Quemados.


qumadito
La foto revela la vida y costumbres de Maximiliano “el quemadito” Rodriguez, asesinado a quemarropa en una esquina de alto tránsito de Rosario, Corrientes y Pellegrini. El muerto y su padre, Sergio “Quemado” Rodriguez, estaban relacionados con el homicidio de tres militantes sociales a principios de 2012.  Esta familia, emparentada con el robo, la droga y el fútbol,  tiene el apodo y la fama de una estirpe heroica para quienes poco importa la vida. Son una parte, no tan pequeña, de un poderoso submundo que tiene atemorizado al resto de la sociedad.

El negocio piramidal de la droga tiñó de armas y violencia barriadas completas, zonas rojas de precarias casas de chapa y ladrillos de bloques, el lugar donde cosechan votos los punteros de todos los partidos. Allí se reparten planes, se prometen viviendas y trabajo, se ejercita a la mano de obra violenta de “barras bravas” del fútbol y de las tribunas políticas.

El crecimiento del delito se proyecta a toda la ciudad. Aquellos que vivimos en la legalidad cambiamos nuestros hábitos, nos encerramos, nos aseguramos con rejas y candados, desconfiamos y tememos, a veces sin sentido. Nunca imaginé que una serie de robos iban a cambiar mis costumbres y mi pensamiento para siempre. Por lo menos, sigo vivo.

qumadit2oLas fuerzas de seguridad, que debían protegerme,  encontraron en esas zonas “liberadas de la ley” el negocio paralelo del soborno. El diagnóstico nos habla de una enfermedad social de la cual parece no haber cura, solo palabras de humo de políticos que saben buscar responsables pero no soluciones.

Hoy, cuando Rosario acumula muertos por todos estos excesos, veo a los políticos acusar a sus opositores por esta realidad, como si nada tuvieran que ver los años pasados. Ninguno de ellos, kirchneristas o socialistas, cerraron sus actos políticos en medio de las villas de emergencia, ni  tienen funcionarios que viven allí,  ni escucharon con atención a las víctimas de los delitos que veían la impunidad de los delincuentes.  Muchos políticos son abogados y saben la fragilidad de la ley frente a la sangre, pero optaron por mirar para otro lado. Necios e hipócritas han ocupado puestos de decisión sin interesarles nada más que sus ingresos económicos y la posibilidad de acomodar a su familia en cargos públicos, completando el plantel de vagos de las oficinas del estado.

La droga que acelera la corrosión social llega desde afuera, atraviesa medio país para llegar a Santa Fe y aquí potencia su peligrosidad. No me creo lo de los “narcosocialistas” de Santa Fe, cuya ineficacia en el tema no está en discusión. Aquí hay responsabilidades mayores, la de una nación que tiene agujeros en sus fronteras y que no debate leyes acordes al enemigo que hay que enfrentar. El gobierno central tiene las fuerzas de seguridad adecuadas y el poder de decisión para enfrentar un delito de índole nacional, pero optó por manipular a la opinión pública con denuncias vacías para no protegerla del narcotráfico.

Claudio Scabuzzo

La Terminal

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