nueva “línea” investigativa cuando los susodichos encararon el rastreo del subsuelo carcarañense partiendo de los dichos de la carta original de que los objetos hallados se exhibirían en la casa de Francisco Ringoni (Hasta la partida de Serarg) y de las acotaciones de la segunda carta en la que se aclaraba que también serían mostrados en los hoteles Magerán y Franzini. Aparentemente se guardaban en los sótanos.

Hacia allí se dirigieron los exploradores penetrando por algunos túneles (que comunicarían los antiguos sótanos) semiobstruidos por escombros aunque sin logran descubrir elemento de prueba alguno.

La verdad

Quién esto escribe hace 20 años que se considera investigador del fenómeno OVNI y no un detractor enfervorizado, sin embargo este caso Carcarañá ha colmado todas las posibilidades de ser cauto en su juicio.

Como habrán ido deduciendo en las críticas ya esbozaba una gran controversia con los supuestos investigadores. En esa oportunidad me refería exclusivamente a la deficiente metodología empleada y no al caso en sí. Aquí demostraré que todo el famoso caso Carcarañá es una burda patraña cimentada en hechos no reales y en una malintencionada actuación de los investigadores quienes quisieron seguir “explotando” el viejo negocio.

Vayamos paso por paso hacia el origen de este fraude.

En el año 1984 comencé a reunir material de revistas científicas (La Nature, Nature, L´Annee Scientifique, etc.) referencias que se hallaban en los libros de Charles Fort aludiendo a sucesos misteriosos. La mecánica empleada era simplemente tomar un volumen y fotocopiar el material relevante para posteriormente analizarlo y archivarlo. Enfrascado en esa apasionante tarea di por casualidad con un artículo cuyo título era el siguiente:

“Un canard scientifique de haut vol: L´habitant de Mars”. Al leer el lugar en que supuestamente había tenido su desarrollo el caso vi que era USA por lo que lo archivé entre la casuística extranjera. No reparé en él hasta el año 1990 cuando un libro de Robert Charroux “Archivos de otros Mundos” titulaba su página 341 con:

“Un marciano enterrado en los Estados Unidos” citando nada menos que el artículo de L´Annee Scientifique.

Sin perder tiempo localicé el recorte y al traducirlo minuciosamente descubrí un nombre que me resultó familiar: Paxton. Allí quedó demostrada la falsedad del caso Carcarañá. Con enorme sorpresa comprobé que exceptuando la ubicación geográfica el caso era EXACTAMENTE EL MISMO con la salvedad que había sido publicado más de 13 años antes que en el diario La Capital. Allí comprendí definitivamente que aunque el caso Carcarañá hubiera sido real jamás sucedió en Argentina.

Como ya en esa época era corresponsal de Strange Magazine (Maryland, USA) incluí esos hallazgos en un artículo sobre extrañas tipologías humanoides en Sudamérica.

La historia del famoso caso parecía terminada, sin embargo, desde ese momento hasta ahora he reunido algunos elementos más que dan forma a un fraude de características y alcances mucho mayores.

Primeramente localicé un recorte del diario Los Andes (Mendoza) de Julio de 1965 en el que un lector daba a conocer un artículo muy antiguo del diario El Constitucional (Mendoza) del 16 de Enero de 1878 en el que se relataba textualmente el supuesto hallazgo de Carcarañá aunque situándolo en América Central.

Unos años más tarde di con el último, hasta ahora, eslabón de esta cadena. Publicado por la revista Reporte OVNI (México) en Noviembre de 1994 aparece un recorte del diario El Defensor de la Constitución (Zacatecas, México) del 20 de Julio de 1878 el que reproduce textualmente el artículo de La Capital. La autora del informe de Reporte OVNI, Haydée Vázquez hace gala de un inconcebible desconocimiento de la geografía local suponiendo que Carcarañá es una ciudad mexicana. Así, remata su obra maestra de la prosa con la siguiente frase: “El cadáver del ser planetario aún se encontrará en algún museo cercano a Zacatecas ¿o se habrá perdido debido al desgaste por el paso del tiempo en algún lugar desconocido?”

Últimas consideraciones

Tenemos al menos cuatro versiones de esta historia:

Le Pays (Francia) 17-6-1874 Arrapahys (Pic James) USA

La Capital (Rosario) 13-10-1877 Carcarañá Argentina

El Defensor de la Constitución (Zacatecas) 20-7-1878 Carcarañá Argentina

El Constitucional (Mendoza) 16-1-1879 América Central

Indudablemente alguien se tomó el trabajo de hacer circular una historia falsa durante al menos 15 años o bien los redactores tenían predilección por plagiar a sus colegas de otras partes del mundo.

Esta larga reseña nos pone de manifiesto lo delicada que es una investigación de un supuesto caso OVNI. No es posible escribir artículos sensacionalistas con tan pocos escrúpulos máxime cuando el material está destinado a otros investigadores. Es tal vez más disculpable aunque claro está no justificable que lo lleve a cabo un inexperto periodista de un tabloide amarillista.

Sin dudas, este caso debe servir para hacer comprender a los investigadores que nunca el afán por la notoriedad y el beneficio económico pueden marchar por delante de la verdad. Es preferible no publicar sino se tienen elementos comprobados. Dejemos pues, esos casos controvertidos para el debate interno entre nuestros colegas e intentemos confrontando ideas y referencias acercarnos a su esclarecimiento.

Los ufólogos se sacan la careta entre ellos. Tenemos aquí un excelente escritor (Fernández) y un buen investigador (Quiroga), y una historia que despierta interés, y que permite largas charlas…

Aunque se esfuercen, la duda sobre la existencia de seres extratrerrestres que nos visitan persiste.

Claudio Scabuzzo
La Terminal
 
Fotos: WEB
 
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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. CACHOLACURDA dice:

    Ustedes no tienen la menor idea de lo que es estar frente a un ser llamado extraterrestre, se los puedo asegurar.

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    1. josema dice:

      vos tuviste la oportunidad?

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  2. FACUNDO dice:

    la ubicacion exacta del sitio cual es ?

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  3. CACHOLACURDA dice:

    YO SE DONDE ESTA LA MOMIA

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    1. Claudio Scabuzzo dice:

      Bueno, seria bueno que me dijeras donde, asi la conozco!… gracias

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  4. adrian dice:

    se dice cerebro! no celebro

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  5. bere y nemi dice:

    un ovni en cañada de gomez en la calle roldan mi primo vive a la vuelta cerca de uun kiosco por esa calle y me conto k el estaba con otros amigos pero sus amigos no l vieron.Me dijo k era un resplandor o como una luz fuerte. Un amigo me dijo k una señora le mostro fotos de vacas k le faltaban los celebros y los corazones y se la llevo un ovni. MI PRIMO EL K LO VIO TODO SE LLAMA NEHEMIAS ACEVEDO Y EL AMIGO WALTER ZARATE

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